Escenario
Domingo 14 de Mayo de 2017

La rosarina Julia Solomonoff habla de la inmigración latina en su nuevo filme

La directora de cine radicada en Nueva York cuenta en exclusiva desde Estados Unidos cómo es "Nadie nos mira", la película que se estrenará el jueves en los cines rosarinos.

Un inmigrante argentino en Nueva York busca su identidad actoral en medio de los cruces culturales, sueña con el éxito pero está aislado y sufre sentirse invisible pese a que siempre hay una cámara filmando. Esto es lo que le ocurre a Nico, el protagonista de "Nadie nos mira", la película de la realizadora rosarina Julia Solomonoff, que se estrena el jueves en la Argentina. "Esa indiferencia base, ese «nadie me mira», es algo que los estadounidenses tienen como sociedad", dijo la directora desde Nueva York, en exclusiva para Escenario.

Con las actuaciones de Guillermo Pfening, que viene de ganar por esta película el premio a mejor actor en el Festival de Tribeca; Elena Roger, Rafael Ferro y Marco Antonio Caponi, el filme parte desde la ruta imposible de una historia de amor. Y es desde ese lugar donde todo el derrotero del personaje central toma sentido. Solomonoff, que reside en Estados Unidos gran parte del año dado que es docente en una cátedra de dirección cinematográfica en la Universidad de Nueva York, contó por qué le dio una mirada rosarina a la película y qué punto de contacto hay entre su historia personal y la del protagonista.

¿Por qué esta película?

—Es una historia muy observada y muy sentida. Tiene bastante de mi historia y muchas cosas que vi de cerca en amigos actores, en escritores, en gente que está acá como boyando también, que no se animan a volver porque sienten que volver es un fracaso, cuando no se dan cuenta que acá, en Estados Unidos, están sacrificando mucho su calidad de vida y su calidad creativa. Sobre todo los actores que terminan haciendo roles menores y estereotipados, para decir "estuve en la serie tal", pero quizá si estuvieran en la Argentina estarían haciendo personajes mucho más interesantes. Acá siempre van a hacer el inmigrante con acento y si sos rubio nunca vas a entrar en los roles de latino, porque buscan a los estereotipos de los latinos.

—¿Hay algo de tu historia en todo lo que le sucede a Nico, el personaje de Guillermo Pfening?

— Quizá no es ya mi mundo actual, porque hoy estoy en otro lugar, tengo hijos, soy profesora, tengo un poco más de estabilidad de la que tuve cuando vine al principio. Diría que en ese sentido la película es un retrato un poco viejo, porque uno nunca puede estar contando lo que vive al mismo tiempo, tenés que poder pasarlo, elaborarlo, digerirlo para poder convertirlo en una historia, que tampoco sea totalmente autobiográfica. No siento que Nico soy yo, es un personaje de la ficción, pero se nutre de observaciones, de vivencias, de sentimientos y experiencias, así que te diría que es como si fuera una foto mía de hace unos años.

—Todo eso contado desde una Nueva York un tanto atípica...

—Mirá, la película me sorprendió cómo fue recibida en Tribeca y siento que fue porque mostramos una Nueva York muy contada desde adentro. Yo me resistí mucho a hacer como la postal de la estatuita de la libertad, el Empire State y la Quinta Avenida. Eso nunca quise que estuviera en la película, porque el que vive la ciudad la vive distinta y este personaje, al tener una bicicleta, podía estar en distintos lugares. Pero no quería el cuadro enorme y espectacular, sino que era el cuadro cercano al personaje.

—La película tiene una mirada hacia el río, ¿qué guiño quisiste hacer en esas imágenes?

—Ahí, te digo la verdad, ahí me sale la rosarina total. Yo no me había dado cuenta, pero cuando la ve el editor Andrés Tambornino, que es de La Plata, me hizo ver que cada vez que el personaje necesita un poco de aire y espacio personal está frente al río, y eso es súper rosarino también, porque los porteños no tienen ese acceso al río. Una de las razones por la cual para mí es fácil vivir acá, es que yo vivo a tres cuadras del río. Estoy en Chelsea, al oeste, en calle 24 y 8, es como Midtown, entre la parte en donde está el centro, que es muy tranquilo, cerca del Village. Calculá que vivo en la avenida 8 y, a cuatro cuadras, en la avenida 12, está el río. O sea, cuando necesito aire voy donde me orienta mi cultura del Paraná, porque nací en Paraná pero crecí en Rosario, o sea a dos lados del mismo río, así que voy para el río. Y lo hice inconscientemente, pero en la película ves que personaje cada vez que necesita un poco de aire está mirando el río.

—El título "Nadie nos mira" alude a alguien que no lo miran ni como actor, ni como persona...

—Claro, él actuó para sobrevivir pero no había una cámara filmándolo, es su frustración como actor, él actuó muy bien, como mozo de un bar, como niñero, y pudo sobrevivir actuando de eso. A él no lo ven ni las cámaras de seguridad, por eso prueba todo el tiempo qué nivel de impunidad puede tener y prueba hacer un "fuck" con el dedo y no pasa nada, y puede robar en un supermercado muy explícitamente y no hay nadie. Hoy todas esas cámaras de seguridad impresionan en Nueva York.

—¿Es tan grave la vigilancia allá?

—Te cuento, yo tengo dos hijos, y el menor tiene ocho años, y un día me dice "vamos a caminar y hagamos un juego que hacemos con mis amigos, que es contar las cámaras de seguridad". Y yo me reí, porque cuando era chica contábamos autos rojos o cuántos Citr"en 3 CV o cuántos Fititos. Bueno, nos pusimos a contar, caminamos 30 cuadras y ¿sabés cuántas cámaras contamos?: 104. O sea, nadie tiene el tiempo de mirar 104 cámaras de seguridad, no hay miradas humanas ahí. En Nueva York no hay cajeras en los bancos, ni cameraman detrás de una cámara y me ocurrió hace poco cuando me hicieron una nota en CNN, que no había un periodista y casi ni había técnicos. Entonces ellos tienen esa idea de prescindir de la gente, y por eso se levanta el fascismo que se levanta, y parte de todo este odio hacia los inmigrantes tiene que ver con que mucha gente se ha hecho prescindible, pero eso no es problema de los inmigrantes, sino es por un capitalismo que prefiere una cámara en vez de una persona y un escáner a una cajera en un drugstore. De alguna manera el "Nadie nos mira" también es esto, es alguien que está cumpliendo un montón de papeles tratando de que lo vean actuar, pero no hay quién lo esté mirando, porque él está muy pendiente de una mirada, que es la de Martín (su productor y pareja) y si él tiene un motivo para no volver a su país es para hacer algo para impresionarlo, pero Martín está en otra cosa.

—¿Es también una mirada crítica hacia cierta superficialidad de algunos actores por ese deseo de alcanzar el éxito?

—No me interesa criticar al actor de televisión y enaltecer al actor de teatro, creo que cada uno hace lo que puede y es muy difícil el trabajo del actor, porque siempre estás muy pendiente de la mirada de los demás. Te diría que casi por eso decidí hablar de un actor, porque podría ser un escritor o un director de cine, pero elegí a un actor como personaje de mi película porque siento que es uno de los lugares en donde uno más depende de cómo es percibido. Y eso me ayudaba a hablar de su identidad como latino, como gay, como papá o no papá, como niñero, como actor conocido y como actor desconocido. El hecho de ser un actor me ponía muy en el tapete todo eso y me ayudaba a pensar todas esas cosas. El tiene una impunidad en una ciudad en donde no lo conoce nadie, hay una libertad que tiene en ese anonimato. La película tiene esas dos puntas: por un lado el personaje es más libre y por el otro está más solo, aislado, se siente totalmente anónimo y necesita la mirada de los otros. Y esa indiferencia base, ese nadie me mira, es algo que tienen ellos como sociedad, incluso entre ellos mismos.

—¿En Norteamérica es tangible en lo cotidiano ese "nadie me mira"?

—Mirá, te cuento algo y es importante contártelo, inclusive yo quise tener una escena así en la película y no la pude tener. A Guillermo Pfening le pasó estando en un subte, que él estaba mirando a una señora enfrente suyo con un nenito y ella le dijo "¿qué estás mirando?". Porque acá mirar es motivo de pelea, hay una especia de acuerdo tácito que no se mira a la gente a los ojos, es una cuestión de privacidad que es un poco raro para nosotros. Porque los argentinos estamos muy acostumbrados a mirarnos, es parte de nuestra manera de conocernos, de seducirnos o de intimidarnos también. No todas las miradas son de seducción y de buena onda, hay miradas muy represoras, por algo la idea del mal de ojo está tan arraigada en Latinoamérica, que viene de la idea de los conquistadores y los nativos que se sentían ojeados, puede ser una manera de reprimir. Pero en el caso de Nico, yo creo que hay eso de aceptar que no solamente los latinos son invisibles para esta cultura, y ven el mirarse y el tocarse como una especie de atropello a la intimidad.


"La grieta es casi un invento del macrismo"
julia.jpg
Solomonoff (centro), junto a Elena Roger y Guillermo Pfening.
Solomonoff (centro), junto a Elena Roger y Guillermo Pfening.

Julia Solomonoff no escapó a hablar de dos temas urgentes, tanto para la cultura como para la realidad social argentina: el apoyo al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) y la grieta política. "La grieta es casi un invento del macrismo", dijo Solomonoff, en la previa de su tercera película, que sucede a "El último verano de la boyita" y su debut con "Hermanas". "No estoy a favor de este gobierno argentino, pero tampoco voy a estar adhiriendo ciegamente a otras cosas. Yo me identifiqué con ciertos cambios sociales y legislativos del kirchnerismo, pero no sé si soy kirchnerista, yo lo que quiero es tener una posibilidad de debatir, de cuestionar y de adherir en lo que quiero y de no adherir en lo que no quiero y que eso no me convierta en un enemigo. Esta grieta, en realidad, es casi un invento del macrismo, una manera de generar odios y rechazos. No no sé si no hubo prácticas un poco prepotentes que hayan alimentado la idea de la grieta, pero también hubo mucha libertad, crecimiento y tolerancia durante el kirchnerismo", destacó Solomonoff. Y agregó: "Lo que sí siento es que se han avasallado derechos fundamentales en este último año y eso sí me parece que es grave. Esto ya no es ideología, a mí la ideología me interesa cada vez menos, pero creo que el ataque que se ha hecho sobre la cultura, la educación, la economía y el derecho al trabajo, ya no es una discusión en la que uno puede pensar 'yo opino así, vos opinás así'. No, hay ciertos derechos que se supone que una democracia tiene que garantizar".

La realizadora también sentó su posición firme al opinar sobre los motivos reales que explican el gran momento del cine argentino a nivel internacional. "El cine argentino está en un momento clave, pero primero de todo porque hay que defender el instituto de cine, porque ni Campanella, ni Szifron, ni Martel, ni Trapero, ni Lucía Puenzo ni Ana Katz, ni yo existiríamos si no hubiera habido un instituto de cine nacional que nos permitiese experimentar y formarnos", destacó quien hizo pública esa defensa junto a Pfening y Roger en el Festival de Tribeca (foto). Y remató: "Es un desastre que se esté cuestionando al Incaa, porque es autárquico y es una ley que no le saca dinero ni a un escuela, ni a un jubilado, ni a un hospital".

Comentarios