Escenario
Lunes 19 de Diciembre de 2016

La noche en la que el héroe de la guitarra se dio el gusto de llenar El Círculo

Joe Satriani demostró su virtuosismo en la presentación local de la gira "Surfing to Shockwave". Bonzo Morelli, en la previa

En abril John McLaughlin, en noviembre Slash con los Guns y ahora Joe Satriani, un verdadero héroe de la guitarra para cerrar un año ideal para los fanáticos de la viola eléctrica.

Aunque, en realidad, el show del virtuoso neoyorquino tuvo más que ver con aquel concierto del maestro del jazz rock, no sólo porque los dos tocaron en El Círculo sino porque ambos recitales fueron una especie de misa, de ritual y endiosamiento del instrumento de seis cuerdas, el primero desde el jazz y el segundo desde el rock. Canciones sin letras ni estribillos que relegan a las sombras los solos de viola, esa debilidad lírica que termina siendo un fastidio para los fanáticos de la eléctrica.

Desde el arranque mismo del show, con "Shockwave Supernova", que da título a su último álbum (2015), quedó marcado a fuego el sello que caracteriza a Satriani: melodía, riffs, atmósfera y técnica. Esto, claro, llevado a un plano magistral y al borde de lo sobrehumano.

Con su aparente simpleza y naturalidad, Satriani parece llegar de otra dimensión. Tal como lo muestra el video de intro al espectáculo. Un pelado con lentes negros curvos que parecen formar parte del rostro, con su habitual atuendo de jeans y remera negra, y una digitación supersónica.

También, con sus 60 años parece confirmar aquella teoría de que el tiempo no existe. Su imagen y su sonido, además del título de muchas de sus canciones instrumentales, suelen desprender cierto halo futurista, de ciencia ficción, con alusiones al espacio, los planetas de cristal y las máquinas del tiempo.

Satriani llegó a Rosario y, ciertamente, desbordó la capacidad del gran teatro de Laprida y Mendoza, para presentar su gira "Surfing to Shockwave", donde une los temas de su último disco con viejas glorias, sobre todo de los álbumes "The Extremist" (1992) y "Surfing With the Aliens" (1987), aunque la genial "If ICould Fly" (que originó una demanda por plagio de Satriani a Coldplay, por su tema "Viva la vida") pertenece al álbum "Is There love in Space" (2004).

Su versión en Rosario fue uno de los mejores momentos de la noche, donde sus limpias y vertiginosas digitaciones sobre una de los varios modelos de guitarra Ibanez dialogaron con las de su cómplice Mike Keneally, que además es tecladista.

Satriani salta de género en género, pero siempre se lo puede ver montado sobre el hard rock. Es, quizá, su vertiente natural. Además, en la base de su grupo cuenta con dos jóvenes moldeados al fuego heavy: Marco Minnemann en batería y Bryan Beller en bajo, ambos integrantes de The Aristocrats. Temas como "Ice 9" o "Crystal Planet" fueron los más definidos exponentes. Y también "On Peregrine Wings", una joya del último disco, con un groove marcado y adictivo.

Profe de guitarra de Kirk Hammett (Metallica) y Steve Vai, y a quien en el pasado solicitaron sus servicios Mick Jagger y Deep Purple, Satriani no se da un respiro sobre el escenario, aunque su cara acerada ni siquiera suda

Apenas un par de palabras de protocolo y otro par de entrega de protagonismo a sus laderos Minnemann con un solo de batería inolvidable y Keneally en los teclados.

En el medio de ambos solos "Crazy Joey", un breve y demoledor riff autorrefencial. Un tema antes, el adrenalínico "Summer Song", clásico de "The Extremists", acompañado por un video en sepia de autos chocadores con un Satriani de pelo largo.

También hubo tiempo para la experimental "God Is Crying", donde se divirtieron con sus sonidos de maquinitas, y varios clásicos más: la balada "Always With Me, Always With You", con sus tonos graves mortales; la acelerada e increíble "Satch Boogie", "Big Bad Moon", el único tema cantado y donde Joe también tocó la armónica, y un final rockero y efectivo: "Surfing with the Aliens", con video incluido de un guitar hero surfeando y persiguiendo extraterrestres.

Y en el escenario sus dedos surfeando el mástil de la guitarra como si fuera la tarea más sencilla de este planeta, pero ya está escrito, Satriani no es de este mundo.

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