Escenario
Domingo 12 de Marzo de 2017

La marca de un director inconfundible

Lo más acertado sería definirla como "cine en capítulos".

En el vertiginoso mundo del boom de las series, "The Young Pope" es un oasis donde uno puede bajar dos cambios, reflexionar, disfrutar y también quedar perplejo. Es más, "The Young Pope" no puede ser vista como una serie. Lo más acertado sería definirla como "cine en capítulos". Paolo Sorrentino no renuncia a su marca de cine de autor para adaptarse a la pantalla chica. Toda la profundidad y la belleza de su cine están ahí. Y también sus obsesiones: las imágenes oníricas que remiten a Fellini, los símbolos religiosos, las monjas, Maradona y el Napoli, la infancia, la hipocresía, las contradicciones y el humor ácido. El director de "La gran belleza" y "Juventud" se mete con temas espinosos (curas que no cumplen con el celibato, que espían y chantajean, que dudan de Dios, que roban, etc), pero no juzga ni condena, y mucho menos intenta hacer una especie de "House Of Cards" del Vaticano, como algunos señalaron. Sorrentino bucea en las vidas atormentadas de sus personajes, los expone con naturalidad en sus zonas oscuras y a la vez intenta comprender ese universo misterioso que se esconde detrás de las paredes del Vaticano. Jude Law y su mirada fría de ojos azules es su aliado esencial. El inglés se toma revancha después de papeles menores en el cine y acá brilla con la dirección del italiano. Y también está el enorme Silvio Orlando, que compone a un personaje inolvidable: un Secretario de Estado del Vaticano capaz de conspirar sin escrúpulos mientras se apasiona con el fútbol o se enamora platónicamente de una monja. Algunos críticos norteamericanos tildaron a "The Young Pope" de "pretenciosa". Dejemos que hablen. Son justamente las "pretensiones" de Sorrentino las que elevan a esta serie en una industria cada vez más demandante que tiende a estandarizarse.

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