Escenario
Lunes 03 de Abril de 2017

La ceremonia de los cuerpos desnudos en una puesta atípica

"La batalla de Parque España" rompió con los cánones clásicos en la explanada y en el teatro. Pero disfrutaron más los actores que el público

"La batalla del Parque España", obra rosarina ganadora de un concurso nacional, realizó el pasado sábado su única función, en el Centro Cultural Parque España y a sala llena.

La puesta, dirigida por Paula Manaker, Tania Scaglione y Federico Tomé, arrancó pasadas las seis de la tarde del sábado y con un clima agradable. La obra de teatro experimental, rompiendo con los cánones clásicos, se adueñó de la explanada del parque como primer escenario de la batalla. Una multitud se acercó a las vallas que delimitaban el territorio de enfrentamiento entre diversos grupos de actores, que se sumaban de a uno a escena.

En primer lugar llegaron los "viejos vinagres", quienes atemorizaron al público hasta que las "mujeres con mascotas" se hicieron presentes con sus perros. Cada grupo iba llegando desde diversos puntos del parque, completando el elenco los "runners", los "motoqueros", los "jóvenes bellos", los "gordos y altos". Los actores hicieron así su aparición triunfal, mostrando con destreza y coordinación que la expresión corporal sería la clave de la obra, donde cada participante llegó con su propio vestuario y sin la necesidad de ser actor de profesión.

Los grupos se distinguían claramente, corrían y alentaban a la pelea, al mismo tiempo que se entremezclaban y mimetizaban, para combatir juntos porque bien dice la frase "la unión hace la fuerza". La batalla fue épica, sin embargo no se comprendió muy bien por qué se daba el combate y un grupo musical podría haber avivado la escena, que por momentos quedaba en silencio.

Minutos antes de las siete de la tarde aparece Grete, la marioneta de diez metros de largo, con rostro de anciana y cuerpo de tejido vegetal. La aparición de la marioneta marcó un quiebre, ya que todos los grupos se espantaron y lucharon por igual contra ella. La marioneta se armó y desarmó varias veces de la mano de los manipuladores, que lograron un momento de impacto y sincronización de las partes y del todo, dando vida al cuerpo de Grete.

Siguiendo a la marioneta y a los actores, los espectadores ingresaron a la sala, todos juntos y cumpliendo con la propuesta de derribar ciertos conceptos clásicos de director, actor y espectador por separado. Ya dentro del auditorio del CCPE el coro estaba interpretando la obra, dando voz a la narración. "Porque es grande la batalla que vinieron a librar", cantaron y se acomodaron los casi cien actores en la sala, marioneta incluida.

Pero como si fuera un sacrificio, un joven actor desnudo irrumpe en la escena, para provocar a Grete y desaparecer dentro de la gran boca de la marioneta, que se lo traga y de la que sale luego un actor diferente (gran interpretación del actor y director teatral Ricardo Arias) como si fuera el mismo joven unos años mayor.

"Sangre en la ciudad", canta el coro que reaparece en escena en la segunda parte. "El río se vengó", es otra de las líneas de texto, y la guerra entre actores se vuelve casi brutal, quedando exhaustos entre los restos de la marioneta, como si todos a la vez fuesen conquistadores e indígenas en combate.

En la última escena (casi diez minutos de duración sin mucho sentido), se lució el poder de los cuerpos pero no así el poder de las ideas. Más de veinte actores en desnudo total, unos todavía luchando entre ellos a dúo y otros bailando en círculos como en un ritual pagano, dejaron el final abierto y con nuevas incógnitas: ¿La danza fue una redención, una nueva manera de luchar o la humanidad renaciendo? Preguntas que los cuerpos desnudos (con toda la liberación cultural que eso conlleva) no lograron responder ni dar con el sentido justo, en una obra donde disfrutaron más los que la hicieron que los espectadores.

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