Escenario
Sábado 02 de Septiembre de 2017

Karina K: "Quiero mover el corazón de la gente"

La actriz y cantante escribió y protagoniza "mamápunk", una "antiópera" que rescata la figura de Nina hagen, la rockera alemana que se convirtió en sinónimo de transgresión. La obra se presenta hoy en el teatro Lavardén.

Karina K es tal vez la artista más intensa y versátil del musical argentino. Se curtió en el under porteño, junto a grandes talentos, y a los 18 años quedó seleccionada para un pequeño papel en "Sugar", el famoso musical que protagonizó Susana Giménez en los 80. En su carrera combinó obras alternativas como "Antidivas" hasta puestas imponentes como "Cabaret" y "Víctor/Victoria". Fue Judy Garland (en "Al final del arcoiris"), Florence Foster Jenkins ("Souvenir"), Yiya Murano ("Yiya, el musical") y Niní Marshall ("Y... se nos fue redepente"). Este año la actriz y cantante se volvió a transformar para "MamáPunk", la antiópera (como ella la define) inspirada en la figura de Nina Hagen, la cantante alemana que causó sensación en la década del 80 con su estilo transgresor y su imagen excéntrica. Hagen fusionaba el punk con su voz operística, y se convirtió en una fuente de inspiración para todas, desde Madonna hasta Lady Gaga. Karina K adaptó al castellano las canciones de Nina para contar la historia de esta rara avis del rock, haciendo hincapié en su camino como activista en favor de la paz, el derecho de los animales y la protección del medio ambiente.

   Después de una temporada en el teatro Maipo de Buenos Aires, hoy "MamáPunk" llega a Rosario para presentarse, a las 22, en el teatro de la Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza). Sobre el escenario Karina K estará acompañada por la actriz Cynthia Manzi (con quien está casada desde 2015) y una banda formada por los músicos Tomás Rodríguez, Claudio Vidal y Fernando Seitz. En charla con Escenario, la artista que ideó y escribió el espectáculo habló sobre la vigencia y el poder del mensaje de Nina Hagen y también recordó sus comienzos en el under y en "Sugar". "Mi carrera es como una montaña rusa", aseguró.

   —¿Cómo nació este espectáculo? ¿Por qué elegiste rescatar la figura de Nina Hagen?

   —Nina Hagen fue una artista que me influenció desde la adolescencia. Una artista realmente rupturista. Fue una de las primeras cantantes en fusionar la ópera con el rock y los diversos estilos por los que atravesamos en este espectáculo: el reggae, el soul, el funk, el tecno y la música disco. Todo eso se da dentro de la lírica de esta gran artista. En el 2011 me encontré con la necesidad de poder contar algo sobre ella. En los años 80 compraba los vinilos de Nina Hagen. En este siglo, con la aparición de YouTube, empecé a reconectarme con ella, con lo nuevo, con su etapa más activista. Ella se transformó en una luchadora por el cuidado del medio ambiente y la toma de conciencia de la destrucción de los mares con las petroleras. Ella venía hablando de veganismo desde los 80, cuando se retiró a la India a estudiar cantos devocionales y a dedicar su fe al Shiva. En un momento vuelve a Occidente, deja ese período de abstracción, y aparece una Nina Hagen que sale del movimiento punk para entregarse al activismo. Ella siempre fue una pacifista, desde los 80, cuando había una gran tensión entre las grandes potencias. Incluso escribió una canción a la ONU para expresar su misión como artista de generar un cambio de revolución humana, de revolución interior. "MamáPunk" es atemporal como espectáculo y como reflejo del pensamiento, la ideología y la filosofía de vida de Nina Hagen. Ahora nos encontramos con un Donald Trump que quiere construir un muro con México, mientras que ella hablaba de derribar el muro de Berlín. También ahora hay una tensión entre Corea del Norte, Rusia y Estados Unidos con la amenaza nuclear, nuevamente. Y nosotros justamente cantamos temas donde Nina Hagen —en su traducción al castellano— dice que hay que cambiar este paradigma.

   —En una entrevista contaste que esta obra te llevó mucho tiempo de elaboración. ¿Por qué?

   —Porque yo no interpreto la vida de Nina Hagen, yo evoco la figura de Nina Hagen a través de sus canciones. Estuve seis años trabajando con Tomás Rodríguez, que es el director musical de este espectáculo. Imaginate que Nina Hagen tiene 40 años de trayectoria. Con Tomás nos devanamos los sesos para encontrar una síntesis. Y encontramos un relato interesante desde el comienzo más rebelde de Nina Hagen hasta la etapa más política, pasando por la etapa reflexiva, más religiosa y metafísica. Todas las canciones de "MamáPunk" son canciones emblemáticas de Nina, desde "A mi manera", en su particular versión, hasta el tema que le escribió a la ONU, "El mundo hoy", que paradójicamente lo compuso en 1983 y hoy sigue teniendo un mensaje actual. Yo creo que Nina Hagen me dictó el espectáculo (risas), para que sigamos abogando por un cambio de conciencia a nivel global.

   —¿Por qué definís "MamáPunk" como una antiópera?

   —Es un guiño. Nina Hagen es una mujer muy profunda y también muy humorista. Siempre ha mezclado en sus letras el humor, lo satírico y lo irónico. Este no es un espectáculo teatral-musical. No es un musical convencional, para nada. Dentro de este código contracultural de la personalidad de Nina y de su discurso, la antiópera tiene que ver con el virtuosismo que subyace en su voz y a la vez la denuncia, el grito, la protesta y el rock. Es una mezcla entre lo clásico y lo moderno, entre lo tecno y lo lírico. En escena tenemos una banda que se llama Shiva Galaxina. La banda está sobre el escenario, no a un costado o en un foso. El escenario se transforma en una fábrica de sonidos.

   —Los fans de Nina Hagen en los años 80 eran vistos como muy raros. ¿Vos también te sentías así extraña?

   —Sí, totalmente. Y la gente que viene a ver "MamáPunk" al Maipo se identifica con eso, y también con la parte más activista de Nina. Al estreno han venido artistas muy distintos entre sí, como León Gieco, Ale Sergi y Georgina Barbarossa, y todos se sintieron conmovidos. También estuvo Alejandra Radano (otra de las grandes figuras del musical argentino), que era fan de Nina Hagen en su momento. Y ella me decía sobre el espectáculo: "Esto es hacer resistencia. Frente a la situación cultural actual, frente a la desesperanza, esto es hacer resistencia y generar a través de este grito, y de esta artista, una toma de conciencia de dónde estamos parados los artistas hoy". Por eso yo siento que en esta obra hablo a través de Nina Hagen, porque coincido con su aspecto rupturista y de vanguardia.

   —Acá actuás con Cynthia Manzi, tu esposa. Es la primera vez que trabajan juntas. ¿Cómo resultó la experiencia? ¿Cuál es su personaje?

   —La experiencia realmente ha sido idílica y armoniosa. Cynthia es una actriz salteña que desde los seis años pisa los escenarios. Acá interpreta a Cosma Shiva, un personaje que es una deidad, una suerte de ser celestial, que cumple una función protectora con MamáPunk. Ella le genera situaciones a mi personaje terrenal para que recorra la lírica y la ideología de esta MamáPunk. Cynthia brilla en este espectáculo. La crítica la consideró la gran revelación. Hemos tenido tres nominaciones a los premios Hugo al teatro musical.

   —Cynthia tiene 29 años. ¿Creés que las nuevas generaciones conocen a Nina Hagen?

   —A nosotras nos pasó algo particular. Cynthia conoció a Nina Hagen a través de su ídola: Lady Gaga (risas). Y a mí también me encanta Lady Gaga, por supuesto. Lady Gaga dijo en varias entrevistas que Nina Hagen fue una influencia para su arte. Yo creo que Nina fue una influencia para todas las cantantes que vinieron después, desde Madonna hasta Cyndi Lauper.

   —Trabajaste en el under y en grandes escenarios de la calle Corrientes. ¿Cuál es el balance que hacés de tu carrera hasta ahora?

   —Mi carrera es como una montaña rusa. Trabajé en el Parakultural junto a Tino Tinto y a Batato Barea. He estado en los escenarios emblemáticos de los 80 del movimiento contracultural porteño, como Cemento, compartiendo escenario con las Gambas al Ajillo, Carlos Belloso y Alejandro Urdapilleta. Todo eso fue una escuela y un cimiento. Y después salté de repente a la calle Corrientes a hacer musicales de diversos géneros de la mano de Ricky Pashkus o Daniel Suárez Marzal. También estuve en el Teatro Colón de la mano del gran Oscar Aráiz. Yo tengo saltos muy grandes. Soy un personaje que tiene la posibilidad de adaptarse a los diferentes medios. Me siento muy afortunada porque creo que mi carrera refleja el eclecticismo de mi persona. Por eso también elegí a Nina Hagen, que es lo ecléctico por antonomasia, desde su música hasta su personalidad excéntrica.

   —Siempre interpretaste a mujeres fuertes y decididas: Judy Garland, Florence Foster Jenkins, Niní Marshall y ahora a Nina Hagen. ¿Vos también te considerás así?

   —Sí, no me queda otra (risas). Soy una mujer con ganas, todo el tiempo estoy proyectando. Siento que el arte es un medio para mi revolución interior. A través del arte yo quiero servir, o sanar, o dar ideas, o transmitir emociones. Quiero mover el corazón de la gente, esforzarme para iluminar algún lugar que esté oscurecido. Este es mi propósito.

   —¿Cómo recordás hoy tu paso por "Sugar", el musical que protagonizó Susana Giménez y que ahora volvió con Griselda Siciliani?

   —Fue una escuela, el ABC de la comedia musical. Recuerdo que tuvimos un coreógrafo de zapateo americano, Rob Barron, que estudió con Gene Kelly y Donald O'Connor. Imaginate que era como estar en Broadway. Aprendí mucho del rigor y de la disciplina de estos artistas. Yo tenía un papel muy chiquitito, pero hacía escenas con (Ricardo) Darín, con (Arturo) Puig y la tenía muy cerca a Susana. Ver el inmenso profesionalismo de estos artistas, que por algo llegaron donde llegaron, me marcó. Eran compañeros con un gran sentido del humor y disfrutaban mucho de la obra. Ahora estoy feliz de que "Sugar" se haya repuesto con un talento como el de Griselda Siciliani y con Federico D'Elía y Nicolás Cabré, que están fantásticos. Es una comedia deliciosa, que marca una nueva partida para el género.

   —Hoy "Sugar" es un éxito en Buenos Aires. ¿Creés que el musical es un género instalado en la Argentina o los éxitos son fenómenos aislados?

   —Yo creo que se está instalando a través de gestiones como las de Ricky Pashkus y Pablo Gorlero, al crear los premios Hugo al musical o espectáculos como "Primeras damas del musical" o "Señores del musical". Estos son grandes eventos que ellos han gestionado con mucho esfuerzo para poder capturar más público. A veces el público del musical se limita, y lo que quieren ellos es expandir un género muy complejo. Grandes directores y creativos del teatro, como Peter Brook, han dicho que uno de los géneros más complejos es el musical. Los artistas que venimos haciendo teatro musical desde hace años la remamos mucho, trabajamos y estudiamos continuamente. Con Cynthia (Manzi) tenemos un entrenador vocal, Nacho Mascardi, que es el mismo entrenador de Valeria Lynch. Si no fuera por este entrenador y por nuestra perseverancia no podríamos interpretar este material de Nina Hagen, que era una dotada que tenía cinco octavas de registro. Los que hacemos musical tenemos que estar todo el tiempo entrenándonos y enfocándonos en una disciplina tan rigurosa como la que exige este género.

De niña prodigio a estrella de los años ochenta

Catharina "Nina" Hagen nació en la República Democrática Alemana (RDA) en 1955. Tuvo un pasado marcado por el nazismo: sus abuelos fueron asesinados y su padre fue prisionero en un campo de concentración. Su madre fue una actriz en la Alemania comunista. Durante su infancia, falleció su padre y la madre conoció a quien fue su padrastro, un cantautor disidente de la RDA. La familia dejó el comunismo y cruzó el Muro rumbo a Alemania Federal. Nina aprendió ballet y canto desde muy pequeña, y llegó a ser considerada una niña prodigio por sus interpretaciones de ópera a tan temprana edad. En 1982 editó su primer disco como solista, "NunSexMonkRock", una disonante mezcla de punk, funk y ópera. Un año después grabó el álbum "Angstlos", mientras sus apariciones públicas generaban controversia y era frecuente que en sus discusiones incluyera temas relacionados con Dios y con su postura social y política. En 1985 lanzó el clásico "Nina Hagen In Ekstasy", que generó hits como "Universal Radio" y la versión punk de "A mi manera". Ese mismo año cantó en el festival Rock In Rio y también se presentó en Buenos Aires en la cancha de Vélez. Su último disco, titulado "Volksbeat", salió a la venta en 2011.

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