Escenario
Domingo 11 de Junio de 2017

Jugando a la tragedia argentina

Con texto y dirección de Roberto Stábile,"Me voy como quien se desangra" debutó en el Teatro Del Rayo

Juegan a cualquier y con cualquier cosa. Son chicos y se divierten juntos. Es lo mismo un autito que una revista, que caballos o un puente imaginarios. Pero eso que remite a un momento de esparcimiento infantil de repente se convierte en una multitud que enfrenta a la policía, en un represor que tortura a su víctima o en un final cruento de una historia mal contada. Mientras, cae un compañero, y otro, y otro. Y otro más. En ese sinfín de lamentos y bestiales anécdotas de la Argentina de los negros años 70, mezcladas con cándidas tardes de recreo, se dirime "Me voy como quien se desangra", una obra que se estrenó el 01 de junio en el Teatro del Rayo con texto y dirección de Roberto Stábile, y las actuaciones de Naum Said y Nazareno Torres, y que va hasta fin de mes en esa sala.

El director alerta haber escuchado la frase del título de la actriz Norma Aleandro cuando fue censurada por los militares en el poder, parafraseando al "Don Segundo Sombra" de Ricardo Güiraldes, y asociándola rápidamente a otras tragedias argentinas como destierro, miedo, persecución, torturas y muertes. Años más tarde, en 1994, escribió la obra gracias a una experiencia escolar de ensayo y error.

En su mansión, donde esgrime pila de juguetes, espléndidas meriendas y hasta una mucama, un niño rico recibe a un amiguito que no es de su misma condición social. Cuando la fantasía arrecia la diferencia no es tal, pero aparece cuando la realidad se afianza. Es esa amistad la plataforma sobre la que el director imprime un corrimiento temporal para recordar el pasado.

Y lo hace con excelentes recursos narrativos ya que es muy difícil determinar cuando los pibes juegan o en realidad son hombres que ya no juegan hace rato.

PASAN LOS AÑOS. En ese contexto los actores desarrollan un trabajo de gran esfuerzo y mejor actitud. Ambos son jóvenes pero aparece por allí la llama de aquello que será mientras con ímpetu, simpatía y vigor interpretan a quienes son chicos y serán, inevitablemente, horribles adultos.

Con el mandato artístico de "mantener viva la memoria"; con un visible y esforzado trabajo de preparación actoral; con dos intérpretes de gran presente y mejor futuro; un texto alegórico, rítmicamente fragmentario y a veces demasiado críptico; y con la extraña sensación que provoca la pendular organización de los actos enhebrando vivencias infantiles y adultas, "Me voy como quien se desangra" podría incluirse en un tipo de teatro testimonial, quizás autorreferencial, de profundas raíces históricas y metáforas de alto nivel de violencia. Aunque, expresadas por chicos, suenan a pasatiempo cuando no lo son. Y a lo mejor allí entonces resida en connivencia su mayor virtud y su peor defecto: la popularización de ese relato con la inocencia infantil como calzador o la banalización de la violencia convertida en una tarde de diversiones varias. Así, la última palabra la tiene el espectador, o mejor, el conocimiento y conciencia de los hechos acontecidos por parte de éste y su capacidad para reflexionar, ser él mismo un testimonio y decir nunca más.

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