Escenario
Sábado 20 de Mayo de 2017

Juana Molina asegura que "en Argentina falta crítica musical"

La cantante y compositora contó cómo nació "Halo", su nuevo disco, otro paso en su camino experimental que fue muy elogiado en Inglaterra y Estados Unidos. esta noche lo presenta en rosario

El nuevo disco de Juana Molina, "Halo", recibió todo tipo de elogios de críticos de Inglaterra y Estados Unidos. Es un fenómeno que todavía no se terminó de asimilar en la Argentina: el hecho de que Juana, sin ser una famosa mediática, es tal vez nuestra única estrella internacional actual en el cambiante mundo de la música. Desde que tomó la decisión crucial de dejar su exitosa carrera como actriz de televisión para dedicarse por entero a editar discos, el camino de Juana Molina fue siempre ascendente. Su particular estilo —definido entre el folk, la electrónica y la psicodelia— trascendió a nivel global a partir de 2004, cuando su álbum "Tres cosas" fue elegido como uno de los mejores del año por el "New York Times". Con ese status, la hija de la actriz Chunchuna Villafañe y el músico Horacio Molina siguió experimentando con los sonidos y actuó en grandes festivales como el Lollapalooza, Coachella y Glastonbury.

   Hoy la cantante y compositora regresa a Rosario para presentarse junto a su banda, a las 22, en el Galpón de la Música (Estévez Boero 980). Allí estrenará las canciones de "Halo", su séptimo disco, un trabajo marcado por los ritmos hipnóticos, la exploración tímbrica y las letras misteriosas e irónicas. En charla con Escenario, Juana Molina habló del proceso de grabación de este nuevo álbum y de sus persistentes inseguridades, que van más allá del reconocimiento de la crítica y el público.

   —A "Halo" lo grabaste en Texas, en un estudio en medio del desierto. ¿Por qué elegiste ese lugar?

   —A "Halo" primero lo estuve trabajando durante dos años en mi casa. Después apareció la posibilidad de grabar en ese estudio por medio de Eduardo Bergallo, que masterizó todos mis discos y ya había trabajado ahí. El me convenció de grabar ahí porque me dijo que había muchísimos instrumentos a disposición. Eso me interesó, porque los instrumentos siempre te dan ideas, en cambio la técnica por sí sola no.

   —Vos casi siempre grabaste en tu casa. Grabar en un estudio, ¿cambió la dinámica del disco?

   —No, cuando yo me pongo a trabajar puedo estar en cualquier lado, el entorno no me afecta. Lo que sí me gustó de ese lugar es que vos no tenías un horario determinado para grabar. Si se te ocurría algo a las tres de la mañana entrabas al estudio y lo grababas. Ahí también apareció un teclado que es como el original del que yo siempre uso. Yo uso unos teclados monofónicos desde hace muchos años, pero son hechos ahora o virtuales. Pero este era un monofónico original de los años 60, y tenía un peso en el sonido que era bastante distinto. Son instrumentos muy simples, con muy pocos botones, que son muy... no quiero usar la palabra "orgánico" porque me tiene podrida (risas)...pero tiene un sonido muy cálido, a eso me refiero. La verdad es que me arrepentí de no comprarme uno que estaba en venta ahí en el estudio. Cuando me decidí ya se había vendido (risas). Para mí ese instrumento era como un amigo que no había conocido. Ese creo que fue el aporte más importante para este disco, porque ese teclado está en casi todos los temas.

   —Me llamó la atención la letra de "Sin dones", donde vos cantás: "Si nacías sin el don de la belleza/si la gracia de bailar no te había sido dada/y si además cuando cantabas no afinabas/todas las otras cualidades se anulaban". ¿Qué inspiró esa canción? ¿Está basada en tu experiencia?

   —Sí (risas). Es un poco exagerado, porque a las experiencias hay que sublimarlas. Pero sí, yo siento que en mi vida hubo algo de eso. Y no sólo para mí. Todo mi entorno era juzgado bajo esos parámetros. Y uno termina creyendo que esa es la verdad sobre las cosas.

   —¿Ese tema fue una especie de catarsis?

   —No sé si hice esa catarsis todavía. Soy consciente, y cabe la posibilidad de que uno cambie, pero primero te tenés que dar cuenta. El camino es el cambio, pero son cosas que están muy arraigadas. Yo misma pensaba que si alguien nacía y no afinaba ya estaba frito. Pero después me di cuenta que el oído se educa. Nosotras (ella y su hermana) éramos afinadísimas porque teníamos a mis viejos que estaban con la música todo el día. Desde muy chica se me hizo el oído musical. Cuando mi hija nació yo pensé que había salido al padre (el artista plástico Federico Mayol) (risas), pero después empezó a ir a un colegio con mucha educación musical y me pusieron una tapa gigante, porque ahora ella canta bárbaro. Es todo cuestión de educación. Hay muy pocas personas que no pueden afinar. El 99% de la gente puede tener oído musical a través de la educación.

   —Lo que vos hacés es muy original. Pero cuando yo escucho tus discos siempre recuerdo a David Byrne, a Brian Eno y a Robert Fripp, en esos discos donde ellos se cruzaron en los años 70 y principios de los 80. ¿De qué manera te marcaron esos músicos?

   —De David Byrne y Brian Eno lo que más me gusta es el disco "My Life In The Bush Of Ghosts". Ese es un discazo. Lo descubrí en el 81 o el 82, cuando volví a Buenos Aires. Había un tema que tenía como una voz entrecortada que me fascinaba. Robert Fripp me marcó con King Crimson, porque él solo me parece más aburrido (risas). Los primeros discos de Crimson estaban en casa cuando yo era muy chica. Esos discos, el rock progresivo, era algo que realmente me transportaba, me iba de viaje. Escuchabas eso y era como ver una película. Con la mayoría de la música uno visualiza a los músicos tocando, pero los instrumentos son sólo herramientas que deberían desaparecer en la escucha de la música, porque no son ellos los protagonistas, sino lo que provocan con su sonido. Me resulta muy aburrido cuando alguien dice "uy, qué bueno ese bajo". Eso es como descomponer la música. Es como si en vez de comerte una porción de torta te dieran los huevos, la harina y el relleno y te tenés que comer todo por separado. Por suerte algunas cosas todavía me llegan como un impacto de pura música, donde no están ni los intérpretes, ni los discos ni nada. Eso sólo esa cosa mágica que sucede.

   —No es fácil encontrar una reseña de tu disco en los medios argentinos. Sin embargo hay varias reseñas en medios muy prestigiosos de EEUU y de Inglaterra, como The Guardian. ¿Creés que tu música es más comprendida o más valorada afuera que en la Argentina?

   —No sé. Tal vez las críticas acá todavía no salieron. Afuera es al revés. Ellos tienen el disco desde hace cuatro meses. Yo creo que hay gente acá que valora mucho lo que hago. Pero acá hay una falta de lenguaje, quizás, una falta de costumbre de hacer ese trabajo. Allá lo hacen de taquito. Y tienen mucho vocabulario musical. Me parece que acá muchas veces falta crítica musical. Hay buenos medios y buenos periodistas, pero en general te hablan mucho de la persona, de las letras, y falta la parte musical propiamente dicha. También falta la parte de lo que sienten al escuchar un disco. Hay una descripción y nada más. Si yo fuese crítica describiría lo que me pasa cuando lo oigo. Una vez, creo que en The Wire, escribieron una frase que me marcó como un tatuaje de felicidad para siempre. El crítico escribió: "Descubrir a Juana Molina fue como tomar un vaso de agua sin saber que tenía tanta sed". Me pareció tan lindo... Eso a mí me dice mucho más que cualquier otra cosa, porque va de emoción a emoción.

—En una entrevista reciente dijiste que te gustaría ser más libre y que a veces tenés pánico. ¿De dónde vienen esos temores?

   —Y, leé la letra de "Sin dones" (risas). Una educación así te da muchísimas inseguridades. Recuerdo cuando Diego Torres estaba en "La banda del Golden Rocket". El tocaba el piano en el programa, y abría las manos así, muy a lo Diego Torres. Mi papá siempre me decía: "Si yo tuviera el diez por ciento de la seguridad que tiene Diego Torres..." (risas). Como que nos daba envidia, era algo que nosotros no podíamos tener, la seguridad de los otros. Teníamos una especie de pudor de ser tan seguros. Algo así como: "No vaya a ser que piensen que me la creo". En los primeros shows que hacía, y también en los últimos, yo tenía terror de equivocarme y que la gente se diera cuenta. Y cuando me aconsejaban me tiraban ese concepto espantoso de "la gente no se da cuenta". Mentira. La gente se da cuenta de todo, pero en realidad no les importa, y a mí tampoco me importa cuando voy a un show. En los primeros shows que yo di creo que la gente sufría, y yo también sufría, pero era todo un mambo que pasaba por mi cabeza.

   —El baterista de Radiohead, Philip Selway, dijo que vos fuiste una inspiración para su carrera solista. ¿Sos consciente de que sos una referente para músicos nuevos?  

—Sí. Estoy viendo que muchos chicos me nombran como influencia. Eso es increíble. Ser grande y compartir lo que hacés con gente joven quiere decir que he triunfado en ser la niña que siempre fui. Yo siento que tengo un cuerpo que no se corresponde con mi manera de ser. Igual sé que cuando sea grande, mucho más grande que ahora, cuando diga que bajen la música, me van a tildar de "vieja de mierda" (risas).

"Me siguen tentando con la actuación"

En los años 90 Juana Molina se convirtió en un éxito en la televisión con "Juana y sus hermanas", pero después dejó de golpe la actuación para dedicarse de lleno a la música. "Me siguen tentando con proyectos para actuar. Todavía insisten", reconoció entre risas. "Pero cuando leo los guiones no me siento capaz de hacerlo. Me agarra una incomodidad", confesó. "Una vez Suar me había ofrecido un papel que me pareció genial. No recuerdo para qué programa era. Tenía que hacer de la hermana de él. Pero al final no arreglamos. Ese fue el único personaje que me dieron ganas de hacer", afirmó.

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