Escenario
Miércoles 07 de Junio de 2017

José Carreras trajo un show armado para todo público

El tenor incluyó canzonettas, algo de zarzuela, musicales y tangos, pero no cantó la sección de ópera que hizo en otros escenarios

Si bien, los limites son difusos, el "José Carreras A Life in Music Final World Tour" que recaló anteanoche en el teatro El Círculo, más que un recital lírico de tinte clásico fue armado como un "espectáculo", es decir una "función pública destinada a entretener".

Desde hace mucho tiempo José Carreras, integrante de "Los Tres Tenores", conoce este género híbrido compuesto por dosis pequeñas de ópera, mucho de canzonetta italiana, algo de zarzuela y toques de musicales de Broadway. Los puristas se quejan diciendo que desde el afamado concierto de 1990 de "Los Tres Tenores", el "pop" se impuso al "op" (ópera). En realidad, este género de show o espectáculo popular. para vender más entradas, tuvo que hacer concesiones en cuanto a repertorio se refiere. Los sajones, denominan a esta fusión híbrida como "crossover".

Pese a lo promocionado, el "Final World Tour" no hace un repaso por los cincuenta años de trayectoria en el mundo de la ópera de Carreras, salvo en las imágenes fijas de la pantalla led. Faltaron a la cita "Rodolfo", "Don Carlo", "Werther", "Andrea Chenier", "Don José", héroes líricos que se enfrentan a circunstancias excepcionales en medio de conflictos amatorios desgarrantes y para quienes Carreras aportaba tanto sensibilidad como expresividad. Claro, ese era el José Carreras de los 70 y los 80, el joven y elegante tenor que se disputaban los principales escenarios líricos del mundo, quien se consagró como el tenor del sonido lírico cálido y tierno.

Este "José Carreras, A Life in Music, Final World Tour" es un producto armado para gustar a un público variado, aunque la presentación junto al tenor de la soprano rosarina Jaquelina Livieri dio al concierto el toque de ópera necesario. La voz de la joven diva corrió sin problemas en el teatro El Circulo, eligiendo arias de gran dificultad y mucho lucimiento, "Jeu veux vivre", de "Romeo y Julieta" (Gounod) y "Je suis Titania", de Mignon (Thomas), lo que hizo las delicias de un público no habituado a concurrir a estos espectáculos, que aplaudió entusiasmado aún antes de que la cantante termine su aria. Otro ingrediente no habitual en los conciertos líricos y más afines con los recitales de música popular fueron los cientos de celulares que captaban todo lo que podían y seguro que esas imágenes viajaban en tiempo real a otros móviles de miles de amigos multiplicando así el goce del concierto..., algo impensado para el público de música clásica.

Carreras cantó muchas canzonettas, también al Gardel más lírico en "Lejana tierra mía" y "El día que me quieras", algo de zarzuela y musicales, y cerró con "Amigos para siempre", obra compuesta por Andrew Lloyd Webber para los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, uno de los éxitos populares del cantante. Se trata de un repertorio cómodo para un hombre de 70 años, que todavía remonta algún que otro agudo, lo que hace las delicias de un público que empieza a aplaudir sonoramente, levantarse, tirar flores y sacar millones de fotos con sus móviles.

A dúo

Carreras supo manejar su trayectoria con inteligencia: expresa la letra, infunde poder a las palabras y carga de matices sus interpretaciones, y eso lo mantiene vigente y donde gana la simpatía del público. El "Je te veux" de Erik Satie fue dicho con dulzura y hermosamente por José y Jaquelina, como un susurro de amor la letra: "Que mi cuerpo sea tuyo / que tus labios sean míos / que tu corazón sea mío...".

La orquesta, como en algún momento se dijo, no fue la Sinfónica provincial de Rosario, sino una agrupación formada para sus presentaciones en Argentina, dirigida por Daniel Giménez Carreras. La orquesta interpretó una serie de clásicos populares, acorde con el recorte pop del concierto y, realmente, fue una pena que el tenor no mantuviera en el repertorio la sección de ópera que incluyó en otras ciudades donde se presentó.

Punto negativo, para los organizadores de este show con teatro lleno, fue la tardanza en comenzar: media hora de atraso, pensando en el frio de la noche y la inseguridad reinante, fue un incordio. Claro está, nadie se hizo cargo de avisar al público o pedir disculpas.

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