Escenario
Domingo 12 de Julio de 2015

Intima y conmovedora

Una incalculable suma de objetos, muchos de los cuales seguramente portaron un fuerte valor simbólico y afectivo, tuvieron el triste destino de la humedad del encierro.  

Un depósito donde las cajas envuelven pedazos de la historia. Recuerdos posibles, secretos y olvidos encofrados, embalados con cinta, abrazados por una fría humedad que lleva más de tres décadas en la memoria colectiva de los argentinos.

   ¿Por dónde empezar cuando una obra de teatro nos moviliza tanto? La pregunta intentará encontrar alguna respuesta con algún grado de articulación, pero lo cierto es que durante cinco noches el subsuelo de Plataforma Lavardén reabrió sus puertas para que el teatro independiente local encuentre otro lugar posible. Y tuvo la grata decisión de hacerlo con “Carne de juguete”, una obra escrita y dirigida por Gustavo Guirado, que se involucra profundamente con la historia desde el costado más íntimo y desde el afecto más inmenso de las relaciones humanas.

   Sin la necesidad obvia de los manifiestos, la obra se introduce en un depósito que se detuvo en aquellas terribles 24 horas del otoño de 1982, cuando el gobierno militar utilizó el aparato mediático de entonces para una colecta que se destinaría al campo de batalla en el Atlántico Sur.

Una incalculable suma de objetos, muchos de los cuales seguramente portaron un fuerte valor simbólico y afectivo, tuvieron el triste destino de la humedad del encierro.

Ese paréntesis de la historia que arrastra la amargura de un conflicto bélico, la deplorable utilización mediática que incluyó alabanzas públicas a los miembros más conspicuos del poder de facto y la decisión política de sepultar en el olvido esas donaciones son revisitadas en “Carne de juguete” con todo el peso de una actualidad que vio pasar 33 años de un hecho que nos quedó atragantado, imposible de digerir.

Impecables. Sandra (Yanina Menelli) y Hugo (Roberto Stábile) hubieran sido nuera y suegro. Entre las cajas que tratan de ordenar y de las que no pueden desprenderse reaparecen ellos, la madre y el hijo combatiente, a través de un impecable trabajo interpretativo de Claudia Schujman y Federico De Battista.

   El plano de lo fantasmagórico se entremezcla con lo real. Aparecen deseos que no se cumplieron, amores extraviados, mimos, caricias, anécdotas, humor, sexo y dolor.

   Con una pequeña biografía que se detuvo cerca de la infancia los juguetes se mezclan con los besos de la primera novia, las letras de Spinetta y el tango de los padres. “Carne de juguete” es todo eso: una puesta teatral cargada de signos diseminados por todo el espacio donde el pasado cobra vida desde el interior los objetos, una precisa partitura de acciones y situaciones que se potencia cuando los cuatro personajes conviven en la escena enriqueciendo el ritmo altisonante de los intercambios, una metáfora de nuestra historia que se eleva justamente cuando no se hace referencia explícita al hecho histórico, un repaso por los tragos más indigestos de nuestro pasado colectivo para seguir comprendiendo el presente. Y por sobre todas las cosas, la obra entretiene, conmueve y nos enfrenta a la palabras de Roberto Juarroz: “El día que sin saberlo hacemos por última vez una cosa (...) probablemente la vida se detendría como un muñeco sin niño o sin resorte”.

   “Carne de juguete” se estrenó en el subsuelo de Plataforma Lavardén, para luego programarse en el circuito del teatro independiente local como una de las grandes apuestas del año.

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