Escenario
Miércoles 04 de Octubre de 2017

"Interpretar a Tita Merello es un salto en paracaídas absoluto"

La actriz Mercedes Funes contó cómo fue representar la vida pública y privada de uno de los íconos de la música popular.

Algunos episodios de la rica y extensa vida de la cantante y actriz Tita Merello llegan al cine mañana personificada por Mercedes Funes, en la película "Yo soy así, Tita de Buenos Aires", dirigida por Teresa Costantini, que además incluyó en el elenco a Esther Goris, Mario Pasik y Damián de Santo.

Costantini seleccionó a Funes, una actriz de larga trayectoria en televisión y unas pocas incursiones en el cine para componer a Tita Merello en el período que va desde su juventud hasta su consagración y premios a mediados de la década del 50, tras el golpe militar de 1955. En el filme, que tiene guión de la misma realizadora, Funes es acompañada por un elenco que incluye también a Ludovico di Santo que interpreta a Hugo del Carril, Andrea Pietra, Soledad Fandiño y Enrique Liporace, entre otros, en tanto que el rol de Luis Sandrini está a cargo de Damián de Santo.

Funes que es conocida por sus numerosos trabajos en la pantalla hogareña desde 1994, cuando apareció en "Nano", para luego seguir con "Cebollitas", "Padre coraje", "Muñeca brava" y "Esperanza mía", también en teatro con "Le prenom", y en cine en filmes como "Cautiva" y "Vecinos".

—¿Qué tan difícil fue componer a Tita Merello, una artista muy conocida para mucha gente?

—Una cosa es un personaje que uno interprete según lo tiene en un guión y otra es lo que uno debe interpretar de ese personaje, el que tiene qué poner una forma de moverse y de expresarse. Tita es uno de los personajes más entrañables y queridos de la Argentina, era un desafío muy grande. Pienso que un actor siempre tiene que entender lo que está haciendo. Si el actor no entiende lo que le pasa al personaje y qué es lo que quiere mostrar de él, saldrá un híbrido.

—¿Fue necesario acordar cómo debía ser?

—Sí. Hubo una decisión a tomar. Claramente la idea no era hacer una imitación de Tita. Además la película está contando la historia de dos Titas, la que se muestra en los escenarios y la privada que no conocemos ninguno de nosotros. La privada es la que como actriz me permite tomar esa decisión, desde qué lugar la abordo, cómo siente las cosas, cómo le duelen, cómo las expresa. Yo propongo una cosa y lo sostengo toda la película. Si alguien le gustó desde el minuto cero genial, si alguien lo fue comprando genial, y si alguien no le gustó, todo bien. Me pongo en función de un personaje pero no soy Tita Merello. Si bien la estudié mucho, lo mío fue buscar una empatía, y a partir de su vida pública tratar de encontrar la privada. Es una empatía pero nunca eso de dejarte poseer. Es un trabajo de actor.

—¿Dos Titas parecidas y diferentes a la vez?

—Hay algo que diferenciaba a Tita de sus personajes y es que en el cine ella siempre fue una madre y en la vida real no. Es muy interesante observar eso. Por eso traté de no quedarme con lo que le pasa en las películas sino de observarla. Eso es lo rico y lo divertido de interpretar a un personaje como éste.

—También una mujer de clase popular que devino estrella en un momento puntual de transformaciones en la Argentina...

—Lo que era marginal y precario en aquellos tiempos... Fue ir a una época en donde en general había hambre de crecimiento, una Argentina que estaba preparando una ebullición cultural y social y por eso muchos artistas que dejaron un gran sello son de esa época, como Enrique Santos Discépolo que también aparece en la película. Se necesitaba decir y expresar mucho.

—¿Qué clase de desafío es para vos?

—Interpretar a Tita Merello es un salto en paracaídas absoluto. No es sólo un personaje protagónico que lleva el hilo de la historia sino que es absoluto y súper complejo porque cuento distintas etapas de su vida. Fue acelerar en muy poco tiempo, y a mí los desafíos en todos los órdenes de la vida, me encantan. Sobre todo como actriz me gusta dar esos pasos que parecen ser a un vacío total. Respondo ante los riesgos, me despiertan. Traté de estar a la altura. No me tomé ningún momento de recreación y el rodaje fue muy intenso. En total le dediqué medio año a esta película. Como experiencia me valió muchísimo trabajar con una exigencia como esta.

—¿Creés que para el actor trabajar en televisión es un entrenamiento de primera?

—En televisión se hace todo un trabajo de puesta de luces, escenografías y otras cosas previo, y en un momento determinado te dicen "Bueno, vamos a grabar", así, sin ensayo. En esta televisión no nos queda más que reaccionar rápidamente frente a una escena y listo. Vos te tenés que subir a un auto en marcha: no lo van a detener para que te subas a una jornada de grabación intensa. Para trabajar así hay que ser un poco intrépido. Del teatro, la televisión y el cine, en el que más tiempo te dan es en el cine, que es a fin de cuentas el único de los tres cuyo registro queda para siempre.

—¿En este caso se tuvo en cuenta a la actriz y su personaje?

—Teresa (Costantini) es actriz y contempla mucho el rol del actor en el set. Esta película se filmó en diez semanas que para el cine es un montón. Hubo días enteros en los que Teresa filmaba una sola escena porque a todas las áreas se les dio su tiempo. Todo el mundo tuvo la sensación que se le dio el tiempo que necesitaba y eso en un equipo de trabajo es algo muy poco común. Eso en el resultado de la película se ve. Ya ví la película y en ese sentido creo que todo esto se nota.

—¿Qué fue lo mejor de componer este personaje?

—Me divertí mucho haciéndolo. Tuve que incorporar modos explosivos que son del personaje cuando no tengo nada que ver con eso. No sé si encontré dificultades, quizás lo que más me preocupó era cómo se mostraba el desarrollo del personaje en la historia, en la medida que pasan los años y al mismo tiempo tratar de mostrar cómo ella iba evolucionando en el escenario. Lo más difícil fue llegar a la Tita más madura, donde tuve que trabajar mucho más las sutilezas. La búsqueda era que el espectador viera que esta mujer está distinta.

—¿A qué conclusiones llegás ahora que ya la viste?

—Esta película es como una especie de noviazgo reciente. Siento que aprendí tanto... El lenguaje del cine para un actor es muy diferente, con la mirada y con los pensamientos. Uno piensa el personaje y lo que vos estás pensando se lee a través de tu mirada, todo lo demás es excesivo. Tita era un personaje eminentemente teatral más que cinematográfico, y para mí fue muy delicado caminar por esa frontera. Me hizo entender que cuánta más economía podía lograr, más ganaba. Cuando te expresás en teatro, estás manipulando el espacio para llegar incluso al de la última fila. El cine es otra cosa, es un lenguaje muy fino. Estoy en pleno idilio con el cine.

—¿Cómo es esa idea?

—En el teatro la verdad compra. Hay un tipo sentado en un rincón del escenario al que parece no pasarle nada pero sin embargo al espectador esa presencia le llega. El cine se mete en el alma del personaje. La cámara es la verdadera relatora de la historia y entender eso es muy importante.

Con Francella

Mercedes Funes estrenará en marzo en teatro "Perfectos desconocidos", dirigida por Guillermo Francella.

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