Escenario
Domingo 10 de Septiembre de 2017

Iñaki Urlezaga: "No recuerdo ningún momento del país que haya sido fácil"

El bailarín habló del regreso del ballet nacional danza, que el miércoles se presenta en Rosario después de un largo y conflictivo receso

Iñaki Urlezaga respira aliviado. La compañía que él dirige y en la cual es primer bailarín, el Ballet Nacional Danza, está volviendo a la actividad después de ocho meses de espera y conflicto. Y el regreso tendrá lugar en Rosario, el próximo miércoles, en el teatro El Círculo. El Ballet Nacional Danza es un proyecto ambicioso: está formado por 60 bailarines de distintas partes del país elegidos por audición, y nació en 2013 como una iniciativa del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, entonces a cargo de Alicia Kirchner. Con la llegada de Cambiemos al gobierno nacional el ballet se mantuvo, pero las cosas se complicaron a fines de 2016, cuando se decidió transferir la compañía del Ministerio de Desarrollo Social al de Cultura. Ese traspaso resultó eterno. Durante este año el ballet estuvo paralizado, los bailarines no cobraban sus sueldos y algunos tuvieron que volver a sus provincias. Finalmente, el conflicto se destrabó hace unas pocas semanas, y ahora el ballet está a punto de regresar a los escenarios.

"Estamos con muchas ganas y mucha ansiedad", dijo Iñaki Urlezaga en charla con Escenario, aunque también reconoció la "frustración" que le provocó "la burocracia". El Ballet Nacional Danza se presentará el miércoles próximo en El Círculo (en la 11ª función de la temporada de abono 2017) con "La Traviata", la famosa ópera de Giuseppe Verdi en versión para ballet. La coreografía y la dirección general son de Urlezaga, que estará acompañado por la primera bailarina Gabriela Alberti. Después, a fines de octubre, la compañía actuará en el teatro Coliseo de Buenos Aires.

Con una carrera brillante que empezó en 1991 y que lo llevó a ser primer bailarín en el Teatro Colón y en el Royal Ballet de Londres, Iñaki Urlezaga también está programando su retiro para fines de 2018. A los 41 años, el bailarín platense siente que "la balanza se va inclinando hacia otros proyectos" y afirmó que tiene ganas de "impulsar nuevos talentos".

—¿Cómo es este regreso de la compañía, después de un largo tiempo de impasse?

—Estamos con muchas ganas, mucha ansiedad y a la vez mucha felicidad. Lo vivimos como un renacimiento, después de tanto tiempo de espera, después de que algunos bailarines habían vuelto a sus provincias. Estábamos esperando que todo se rearme a partir del Ministerio de Cultura. Ahora la gente está muy contenta. Ya hace casi un mes que estamos trabajando nuevamente. Por suerte todo lo demás quedó atrás.

—¿Cómo se solucionó el conflicto?

—Cuando se terminó la burocracia, cuando se hizo todo el traspaso de un ministerio a otro. Los ministerios están bastante cerca. Uno está en 9 de julio y avenida Belgrano (el de Desarrollo Social) y el otro está en la avenida Alvear (el de Cultura). Aunque parezca mentira, esas 30 cuadras nos hicieron demorar estos ocho meses. La burocracia complica y entorpece las relaciones humanas por más que uno quiera hacer las cosas a tiempo. Hay un tiempo legal o burocrático que debería ser diferente, y uno espera que cambie en el futuro, para que el trabajo sea más dinámico y no se pierda tanto el tiempo y se sufra tanto desgaste. Pero bueno, al fin ya estamos de nuevo en carrera.

—¿En algún momento de este proceso te desanimaste?

—Yo no me desanimé, porque fui a trabajar al Ministerio de Cultura todas las semanas y veía cómo venía el proceso. Pero claro que uno siente frustración, porque uno quisiera que todo avance más rápido, con otros mecanismos más ágiles, que hagan que la calidad humana y artística no se resienta tanto. No teníamos fecha cierta de regreso, entonces era lógico que no se pudiera programar nada.

—Este ballet se creó en 2013. ¿Qué te llevó a aceptar el desafío de dirigir este proyecto?

—Cuando me lo ofrecieron, este proyecto me daba muchas posibilidades de ir por el interior y ver todo el talento que estaba disperso en la Argentina. También me dio la posibilidad de audicionar en el interior, y es muy infrecuente que un ballet vaya al interior a hacer audiciones públicas. Además me atrajo muchísimo el hecho de generar algo nuevo, porque uno lo puede ir encauzando como mejor le parezca. Es hermoso ver crecer algo nuevo y que vaya tomando forma. Eso es impagable: ver en los resultados diarios cómo uno va construyendo la realidad y se va moldeando un nuevo ballet. Todo el empeño que ha puesto tanta gente a lo largo del tiempo ha dado sus frutos. Este ballet existe, por ahí le falta tiempo para su consolidación, pero ahora está entrando en una etapa interesante como para trabajar artísticamente.

—¿Creés que el rol del Estado es fundamental en este tipo de iniciativas o también se podría encarar de forma privada?

—De forma absolutamente privada no, te soy sincero. Esta compañía tiene una estructura que sólo el Estado podría llegar a sostener, y también a profundizar como para que la calidad institucional y artística no decaiga. Para sostener instituciones fuertes hay que tener elencos de calidad, que artísticamente le devuelvan a la sociedad un reflejo y una mirada de cómo somos como país, de cómo nos proyectamos hacia el mundo y de lo que somos capaces de crear. Esa parte de la búsqueda, de la investigación artística para lograr un resultado, solamente lo puede propiciar el Estado. Una compañía privada va más al resultado comercial, y no está tanto en la vara del crecimiento artístico. Lo que les importa es que tienen que solventarse solos a fin de mes. El Estado tiene la función pública de dar buena calidad y que también cierren los números.

—Ya tenés planeado tu retiro para octubre del año que viene. ¿Cómo va a ser tu despedida de los escenarios?

—Creo que a partir del año que viene voy a empezar a despedirme, pero todavía no lo tengo cerrado. Estoy en tratativas para bailar en octubre del año que viene en el Colón, y seguramente será la última vez. Hay que ver, de todas formas siempre estoy de gira con la compañía.

—¿Cuándo decidiste tu retiro? ¿Fue algo muy meditado?

—Me parece que es más profundo que meditado. Uno lo va sintiendo día a día, se va inclinando la balanza hacia otros proyectos, hacia otras realidades. El hecho de estar a cargo de un ballet también me da la inquietud de querer ver gente nueva, gente joven, de impulsar nuevos talentos para que el público se encuentre con la sorpresa de las generaciones venideras. Se necesita sangre nueva para que la danza siga teniendo impulso.

—¿Alguna vez sentiste nostalgia por tus primeros años como bailarín?

—Siento nostalgia por los tiempos cuando no dirigía y cuando podía hacer tantas otras cosas, cuando la gente se ocupaba de mí y no al revés. A veces siento que ahora estoy para resolver urgencias de cosas que son para los demás. Cuando yo empecé a bailar estaba concentrado en mi danza, en mi forma de bailar. Ahora como director me la paso resolviendo problemas cotidianamente para que la gente tenga una mejor calidad de vida y un mejor trabajo. Estoy siempre pensando en los otros, y nunca en mí. Pero así es como corresponde cuando estás al frente de gente que necesita respuestas.

—¿Qué te ves haciendo después del retiro de los escenarios?

—A mí el retiro de los escenarios se me traspapela un poco con la dirección. Porque a mí no me tocó la dirección "después de" (el retiro). Bailé desde que dirijo, básicamente toda mi vida, y he coreografiado prácticamente desde que bailo. Es todo muy simultáneo. Sinceramente me ocupo muy poco de mí para poder dedicarle la mayor parte de mi tiempo a la gente. Y no lo digo como un acto heroico, sino como un hecho concreto de la realidad. Yo a la danza la vivo en su totalidad. Me la paso hablando con los escenógrafos para diseñar las escenografías y los trajes, hago la coreografía, preparo a los bailarines... Para mí la danza empieza con la primera charla creativa con el cuerpo de baile o con alguna fase de diseño hasta el último día en que estamos sacando la escenografía del teatro. Es muy raro, porque por lo general el bailarín no tiene esa vida, pero yo sí, tengo totalmente ensamblada una parte con la otra. Para mí la danza es todo eso. Y por ahí pasa la magia de mi fluidez. En todos esos aspectos yo me siento cómodo. He ido aprendiendo en cada etapa, me ido ejercitando y lo disfruto.

—Vos viviste muchos años afuera, en Londres. ¿Cómo ves a la Argentina hoy?

—Tratando de encauzarse en un nuevo gobierno, con otras políticas, con otra mirada. Es siempre una cuestión de seguir en la lucha. Desde que yo soy chico acá siempre cuesta salir adelante, con el gobierno que sea. No recuerdo ningún momento del país que haya sido fácil. Lo único que queda es hacer lo mejor que uno pueda desde el lugar que ocupa. Eso es lo que yo intento. Lo ideal sería salir de las políticas cortoplacistas y poder proyectar más a futuro. Los beneficios así serían mayores.

Comentarios