Cine | "Sin nada que perder"
Viernes 03 de Febrero de 2017

Honor y codicia en un western contemporáneo

El filme dirigido por David Mackenzie, que se exhibió en Cannes, aspira a cuatro premios Oscar, entre ellos el de mejor película y guión original.

Chris Pine, Ben Foster y Jeff Bridges protagonizan "Sin nada que perder", dirigida por David Mackenzie, uno de los estrenos de esta semana en Rosario y que, además, aspira a cuatro premios Oscar como mejor película, guión original, edición y actor secundario para Bridges. También fue candidato en las principales categorías en los Globos de Oro y se exhibió en el último festival de Cannes en la sección "Una cierta mirada".

Tanner (Ben Foster) y Toby Howard (Chris Pine) son dos hermanos que viven en el estado de Texas y que, tras la muerte de su madre, se proponen asaltar el mayor número de bancos de la zona en un breve período de tiempo. Pero ellos no son delincuentes profesionales, uno es un ex convicto y el otro es un padre divorciado con dos hijos.

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Su objetivo es reunir la cantidad de dinero necesaria para no perder la granja familiar que el banco les reclama por falta de pago, que es lo único que tienen y lo único por lo que han luchado toda la vida. Su plan es pagar al banco con la misma moneda y será una carrera contrarreloj porque los Rangers de Texas, con el veterano Marcus Hamilton (Jeff Bridges) a la cabeza, están pisándoles los talones.

La película es la novena obra del director británico David Mackenzie. Por detrás de la trama principal de los dos hermanos, según se adelanta en las notas de producción, se encuentran las corrientes que profundizan en la familia, la masculinidad, la lealtad y los ciclos históricos, y también la forma en que un nuevo mundo de codicia sin rostro está colisionando con el viejo oeste individualista.

Sobre este trabajo, declaró el cineasta: "Para mí, lo que hace que esta película sea tan emocionante es que hay una reflexión sobre temas de la vida norteamericana contemporánea: el racismo, las armas, los abusos de los bancos, la desaparición del viejo Oeste y de sus valores, la ruptura de las familias y la sociedad, la necesidad de hacer las cosas uno mismo".

Y remató: "Como extranjero, era un privilegio tratar de tomar una instantánea de la nación en este año electoral. Traté de hacer una película que se sintiera tan estadounidense como fuera posible y sentí la obligación de ser lo más respetuoso posible con el sentimiento del país".

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