Escenario
Domingo 09 de Julio de 2017

Heridas que no cierran y sangran todavía

En la sala La Escalera se monta "Sueño blanco en Pradera del ganso", que dirige Carlos Romagnoli.

Sobre un acantilado que mira a la Bahía del Ganso Verde dos soldados argentinos están de eterna imaginaria. Abajo, los invasores consolidan su posición de playa para librar la primera batalla de tierra de la Guerra de Las Malvinas. Tienen frío, hambre y sufren de alucinaciones, o no, y la mayoría de las veces no comprenden por qué están allí. La herida abierta en la estúpida confrontación de 1982 aún sangra y si no que lo digan Carlos Romagnoli, director y coautor, junto al también actor Juan Pablo Giordano, de "Sueño blanco en Pradera del Ganso", una obra emotiva, poética, intensa, con trazos oníricos, de un inusitado despliegue técnico, con buena composición de arte, que indigna como el mismo recuerdo de los muertos, que se estrenó el pasado 2 de junio en la sala La Escalera (9 de Julio 324) y que sube a su escenario los sábados de julio, a las 21:30.

Un soldado raso, interpretado por Nicolás Jaworski, y su superior, en la piel de Giordano, tratan de sobrellevar el inhóspito clima del Atlántico Sur cumpliendo con una orden explícita: vigilar sin perder de vista al enemigo. Ocultos en una hondonada que ellos mismos cavaron buscan respuestas a su calvario y la encuentran bajo el manto protector de la Patria. Con sus necesidades básicas insatisfechas, pendulan en una relación de amistad y autoridad. Y quizás sean, uno para el otro, el único y último eslabón de unión con su brusca realidad.

Pero cuando no están juntos, aparecen fantasmas de la historia o construcciones de sus propios pensamientos, convirtiendo a la obra en un delirio al borde de la psicosis. Dicha aparición, solemne y ruda, se erige así en un hallazgo de la trama propuesta debido a un juego de ensoñación y respeto.

Consolidación. Ayuda y mucho a la consolidación de la puesta el vestuario de Lorena Fenoglio pero más aún la escenografía, pensada y ejecutada por Romagnoli, que se vale de un escenario mecánico móvil para delimitar algunos actos.

Vale entonces el riesgo de montar semejante mecanismo escenográfico, de regresar al tema Malvinas, de volver a pensar y repensar la guerra, y de hacerlo con un texto propio. Y la forma que los hacedores de "Sueño blanco..." hallaron para hincar nuevamente el cuchillo en la memoria fue plantearse la posibilidad de que, 35 años después, aún esos soldados estén allí, hoy, cumpliendo con el mandato de defender el territorio argentino austral.

Todo lo demás corre por cuenta del espectador, extrañándose, compadeciéndose y emocionándose, ya que la obra logra calar hondo en el sentir de quienes, informados de los acontecimientos, esperan, a través del arte y en este caso del teatro, cerrar heridas que sangran todavía. Aunque resulte difícil digerir la guerra y ocultar el nudo en la garganta sabiendo que en Pradera del Ganso están enterrados los 47 soldados argentinos que murieron en esa batalla.

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