Escenario
Viernes 21 de Julio de 2017

"Hace años que probamos las mismas soluciones para los mismos problemas"

El humorista dijo que cuestiona a la clase política pero no es un "antipolíticos" y aseguró que de ninguna manera piensa en el retiro

Después de celebrar el año pasado las tres décadas de su clásico "Salsa criolla", Enrique Pinti vuelve al unipersonal con "Otra vez sopa", el nuevo espectáculo que presentará hoy, a las 21, en el Centro de Convenciones del City Center. Con su mirada ácida de los cambios vividos en nuestro país en los últimos tiempos, Pinti despliega su intenso humor político para enfocarse en las soluciones de siempre que jamás resuelven los problemas... y en algunos casos los empeoran. El humorista, que en octubre cumplirá 78 años, charló con Escenario y aseguró que él no es "antipolíticos", confesó que le tiene "pánico" al caos electoral actual y afirmó que no piensa en el retiro.

—¿De qué se trata "Otra vez sopa"? ¿Cómo nació la idea para este espectáculo?

—Mis títulos son muy reveladores, y "Otra vez sopa" lo dice todo. Creo que "Otra vez sopa" es la sensación que tengo yo, y que tiene el pueblo de acá y del mundo, de que cada tanto, y tal vez demasiado a menudo, nos hacen probar las mismas soluciones para los mismos problemas. Ahora hay toda una moda de decir que las personas que cuestionamos los resultados nefastos de la clase política somos antipolíticos, y eso es una tremenda falsedad, porque sin política no hay democracia, y sin democracia no hay vida. Por lo tanto la política y los políticos son imprescindibles, como es imprescindible que alguien te atienda bien en una repartición pública. Cuando alguien se queja porque lo atienden mal, no es que no quiere que haya reparticiones públicas, quiere que lo atiendan bien y nada más. Uno no está en contra de la política, porque si no sería un anarquista, lo cual no tiene nada de malo, pero no es mi caso. Yo no soy antipolítica porque la antipolítica siempre lleva a las dictaduras. En "Otra vez sopa" yo abordo el tema de las mismas soluciones que nos plantean, que vienen demostrando hace siglos que no son las que arreglan el problema. Es más, en muchos casos, son las que agravan el problema.

—¿Y cuáles serían los ejemplos concretos?

—Te voy a dar un ejemplo de tu provincia. Hace muchísimos años, en 1961 ó 1962, descubrí la escuela de cine experimental de Santa Fe, dirigida por Fernando Birri. En esas películas yo veía una realidad muy dura y me decía "la pucha", porque pasaba en una provincia pujante y riquísima como Santa Fe. Birri mostraba una realidad de pobreza que a mí me parecía que era de la India. Cuando yo vi "Los inundados" me preguntaba por qué no hacen algo para que esa gente no esté bajo el agua durante ocho meses al año. Y ya en ese documental se hablaba de las promesas incumplidas de los gobiernos de aquella época: represas que no se hacían u obras que hacían de manera fraudulenta, con presupuestos inflados, y a la segunda lluvia se iba todo otra vez a la mierda. Otra película de Birri que me conmovió fue "Tire dié", que mostraba a los chicos corriendo al lado de las vías del tren, poniendo en peligro sus vidas, para que les tiraran diez centavos desde las ventanillas. Pasa el tiempo, pasó medio siglo, y ves que sigue habiendo inundaciones en Santa Fe. Entonces, ¿cómo no voy a hacer "Otra vez sopa"? Y ni hablar de lo que pasa en Chaco o en Formosa...

—Este año electoral es un lío: peronistas divididos por todos lados, radicales desparramados, el gobierno que da marcha y contramarcha. ¿Lo ves como un momento especialmente caótico?

—Muy caótico. Y yo le tengo pánico a estos caos. El problema es que a la gente no le cierran las cuentas. Yo entiendo lo de la pesada herencia, pero vos no le podés explicar a 20 millones de personas que van a tener que esperar cómo mínimo tres ó cuatro años, porque una semana ya es un problema para la gente a la que no le alcanza. Yo quiero que la política nos representa alguna vez, y que no represente a sectores, que no represente intereses, que no sea un "Bailando por un sueño", donde lo único que importa son las vanidades y quién gana el concurso. Igual el mundo está tan mal que lo nuestro queda reducido a un sainete. Pero nosotros vivimos acá, y tenemos que estar escuchando los discursos en inglés del presidente contra la pobreza, como si no pasara nada, como si estuviese en la presentación de un recital.

—En las últimas elecciones votaste en blanco. ¿Te frustra votar en blanco? ¿Qué te genera?

—Sí, me frustra. Y lo dije y me trajo muchos problemas. Alfredo Casero se enojó muchísimo conmigo. Dijo que yo era un tarado, un culo chato, que no se puede decir «voy a votar en blanco» porque eso significa lavarse las manos, y que yo nunca dije nada cuando estaban los kirchneristas. Eso es mentira. Yo dije de todo cuando estaban los kirchneristas, lo que pasa es que yo hablo solamente en mis espectáculos. Yo no tengo Internet, no tengo Facebook, no tengo una mierda. La gente hoy está acostumbrada a que se tira un pedo y lo pone en un tuit (risas). Alfredo jamás vino a ver un espectáculo mío, entonces cree que yo en la época de los Kirchner no dije nada. No es así. Pero al no tener Twitter y apretar el botón mágico que viraliza todo, entonces pocos se enteraron.

—¿Qué te impulsa a los 77 años a subirte a un escenario, a seguir en carrera?

—Yo creo que la inactividad produce la muerte acelerada. Si tiene que venir que venga, pero que venga y me sorprenda. Yo no la voy a esperar sentado en mi casa. En cuanto uno deja de moverse la máquina se anquilosa y la memoria se va al carajo. Para mí seguir trabajando es un gusto personal.

—¿Fantaseaste alguna vez con el retiro?

—No, nunca. Para dejar de trabajar tendría que tener una enfermedad muy complicada, o me lo tendría que prohibir un médico. De otra manera no, en absoluto.

La "injusticia" del cine y la televisión

Pinti siempre brilló en el teatro, pero el cine y la televisión no estuvieron muy presentes en su larga carrera. "Si ahora me citan a las siete de la mañana para grabar en Polka y me tienen esperando como once horas no llego con el físico", dijo entre risas. "Ya se me pasó el arroz, como dicen los españoles", agregó. Sin embargo confesó: "Durante años consideré una injusticia que no me llamaran. Además di pruebas de hacerlo bien. La gente en la calle se acuerda de mi trabajo en «Perdido por perdido», con Ricardo Darín, o de «Esperando la carroza». Creo que los directores de casting piensan que no soy un buen actor, están muy metidos en la televisión y no salen de sus oficinas", afirmó.


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