Escenario
Jueves 22 de Junio de 2017

"Estos libros son un viaje hacia mí mismo, que todavía estoy haciendo"

El director rosarino repasa con humor su historia y sus pasiones, entre las que el teatro ocupa un lugar central desde hace 58 años

"De alguna manera me representan, me cuentan", afirmó Lauro Campos sobre "La verdad bien contada. Recuerdos y mitos de un pasado familiar surrealista" y "¡Andá a contar el Ulises!", dos volúmenes en los que la realidad se fusiona con la ficción, el humor, el drama y la tragedia. Se trata del séptimo y octavo libro de narrativa de este autor, actor y director que cumplió 58 años con el teatro rosarino. Los presentará hoy, a las 19.30, en Cultural de Abajo (Entre Ríos 579).

—¿Por qué publicás estas obras en este momento?

—Porque soy loco... En una época en que la gente no tiene plata, pero ¡qué para libros... para comer!... No sé... Pero se están vendiendo... Yo mismo lo digo con asombro (risas). La editorial se entusiasmó porque de alguna manera me representan, me cuentan. Estos libros son un viaje hacia mí mismo que todavía estoy haciendo. Yo escribía el "Ulises" mientras hacía "Lauro cuenta Andrónico". Era otro personaje que me tenía loco, pero como para escribirlo con humor. Está escrito con humor y con tragedia. La verdad es que también surgió la posibilidad de poner en el papel "La verdad bien mentida", que era una novela que tenía escrita desde hace mucho y que no quería editar mientras viviera mi madre. Estaba muy grande y, aunque era muy inteligente, no le hubiera hecho bien recordar estas cosas. Es una novela muy apasionada y creo que me pinta como soy yo, con muchas contradicciones, con muchos remordimientos pero también con muchas libertades. De alguna manera las dos son iguales.

—"Mentir la verdad" también tiene una conexión con el teatro...

—Exactamente. En el teatro, además nosotros, que hemos hecho teatro mintiendo, no te olvides que hemos hecho muchas comedias, y muy en el estilo inglés, donde el juego es lo que prevalece. Yo me he largado a experimentar con Stanislavski, con otros métodos, pero el sistema inglés es el que hemos seguido en nuestra interpretación y ese es el que han aprendido tantos con nosotros, Christian Valci, Manuel Cansino, mi hija, mi mujer que estudió conmigo esto. En nuestra primera y única ida anterior a Londres estuvimos un día en el Teatro Nacional para ver de qué manera lo hacían y la verdad es que siempre se llegaba a esta cosa que tiene este sistema teatral que es la esquizofrenia de alguna manera (risas) porque mientras el actor va actuando se está mirando y está viendo cómo está mintiendo. En "Downton Abbey" hay una parte en la que Maggie Smith da una definición de la nobleza o la clase alta, pero en realidad es una definición del sistema de actuación que tienen ellos. Dice "nosotros no comprometemos nunca nuestra emoción, pero conocemos perfectamente lo que es el compromiso con la emoción". Está diciendo exactamente lo que hacen para actuar. Conocer lo que tienen que transmitir, pero no comprometerse.

—Decías que el "Ulises" es tu viaje. ¿En qué te identificaste con ese personaje?

—Había una admiración infantil, esto de no poder ser nunca ese héroe que hacía Kirk Douglas en el cine, esta admiración que a veces uno siente por compañeros que son altos, o fuertes y audaces o que tienen aventuras. Yo he sido muy tímido, he tenido muchas trabas, y el teatro me ha salvado de muchas cosas. Pero después, cuando leí "La Odisea" me hizo mucha gracia las desventuras de este pobre hombre. Y ahí me las tomé en joda y dije, si es igual a mí finalmente (risas) ¿Por qué no voy a poder ser yo ese tipo si yo soy el antihéroe?

EM_DASHEl valiente o el aventurero no necesita de arquetipos...

—Para nada, además mete la pata, le es infiel a su mujer, justifica cosas. A mí me pareció formidable adentrarme en esa historia con todo el humor del mundo y también con toda la tragedia mediterránea pesando sobre mí. Yo soy así, contradictorio, soy buena persona, pero soy muy contradictorio porque vengo de una tierra de tragedia. Creo que todos, gringos y españoles, griegos y judíos, somos iguales.

—¿Hubo parte de tu carrera que fue una odisea, con cantos de sirena incluidos?

—Y sí, pero está bien ¿quién no hace a La Odisea? Es maravilloso además atravesar mares y no escuchar cantos de sirena. Y esto tiene su valor, es maravilloso aunque uno tenga que luchar mucho para retornar a lo mejor de sí mismo.

—En 58 años de teatro ¿cuál fue tu mayor satisfacción y la mayor frustración?

—Yo he hecho muchos éxitos, pero he hecho unos fracasos realmente notables, de esos grosos (risas) Cuando fue el Mundial del 78, todos nos hicieron creer que Rosario se iba a llenar de extranjeros e hicimos un "Macbeth", que es universal, y de alguna manera cuenta lo que estábamos viviendo, un militar que toma el gobierno legítimo, matando y apoderándose de eso. Bueno, nadie se dio cuenta, por supuesto, de nuestras intenciones (risas). Eramos 20 y pico los que hacíamos "Macbeth" y una vez conté en la platea siete personas como la vez que tuvimos más público. Yo había sacado un crédito que muchos años después terminé de pagar para hacer el vestuario. Lo hicimos a la manera isabelina, en el Centre Catalá, pusimos las sillas en círculos, distintos escenarios. Fue interesante y pensé que había hecho una genialidad. Yo lo valoré porque era un chiquilín enfermo de egolatría, pero en realidad no estaba bien hecho.

—Cuando cumpliste los 50 años con el teatro dijiste que "todo está correcto en la época correcta". ¿Qué es lo correcto en este momento?

—Creo que uno tiene que buscar en la medida de lo posible ser feliz. En mi caso, si otros no lo son... A mí siempre me dicen, incluso mi médico, "nadie puede dar lo que no tiene, así que cuidate porque das demasiado y estás dejando cosas tuyas". Pero la felicidad también es darse, y si está en mis manos lo hago. Y no hablo sólo de mi familia. Me gustaría que fueran felices los que me rodean, mis amigos, la gente que admiro o por la que siento respeto.

—¿Cómo se lleva esa actitud con la realidad?

—¡Más bien que de patadas! Y me gustaría fundamentalmente que el pueblo fuera feliz, que no hubiera estos índices de pobreza. Esto es una puñalada que tengo diariamente y en lo que puedo ayudar ayudo, pero eso no basta, porque eso depende de gente que sepa llevarlo adelante. Yo lo único que puedo hacer es ayudar. Mi tarjeta no da abasto, hay veces que no puedo ayudar más, además sabiendo que lo que hago no es la solución. Me duele mucho cuando veo que la gente no puede acceder a la felicidad. Hay veces que la felicidad no es la misma para todos. La felicidad ni siquiera se puede definir, pero cuando veo a alquien que no la está pasando bien, eso me pone muy mal.

—Acabás de volver de Londres, tus dos libros hablan de viajes míticos o al pasado. ¿Qué representa el viaje hoy en tu vida?

—Mientras me den las tabas y pueda ahorrar para viajar en turista, vamos a seguir haciéndolo. Pero también me gusta quedarme, me gusta este lugar, me gusta Rosario, si no me hubiese ido a Buenos Aires. Yo voy a Buenos Aires y estoy pensando en Rosario y qué hacer acá. Los viajes se han dado en esta época de mi vida para olvidarme un poco de que soy un mortal.

Prioridades

"Por supuesto que si algo me apasiona lo voy a hacer", dice Lauro Campos sobre un hipotético regreso al teatro luego de presentar el año pasado "Lauro cuenta Andrónico" (foto). "Hice 57 años seguidos y este año de alguna manera hice, porque repusieron en Buenos Aires «El servidor». Como director quizás algo haré, y si no lo hago tampoco me despeluco. Quiero conservar mi libertad para poder hacer lo que realmente me dé felicidad".


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