Escenario
Sábado 23 de Septiembre de 2017

El trío Midachi volvió renovado y a sala llena

Con un gran despliegue escénico, el trío presentó "Midachi Kindon". El Broadway lució repleto en la primera de las siete funciones en Rosario.

Luego de seis años de pausa, Midachi reunió una multitud de espectadores de tinte heterogéneo en la primera de las siete funciones previstas en Rosario que se completarán con las de hoy y mañana, y las del viernes 29 y el sábado 30, en el teatro Broadway. Con la restricción para menores de ocho años, que quizás debería ampliarse por el tono del show, la propuesta utiliza a pleno los recursos tecnológicos y muestra una notable puesta técnica fundamental para el lucimiento de Miguel, Dady y El Chino.

   El video de arranque propone un recorrido histórico y mostró un ficticio debate acerca del futuro de cada uno. ("Seré embajador", dice Miguel). A escena entran cantando y bailando ritmos centroamericanos y reciben una bienvenida afectuosa con una larga ovación producto de la prolongada espera por este regreso. Los dinámicos cambios de vestuario, la planta de luces y el apoyo con proyecciones, generan un alto impacto gracias al logrado diseño de la puesta multimedia.

   Un elevador se lleva las figuras de Miguel y El Chino y queda solo en escena Dady para su primera labor, donde destaca como monologuista. Brieva, con su desopilante stand up, relata la idea de ir con El Chino a buscar a Miguel a Panamá para proponerle la vuelta.

   Hablando de su realidad cumplidos los 60, hace una extensa reflexión que incluye sutiles críticas a los medios y a las diferencias generacionales, siempre con su lenguaje sin filtro. Después de reinvindicar su inicio sexual con La Gorda Mabel, instalado en el personaje de maestro de ceremonias, anuncia el comienzo del fantástico viaje que propone "Midachi Kindon".

   Se vienen "sueños y fantasías", dice El Chino con su impronta "seria", cuando ingresan Mercedes Sosa (Miguel) y Drácula (Dady), dos de los personajes más reconocidos. "¿Para esto volvimos?", se ríen con la complicidad del público.

   El argumento está basado en "El baile en el palacio", del cuento infantil "La Cenicienta", una fiesta de cumpleaños a la que llegan varios personajes invitados.

   La pantalla, con seis divisiones, muestra a todos los invitados a la fiesta, impactando la producción técnica y el vestuario de Batman, Robin, Blanca Nieves y el resto de los convidados. El público, además de las risas, se deslumbra con los efectos especiales.

   Dady, nuevamente en rol solitario, es ovacionado largamente. Es el único del trío que ha construido público propio y la gente se lo demuestra. La dinámica del show no da respiro y los cambios de vestuario se suceden en segundos, con una coordinación que no falla.

   Después de "Bar Karaoke", donde se desafían cómicamente a interpretar letras de canciones, llega el personaje donde se destaca Miguel, "La casita de La Tota", el programa de TV donde hay números de acrobacia, entrevistas y canciones.

   "Gastando" a la primera fila, La Tota lidera el segmento que incluye un "homenaje" a El Chino Sensación, un cantante que llega a presentar su disco en vinilo y en cassette, otro guiño a épocas pasadas.

   En el mismo bloque, Los Hermanos Galarza (Chino y Dady) realizan un tributo a Flavio Mendoza con esforzadas acrobacias y la Señorita Pochola (Dady) provoca el delirio y la mayor catarata de risas.

   En las imitaciones se destacan los tres. Allí desfilan, entre otros, Thalía, Carlos Vives, Los Malevos con su cuadro de malambo, Shakira con Maluma y Los Palmeras. El programa de La Tota, y también el show, van culminando con dos magos desafiantes ante el público y la esperada reunión de Mercedes Sosa (Miguel) y Piero (Dady).

   En 1988 hicieron su primera aparición televisiva con Juan Alberto Badía. Con imágenes de aquella ocasión, y mostrando más registros de los comienzos, cerraron esta novedosa puesta multimedia que conformó a los seguidores que pedían por su regreso a los escenarios.

   Dady aporta su carisma. Miguel, cuando resiste la tentación de reírse, logra componer eficazmente sus personajes, y El Chino, siempre sobrio, aporta el equilibrio necesario.

   El trío conserva la química de los comienzos y el uso de la tecnología refresca la propuesta, conservando el estilo y el lenguaje que definen al público que los sigue y que justifican el éxito de la multitudinaria convocatoria.

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