Escenario
Sábado 18 de Marzo de 2017

"El que dice que el rock está muerto es porque no sale a ver bandas"

Eruca Sativa, el grupo más exitoso de la escena emergente, toca hoy en Rosario. La cantante Lula Bertoldi habló sobre el nuevo CD del trío.

Lenta pero sostenidamente, Eruca Sativa se transformó en los últimos años en la banda más exitosa del nuevo rock en la Argentina. El trío integrado por Lula Bertoldi (guitarra y voz), Brenda Martín (bajo) y Gabriel Pedernera (batería) se instaló en la escena con sus riffs potentes y una base explosiva, y llegó a tocar por primera vez en el Luna Park en 2015. También se presentaron en el Cosquín Rock, el Personal Fest y el Lollapalooza, y compartieron escenario con Foo Fighters y Aerosmith. Ahora la banda cordobesa (instalada en Buenos Aires) está de regreso con su cuarto disco de estudio, "Barro y fauna", un álbum marcado por una nueva etapa para Lula y Brenda, que se convirtieron en madres. El CD se grabó en Los Angeles con la producción artística de Adrián Sosa (baterista de Bajofondo), y cuenta con invitados como Gustavo Santaolalla, Aníbal Kerpel y Tavo Cortes, el cantante del grupo santafesino Sig Ragga.

   Esta noche Eruca Sativa volverá a Rosario para presentarse a las 21 (puntual) en Vorterix, Salta y Cafferata. El trío tocará todas las canciones de "Barro y fauna" y repasará otros temas emblemáticos de su carrera. La gira del nuevo disco cerrará en junio en el Luna Park, y después la banda se va a dedicar a celebrar sus diez años de carrera. En charla con Escenario, Lula Bertoldi contó cómo la maternidad influyó en la creación del álbum y aseguró: "El rock está más vivo que nunca".

   —¿Cómo nació "Barro y fauna"?

   —El disco habla mucho de lo que transcurrió entre "Huellas digitales", nuestro último trabajo, y esta nueva etapa, que tiene que ver con el hecho de que la maternidad nos quitó, en el buen sentido, horas de trabajo en la sala. Entonces tuvimos que crear el disco de otra forma. El disco fue creado más en la soledad de la casa y luego compartido en banda. Hubo mucha compu de por medio, armamos sesiones en línea. Eso también determina el tipo de trabajo que uno va haciendo. El artífice de una canción, en lugar de ser una guitarreada en grupo tomando mate, es un ratito que uno se hizo mientras duerme tu hijo y vos estás a las tres de la mañana tocando la guitarra en un cuartito de tu casa (risas). La dinámica de composición fue muy distinta, y a veces los procesos distintos generan resultados muy distintos.

   —Más allá del proceso de composición, ¿qué sentís que lo diferencia de los discos anteriores?

   —Cada disco tiene su personalidad. En este disco está esa puerta que ya abrimos con "Huellas digitales", un disco en vivo en el cual hay mucho elemento acústico y mucho elemento digital. Esa combinación también está en "Barro y fauna". La combinación entre lo analógico y lo digital, donde el trío se complementa con máquinas y conviven como si fuese una cosa que siempre fue concebida así.

   —¿Cómo se dio la participación de Gustavo Santaolalla?

   —Con Gustavo comenzamos una relación hace un tiempo. El sabía de la banda y nos habíamos contactado, pero nunca había surgido la posibilidad de conocernos en persona. Cuando fuimos a grabar este disco a Los Angeles se dio la oportunidad por medio de Adrián Sosa (el productor), que es el baterista de Bajofondo y además trabajó en muchas producciones asociado a Gustavo. La idea era conocerlo, pero se sabe que la agenda de Gustavo es muy complicada. Un día en el estudio estábamos grabando voces y Adrián nos dice: "Les tengo una sorpresa". Y ahí estaba Santaolalla. Fue increíble. Estuvo un rato con nosotros en el estudio hablando, escuchó las canciones, fue muy fuerte. Y además se comprometió a grabar en un tema que se llama "Somos polvo", pero lo hizo cuando nosotros ya no estábamos en Los Angeles por cuestiones de agenda. Después nos llegó el tema con su participación terminado y fue una gran sorpresa, fue muy emocionante. Fue un aporte totalmente entregado, desde esa humildad que él tiene.

   —El disco está dedicado a tu hijo y el hijo de Brenda. ¿Cuándo fueron madres? ¿Cómo influyó eso en las canciones del disco?

   —Cuando grabamos "Huellas digitales" (2014), Brenda, aún sin saberlo, ya estaba embarazada. Y yo quedé embarazada meses después. Nuestros hijos tienen un mes y 20 días de diferencia. Estamos bastante sincronizadas las dos (risas). Obviamente que eso impacta de alguna forma en la música. No hay ninguna letra que vos digas "ah, esta letra habla de la maternidad". Nosotros no somos muy directos con nuestras letras, somos un poco más rebuscados, más poéticos tal vez, nos gusta ese tipo de escritura. Igual yo creo que está claro que en un par de temas hay una referencia a la vida y también a la muerte, porque tener un hijo te hace reflexionar sobre muchos aspectos, no sólo sobre la vitalidad sino también sobre irse de esta tierra. Hay un par de alusiones a eso.

   —¿Llevan a sus hijos a las giras? ¿Cómo es esa convivencia?

   —El año pasado y el anterior viajaron todo el tiempo con nosotros. Eran muy chiquitos y nosotras les dimos la teta hasta bastante avanzado el año y medio. Ahora están por cumplir dos años. No queríamos separarnos de ellos, así que nos la rebuscamos para que la gira sea posible hacerla junto a los bebés y con alguien que los cuide mientras probamos sonido y durante el show. Recién este año nos animamos a salir sin ellos, pero en giras cortas. Es algo nuevo para nosotras: es como volver a lo que era antes pero tampoco lo es (risas), porque nunca volvés a ser el mismo de antes.

   —¿Cómo recuerdan ahora sus comienzos en Córdoba?

   —Fue una etapa hermosa. Todo el intercambio que uno hace con los músicos en un principio es lo que te termina influenciando más. El ambiente del rock y de la música en general en Córdoba es muy intenso. Todo el tiempo hay jams, zapadas, improvisaciones, gente que se sube al escenario a tocar con otra gente que no conoce. Son cosas que acá en Buenos Aires recién ahora se empiezan a ver, pero no es tan común. En Córdoba era recomún. Y había 500 personas mirando. Tal vez eso pase sólo en Córdoba porque hay muchos estudiantes de distintas provincias. La ciudad de Córdoba es un lugar mágico para mí. Yo estudié allá, soy licenciada en Relaciones Públicas, y me acuerdo de mi etapa universitaria como una de las épocas más felices de mi vida. Todos los estudiantes vivíamos en el mismo lugar, en Nueva Córdoba. También había estudiantes de música y se respiraba música todo el tiempo. Nos cruzábamos siempre en los bares para tocar. Era mágico.

   —¿Tuvieron que romper con prejuicios machistas al principio?

   —No tanto. Nunca sentimos un prejuicio que no nos dejara crecer o con el que tuviéramos que romper. Por suerte, en estos diez años de la banda, el cambio de mentalidad de la sociedad ha sido muy grande. La gente se abrió mucho. Nuestro estilo es fuerte, es más característico de los hombres, pero nunca sufrimos por los prejuicios. Lo que sí hubo fue sorpresa, o un impacto distinto inicialmente, pero eso fue todo.

Lenta pero sostenidamente, Eruca Sativa se transformó en los últimos años en la banda más exitosa del nuevo rock en la Argentina. El trío integrado por Lula Bertoldi (guitarra y voz), Brenda Martín (bajo) y Gabriel Pedernera (batería) se instaló en la escena con sus riffs potentes y una base explosiva, y llegó a tocar por primera vez en el Luna Park en 2015. También se presentaron en el Cosquín Rock, el Personal Fest y el Lollapalooza, y compartieron escenario con Foo Fighters y Aerosmith. Ahora la banda cordobesa (instalada en Buenos Aires) está de regreso con su cuarto disco de estudio, "Barro y fauna", un álbum marcado por una nueva etapa para Lula y Brenda, que se convirtieron en madres. El CD se grabó en Los Angeles con la producción artística de Adrián Sosa (baterista de Bajofondo), y cuenta con invitados como Gustavo Santaolalla, Aníbal Kerpel y Tavo Cortes, el cantante del grupo santafesino Sig Ragga.

   Esta noche Eruca Sativa volverá a Rosario para presentarse a las 21 (puntual) en Vorterix, Salta y Cafferata. El trío tocará todas las canciones de "Barro y fauna" y repasará otros temas emblemáticos de su carrera. La gira del nuevo disco cerrará en junio en el Luna Park, y después la banda se va a dedicar a celebrar sus diez años de carrera. En charla con Escenario, Lula Bertoldi contó cómo la maternidad influyó en la creación del álbum y aseguró: "El rock está más vivo que nunca".

   —¿Cómo nació "Barro y fauna"?

   —El disco habla mucho de lo que transcurrió entre "Huellas digitales", nuestro último trabajo, y esta nueva etapa, que tiene que ver con el hecho de que la maternidad nos quitó, en el buen sentido, horas de trabajo en la sala. Entonces tuvimos que crear el disco de otra forma. El disco fue creado más en la soledad de la casa y luego compartido en banda. Hubo mucha compu de por medio, armamos sesiones en línea. Eso también determina el tipo de trabajo que uno va haciendo. El artífice de una canción, en lugar de ser una guitarreada en grupo tomando mate, es un ratito que uno se hizo mientras duerme tu hijo y vos estás a las tres de la mañana tocando la guitarra en un cuartito de tu casa (risas). La dinámica de composición fue muy distinta, y a veces los procesos distintos generan resultados muy distintos.

   —Más allá del proceso de composición, ¿qué sentís que lo diferencia de los discos anteriores?

   —Cada disco tiene su personalidad. En este disco está esa puerta que ya abrimos con "Huellas digitales", un disco en vivo en el cual hay mucho elemento acústico y mucho elemento digital. Esa combinación también está en "Barro y fauna". La combinación entre lo analógico y lo digital, donde el trío se complementa con máquinas y conviven como si fuese una cosa que siempre fue concebida así.

   —¿Cómo se dio la participación de Gustavo Santaolalla?

   —Con Gustavo comenzamos una relación hace un tiempo. El sabía de la banda y nos habíamos contactado, pero nunca había surgido la posibilidad de conocernos en persona. Cuando fuimos a grabar este disco a Los Angeles se dio la oportunidad por medio de Adrián Sosa (el productor), que es el baterista de Bajofondo y además trabajó en muchas producciones asociado a Gustavo. La idea era conocerlo, pero se sabe que la agenda de Gustavo es muy complicada. Un día en el estudio estábamos grabando voces y Adrián nos dice: "Les tengo una sorpresa". Y ahí estaba Santaolalla. Fue increíble. Estuvo un rato con nosotros en el estudio hablando, escuchó las canciones, fue muy fuerte. Y además se comprometió a grabar en un tema que se llama "Somos polvo", pero lo hizo cuando nosotros ya no estábamos en Los Angeles por cuestiones de agenda. Después nos llegó el tema con su participación terminado y fue una gran sorpresa, fue muy emocionante. Fue un aporte totalmente entregado, desde esa humildad que él tiene.

   —El disco está dedicado a tu hijo y el hijo de Brenda. ¿Cuándo fueron madres? ¿Cómo influyó eso en las canciones del disco?

   —Cuando grabamos "Huellas digitales" (2014), Brenda, aún sin saberlo, ya estaba embarazada. Y yo quedé embarazada meses después. Nuestros hijos tienen un mes y 20 días de diferencia. Estamos bastante sincronizadas las dos (risas). Obviamente que eso impacta de alguna forma en la música. No hay ninguna letra que vos digas "ah, esta letra habla de la maternidad". Nosotros no somos muy directos con nuestras letras, somos un poco más rebuscados, más poéticos tal vez, nos gusta ese tipo de escritura. Igual yo creo que está claro que en un par de temas hay una referencia a la vida y también a la muerte, porque tener un hijo te hace reflexionar sobre muchos aspectos, no sólo sobre la vitalidad sino también sobre irse de esta tierra. Hay un par de alusiones a eso.

   —¿Llevan a sus hijos a las giras? ¿Cómo es esa convivencia?

   —El año pasado y el anterior viajaron todo el tiempo con nosotros. Eran muy chiquitos y nosotras les dimos la teta hasta bastante avanzado el año y medio. Ahora están por cumplir dos años. No queríamos separarnos de ellos, así que nos la rebuscamos para que la gira sea posible hacerla junto a los bebés y con alguien que los cuide mientras probamos sonido y durante el show. Recién este año nos animamos a salir sin ellos, pero en giras cortas. Es algo nuevo para nosotras: es como volver a lo que era antes pero tampoco lo es (risas), porque nunca volvés a ser el mismo de antes.

   —¿Cómo recuerdan ahora sus comienzos en Córdoba?

   —Fue una etapa hermosa. Todo el intercambio que uno hace con los músicos en un principio es lo que te termina influenciando más. El ambiente del rock y de la música en general en Córdoba es muy intenso. Todo el tiempo hay jams, zapadas, improvisaciones, gente que se sube al escenario a tocar con otra gente que no conoce. Son cosas que acá en Buenos Aires recién ahora se empiezan a ver, pero no es tan común. En Córdoba era recomún. Y había 500 personas mirando. Tal vez eso pase sólo en Córdoba porque hay muchos estudiantes de distintas provincias. La ciudad de Córdoba es un lugar mágico para mí. Yo estudié allá, soy licenciada en Relaciones Públicas, y me acuerdo de mi etapa universitaria como una de las épocas más felices de mi vida. Todos los estudiantes vivíamos en el mismo lugar, en Nueva Córdoba. También había estudiantes de música y se respiraba música todo el tiempo. Nos cruzábamos siempre en los bares para tocar. Era mágico.

   —¿Tuvieron que romper con prejuicios machistas al principio?

   —No tanto. Nunca sentimos un prejuicio que no nos dejara crecer o con el que tuviéramos que romper. Por suerte, en estos diez años de la banda, el cambio de mentalidad de la sociedad ha sido muy grande. La gente se abrió mucho. Nuestro estilo es fuerte, es más característico de los hombres, pero nunca sufrimos por los prejuicios. Lo que sí hubo fue sorpresa, o un impacto distinto inicialmente, pero eso fue todo.

   —¿Qué te parece que le falta al rock actual? A veces uno escucha decir que el rock está en crisis...

   —Yo creo que a la música hay que dejarla ser. Yo he escuchado a muchísima gente opinar del rock y es gente que no está haciendo rock o que no está haciendo música, que son periodistas. Uno puede opinar de afuera, pero después meterse en la sopa y en el barro y arremangarse los pantalones y remarla desde acá es difícil. Cada músico tiene su forma de expresarse, y las épocas y las etapas se van dando. Todo tiene su proceso natural. Vivimos la desaparición de grandes grupos y grandes íconos por fallecimiento, y todo sigue un curso natural. No es nada extraño. El que dice que el rock está muerto es porque no sale a ver bandas. Yo hoy en día voy a ver a una banda que lleva 150 personas, que no llena un estadio, que es una banda pequeña, pero para mí el rock está vivo ahí. Hay algunas de esas bandas que te vuelan la cabeza porque están haciendo algo distinto, proponen algo nuevo, tienen una estética diferente. No todo es corte de tickets, porque estamos atravesando una etapa distinta en cuanto a ventas de discos, de consumo de información, de redes. Todo empieza a pasar por otro lado. Vos decís: "Bueno, ya no puedo conseguir un disco de platino o de oro porque no da, porque ya no se venden discos". Entonces las cosas pasan por otro lado. No se puede sepultar un género y decir "el rock murió". No, pará un poco. Para mí el rock está más vivo que nunca porque está en toda la escena emergente, que es el caldo de todo lo que se viene. Y ese caldo está muy fuerte: son pibes muy jóvenes que están tocando y que la rompen. A veces no cortan ni cien tickets, pero son increíbles. A mí me gustan mucho Pum, Huevo, Parteplaneta y Mustafunk. También está la banda de mi hermana, Marilina Bertoldi, que es tremenda. Como banda nosotros somos muy observadores del under, y te llevás lindas sorpresas.   

"Creo que fue el último recital del Indio"

El caótico recital que dio el Indio Solari el sábado pasado en Olavarría dejó conmocionado al ambiente del rock. Sin embargo, Lula Bertoldi prefirió no sentar posiciones sobre el ex líder de los Redondos y la organización del show. "Es difícil opinar en este momento porque está todo muy en caliente. Faltan escuchar a un par de jugadores", reconoció. "Me parece muy pero muy liviano salir a opinar con una carta en Facebook. Vi a mucha gente escribiendo cosas de las que no tienen ni idea. Sí me parece muy importante el testimonio de la gente que fue al show, que puede contar lo que vivió. Es muy distinto de aquel que critica y no fue. Los argentinos somos muy opinólogos, está en nuestro ADN. Y eso empeora todo, porque la gente se violenta más, se pone más irascible, hecha culpas, quiere prender fuego todo. Son temas muy complicados, que tienen muchas aristas", se explayó. Según la cantante, "es muy fácil salir al otro día y decir «Indio, la puta que te parió, te llenás los bolsillos», sin saber de qué se trata el asunto. Es muy liviano. Además me parece una falta de respeto salir a opinar cuando hay gente muerta y gente que todavía no volvió a su casa después del show", agregó. Lula dijo que nunca tuvo oportunidad de ir a recitales de los Redondos ni de Solari, y además apuntó: "Creo que este fue el último recital del Indio. Después de lo que pasó no creo que tenga ganas de salir a tocar".

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