Oscar Martínez
Domingo 18 de Diciembre de 2016

"El privilegio estimula, no me pesa"

El actor hace un recorrido por su carrera, desde "La tregua" hasta "El ciudadano ilustre", que va por El Goya a mejor película.

Cuando se hace una lista de los mejores actores argentinos de los últimos diez años, hay uno que seguro se sube al podio, y ese es Oscar Martínez. Tras ganar el premio a mejor intérprete en el Festival de Cine de Venecia, el más antiguo del mundo, por "El ciudadano ilustre", candidata al Goya por mejor filme iberoamericano, Martínez disfruta este presente. En un cara a cara con Escenario, el actor hizo un recorrido por sus personajes, desde aquel homosexual de "La tregua" hasta el el éxito inesperado del filme de Mariano Cohn y Gastón Duprat, y en el medio ese "punto de inflexión" que fue "Relatos salvajes". "Esa película me hizo visible para el cine", dijo, y afirmó: "El prestigio ganado es un estímulo, no una carga".


   —¿Cómo ves a la distancia a aquel Oscar Martínez, en los tiempos que te tocó ser Jaime, e. homosexual de "La tregua", en 1974?

   —Era mi tercera película, estaba haciendo mis primeras armas, tras dos películas con Fernando Ayala. Es algo extraño lo que se siente cuando uno se remonta a algo que pasó hace tantas décadas. Como dice Borges, "a pesar de los azares, hay algo que permanece en nosotros inmóvil". Y eso que permanece inmóvil es uno mismo. Pasaron más de 40 años, yo tenía 24, ahora tengo 67, y pasó una vida, y pasó el ejercicio ininterrumpido de la profesión, y por supuesto que el instrumento se templa y se forja a través de todos esos años. Entonces hoy me veo con más aplomo y con muchos más recursos que ese joven de 24, pero al mismo tiempo me recuerdo como alguien muy formado y más seguro de mí de lo que creía en ese momento. Y... (piensa) con ambición por todo lo que hice después.


   —¿No había también un desafío actoral y una apuesta a romper ciertos prejuicios sociales?

   —Yo creo que lo que se ve, en todo caso, es que había un actor. Porque un actor tiene que hacer de otros. Pero cualquiera en mi lugar se hubiera tirado de palomita, yo creo que el desafío más grande en esa película era ser parte de un elenco deslumbrante, con todas, todas, todas figuras muy consagradas, salvo dos o tres excepciones entre las cuales me incluyo. Gente de muchos quilates: Héctor Alterio; Marilina (Ross), que hacía de la hija; Beto (Brandoni), el otro hijo, mi hermano; después estaban, no lo digo en orden de importancia sino cómo me van viniendo a la mente, Lautaro Murúa, Norma Aleandro, en un personaje de dos minutos, Cipe Lincovsky, Antonio Gasalla, Luis Politti, Walter Vidarte, Carlos Carella, era una selección de actores de primerísima línea, qué se yo, China Zorrilla, un elencazo.


   —¿Cómo fuiste a parar ahí?

   —A mí me subieron a esa, y el asunto era estar a la altura de las circunstancias. Yo tuve la enorme fortuna que me tocó un personaje, que en esa constelación de personajes hermosos y estrellas que tenía la película, Jaime se recortaba porque tenía su propia parábola. Era una historia propia de él, que empezaba y terminaba, los demás personajes eran muy pirotécnicos, pero eran satelitales a la historia central. En cambio el mío tenía su propia historia y era muy importante dentro de la película, eso sumado a que era la única cara casi nada conocida dentro de ese elenco extraordinario fue muy gratificante para mí. Otra cosa más es el impacto que producía ese personaje en ese momento, hoy no es un tema tabú, es un tema corriente, hay matrimonio igualitario, pero antes era impensable, no se tocaba el tema de la homosexualidad, y si se tocaba era para parodiarlo, se tocaba desde la discriminación y la burla, en cierto dudoso humor. No se tocaba como una problemática humana y con respeto.


   —Pero hoy, lejos de aquel actor desconocido de "La tregua" hay una foto que te deja en un lugar de privilegio levantando el premio a mejor actor en Venecia. Y dijiste que estabas "aturdido" con esa distinción por ser el primer actor argentino en ganarlo...

   —Primer actor argentino, primero latinoamericano y segundo en habla hispana, el único que lo ganó fue Javier Bardem.


   —¿En estos momentos pesa más la mochila?

   —Yo trato de que no, pero es indudable que es así. Aunque me pasó varias veces en mi carrera, me pasó en "La tregua", por ejemplo, y antes de esa película me pasó otra cosa a los 21 años, cuando David Stivel y el grupo Gente de Teatro me dio un protagónico en "Cosa juzgada", y ese fue mi debut en televisión. O sea mi tercer trabajo en tv, fue el protagónico en un programa mítico que se paraba el país para verlo, en el que yo hacía una historia de amor con Marilina Ross, y el resto de los actores, que eran Federico Luppi, Norma Aleandro, Bárbara Mujica, Carlos Carella y Emilio Alfaro hacían personajitos chiquitos, y me vio el país y Ayala me llamó para hacer una película. Quiero decirte, me pasó varias veces eso de la mochila, y obviamente, cuando te ponen la camiseta número 10, la gente va a ver al 10, no es lo mismo que erre un penal Messi y Maradona o que lo erre otro jugador. Y a los dos les pasó que erraron un penal, ¿no? Le puede pasar a cualquiera, pero la exigencia del medio y del público es más grande, porque si se te privilegia con un lugar, también se te pide que rindas en función de ese lugar que se te otorgó. Esto es así, yo siempre traté de que eso no me pesara para mal, al contrario, sino que fuera un estímulo para mí.


   —Sos consciente de ese lugar de privilegio dentro de la gente. O sea, ¿sabés perfectamente que te identifican dentro de un ranking de los mejores actores del país?

   —Yo lo considero así ahora, después de "Relatos salvajes" y después del éxito de "El ciudadano ilustre", del premio de Venecia, y creo que pasó ya las 650 mil entradas vendidas, que hoy por hoy es mucho. Pero bueno, pasó algo con "Relatos...", ahí hubo un punto de inflexión, porque de hecho la vieron 4 millones de personas, es la película argentina más vista de la historia y fue muy exitosa en todo el mundo. Entonces, bueno, y también tuve la suerte de hacer un personaje que se recortó bastante, inesperadamente porque era menos tribunero que Bombita y el más real.


   —¿"Relatos salvajes" también te abrió puertas laborales?

   —Me hizo visible para el cine y me empezaron a llamar. Después de "Relatos...", vino "La patota", "El espejo de los otros", "Inseparables", "El ciudadano ilustre" estaba de antes, a mí me la ofrecen en el 2011/2012, estuvo cinco años a punto de filmarse y no se filmaba, ah y me olvidaba de "Koblic". Así que me permitieron hacer cosas diferentes en buenas películas. "El ciudadano..." por azar se termina de filmar el año pasado, porque la posibilidad de entrar en Cannes o Venecia fue lo que demoró su estreno y finalmente eso fue favorable para mí, porque es como la coronación de esa seguidilla de películas, y después vienen los premios y todo eso.


   —Mucha gente de pueblo sintió que la película no los deja bien parados. ¿Es buena o es mala esa polémica?

   —A mí me parece que es un sello que está en el ADN del cine que hacen Duprat y Cohn, ellos buscan eso, siendo dos películas diferentes hay algo del universo de "El ciudadano ilustre" que se emparenta con "El hombre de al lado" y hasta con "El artista", te diría. Es el choque entre un mundo cultural ilustrado y el mundo de lo popular, el choque de civilización y barbarie. Yo cuando leí el guión la primera vez lo entendí como una metáfora de la Argentina, como que ese pequeño pueblo era una especie de espejo de nuestras peores cosas, como comunidad. Y a tal punto pensé que podía llegar a producir tanto resquemor que nunca imaginé que tendría el éxito masivo que tuvo la película.


   —Generalmente no escapás a opinar de la realidad política y social. ¿El actor debe comprometerse políticamente o es mejor ocultar sus ideales para no estar tan en foco de los que piensan distinto?

   —No creo que sea una obligación comprometerse, creo que el compromiso de un actor es con su trabajo. Y ahí sí en lo que elige y en lo que hace como profesional se juega su mirada y su apuesta. Yo siempre traté de pensar de modo independiente, pero comprometiéndome con mis propias ideas y no con un partido político o con un gobierno. Pero me ha pasado que he dicho algo y me llamaron de todos los programas políticos y radios que te puedas imaginar y dije que no, si no sería un declaracionista serial, pero tampoco quise quedarme en la comodidad de no opinar. Traté de respetar mi manera de pensar y ser respetuoso. Porque yo quiero vivir en un país en el que todos podamos decir lo que pensamos, independientemente de cuál sea el signo, si se hace con razonabilidad o con inteligencia, cualquier tipo de argumento puede ser escuchado, y todos tenemos derecho a decirlo. Entonces no puedo en mis declaraciones ser sectario, ser excluyente o ser fanático, porque eso es precisamente lo que yo critico.


►"La tregua"

"Aquel personaje impactó porque antes era impensable hablar de homosexualidad, si se hablaba era desde la burla y desde cierto dudoso humor".

►"Relatos salvajes"

"En la película de Szifron elegí esa historia, porque era la menos tribunera, la más real y con menos humor. Se privilegió ese relato y fue una sorpresa".

►"El ciudadano ilustre"

"Creo que ese filme produce un impacto y una empatía, entre comillas, que no esperé, ni esperaban los autores".

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