Escenario
Domingo 16 de Abril de 2017

"El porvenir", "El faro de las orcas" y "Todo para ser felices", los estrenos bajo la lupa de Escenario

"Las mujeres de más de 40 años son para tirar a la basura", dice Nathalie, la protagonista de "El porvenir", en una escena de la película.

"El porvenir", el tiempo es tirano

Calificación: ****. Intérpretes: Isabelle Huppert, André Marcon, Roman Kolinka y Edith Scob. Dirección: Mia Hansen-Love. Género: Drama. Sala: Del Centro.

“Las mujeres de más de 40 años son para tirar a la basura”, dice Nathalie, la protagonista de “El porvenir”, en una escena de la película. Pero no lo dice en forma dramática ni resentida. Lo dice naturalmente, y con algo de sarcasmo, mientras pasea con un ex alumno en un parque de París. Nathalie (Isabelle Huppert, una vez más, brillante) es una mujer de 60 años que atraviesa una crisis: es una profesora de Filosofía que ya no conecta con sus alumnos adolescentes, su madre está senil y le hace la vida imposible, sus hijos están grandes y están fuera de su influencia, y su marido, como si nada fuera, le dice que se enamoró de otra mujer y que se va a vivir con ella. La joven directora Mia Hansen-Love (“El padre de mis hijos”, “Edén”) enfoca esta crisis con una mirada singular, de una gran sutileza, en la cual no caben los estallidos melodramáticos, pero sí el transcurrir de la vida cotidiana a pesar del dolor y los fracasos. Su protagonista es una mujer fuerte y decidida, pero su fragilidad también se transparenta con hondura en momentos íntimos y delicados. Las citas de Rousseau y Adorno se mezclan con melodías de Schuman y canciones de Donovan y Woody Guthrie, creando un contexto siempre reflexivo. “El porvenir” es una película sobre el implacable paso del tiempo, sobre una transición compleja y sobre cómo la vida se abre camino cuando parecen cerrarse todas las posibilidades.

Por Carolina Taffoni


“El faro de las orcas”, paz en el fondo del mar

Calificación: ***. Intérpretes: Joaquín Furriel, Maribel Verdú, Quinchu Rapalini, Osvaldo Santoro y Ana Celentano. Dirección: Gerardo Olivares. Género: Drama. Salas: Del Centro, Hoyts, Showcase y Village.

La Patagonia argentina es el escenario que atraviesa toda la historia de “El faro de las orcas”. Porque sólo desde ese lugar, desde ese paisaje y desde ese espacio tan bello como salvaje, se puede entender la angustia y la desolación de los tres protagonistas. Beto (Furriel) es un guardafauna hosco, de pocas palabras, que sólo sonríe cuando tiene delante suyo a Shaka, una orca con quien lo une un vínculo entre afectivo y místico. Beto es un estudioso obsesivo de la vida de las orcas, y está convencido que esa especie marina puede estimular la comunicación humana. Incluso difundió públicamente ese mensaje, que no es visto con tanta alegría por las autoridades patagónicas. Osvaldo Santoro es quien representa al antagonista, y es quien amenazará a este guardafauna con trasladarlo a otro destino si sigue promoviendo ese “peligroso” acercamiento humano al mundo animal. En este contexto aparece Lola (siempre impecable Maribel Verdú), quien llegará desde España a este paisaje perdido en el mundo junto con su hijo Tristán, que es autista. Ella comprobó que su hijo movió las manos, como signo de alegría, cuando vio en televisión cómo Beto se comunicaba con las orcas. El vínculo entre los tres no tardará en llegar a buen puerto, quizá lo más cuestionable por lo previsible. Sin embargo, la historia toma otra dimensión cuando sobre el final se atestigua que se trata de un caso real, lo que le quita esa mochila de endulzar el relato con que se le puede caer al realizador. Olivares tiene experiencia como documentalista y aprovechó ese pulso en beneficio de la imagen, en la que combinó realidad con tecnología. La película habla de la búsqueda de la felicidad y los motivos íntimos por los que se recurre a la naturaleza como metáfora de la paz.

Por Pedro Squillaci


“Todo para ser felices”, retrato de una crisis

Calificación: ***. Intérpretes: Manu Payet, Audrey Lamy, Aure Atika, Pascal Demolon, Bruno Clairefond y Joe Bel. Dirección: Cyril Gelblat. Género: Drama. Salas: Del Centro.

El cine francés tiene ese toque especial, como una hoja de laurel que distingue a un simple risotto de un plato gourmet. Será el acento idiomático tan sensual, que hasta distiende las discusiones, o esa atmósfera francesa que invita al romance. Lo cierto es que en este drama de Cyril Gelblat el conflicto matrimonial es el centro de la trama, así como también sus inevitables consecuencias: las mudanzas, la separación de bienes y la crianza de los hijos. Antoine y Alice deciden divorciarse y el hombre será el encargado de cuidar a las niñas de 5 y 9 años. Ella es una exitosa jueza que sostiene económicamente el hogar, mientras que él es un músico y productor que atraviesa la crisis de los 40, con fantasías de eterno adolescente. En medio de la crisis, esta ex pareja comienza a recuperar su vida después del matrimonio. Las escenas se vuelven más tiernas y muestra cómo un padre irresponsable reconstruye el vínculo con sus hijas. Si bien por momentos algunas situaciones podrían calificarse como clichés, es una película que intenta salir de los estereotipos y dotar con aire fresco y guiños a la vida cotidiana. Una historia que habla de la posibilidad de la reinvención en las familias disfuncionales.

Por Luciana Boglioli

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