Escenario
Sábado 26 de Agosto de 2017

El imperio de los sentidos con "Un viaje a ciegas"

La compañía teatro ciego, que trabaja en plena oscuridad, ofrece hoy dos funciones en Plataforma Lavardén.

En el reino de la imagen el Teatro Ciego apaga las luces y deja que la mente se transforme en espacio escénico. Esa es la gran apuesta de la compañía Teatro Ciego que hoy, a las 21 y a las 23, ofrece dos funciones de "Un viaje a ciegas" en Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza). Martín Bondone y Facundo Bogarín, director y protagonista de la obra, contaron a Escenario cómo es esta experiencia que comenzó en Córdoba en 1991 y que, con a partir de 2008, se expandió hasta convertirse en un fenómeno que desafía los sentidos y las convenciones desde la más absoluta oscuridad.

   En "Un viaje a ciegas" los seis actores, tres de ellos ciegos, narran con humor las circunstancias de la venta de un bar mientras recuerdan las distintas épocas, con personajes, historias, lugares, paisajes y música. "Tiene mucho de absurdo, un humor bastante similar a lo que podemos llamar el humor de Fontanarrosa, con un anecdotario y los personajes del bar", adelantó Bondoni.

   La obra se suma a las siete piezas que la compañía tiene en cartel, entre ellas una para niños, "Mi amiga la oscuridad"; otra que pone en primer plano el sentido del gusto, "A ciegas gourmet", y "Sonido 360º" que explora el sentido del oído. Como muestra de su búsqueda, la compañía también desafió las convenciones al encarar uno de los personajes icónicos de la obra gráfica de Roberto Fontanarrosa en "Inodoro Pereyra a ciegas" y en su próximo proyecto tienen en la mira abordar el terror como muestra de su diversidad.

   Antes de su expansión, Teatro Ciego fue un grupo fundado en Córdoba en 1991 por Gerardo Bentatti, oriundo de Bigand. Luego de la obra "Caramelo de limón", Bentatti se trasladó a Buenos Aires y estrenó "La isla desierta" que incorporó por primera vez personas con discapacidad visual en un elenco de actores de teatro leído de la Biblioteca Argentina para Ciegos.

   "La isla desierta" fue un suceso que se presentó en la Fundación Konex desde 2001 hasta 2008 y también incluyó funciones en Rosario. A partir de 2008 Bondoni y Bentatti dan impulso al Centro Argentino de Teatro Ciego. "Yo trabajaba previamente como actor, y junto con Gerardo fundamos la sala que hasta ahora es el único teatro a nivel mundial donde todos los espectáculos están hechos con la técnica de teatro en la oscuridad", recordó Bondone.

   Hoy el Centro y escuela cuenta con 80 personas, 40 de ellas con distintos grados de discapacidad visual; cien alumnos regulares y cuatro talleres de formación artística en tango, coro, murga uruguaya y entrenamiento vocal, además de dos salas, en los barrios de Palermo y Abasto.

   Según contó Bondone, cordobés, economista especializado en economía social y teatrero desde siempre, el objetivo al crear el Centro Argentino de Teatro Ciego fue poder contar con una sala propia para desarrollar sus espectáculos, lo que dio lugar a la expansión de la idea original. "Obviamente también el proyecto fue creciendo. Con la Biblioteca Argentina para Ciegos empezaron a surgir actores ciegos que impulsaron un cambio estructural porque se formaron elencos mixtos donde la mitad de los actores tienen algún tipo de discapacidad visual. Desde 2008 trabajamos en cooperativa con personas con discapacidad y se te abre la cabeza, te hace ver otro tipo de relación con el trabajo. Empezamos a pensar en cómo hacer para incorporar cada vez más actores con discapacidad. Así abrimos la escuela de formación y a partir del momento de la instauración institucional el proyecto empezó a crecer".

   La discapacidad nunca fue un obstáculo para el grupo sino un estímulo que potenció la creatividad y el trabajo en equipo. "Nosotros no trabajamos desde un lugar, por ponerle algún adjetivo, asistencial, sino que el actor es un trabajador como cualquier otro, entonces ahí se genera un trabajo muy codo a codo en el que cada uno de los participantes le suma su experiencia", aseguró Bondone.

   "Imaginate -continuó- que la cosmovisión de una persona ciega es muy diferente a la de alguien que ve. Eso enriqueció mucho el proyecto desde el punto de vista de la dramaturgia, de los efectos, de la forma de verlo. De hecho Facundo Bogarín hizo todo el proyecto de dirección de la puesta de «Un viaje a ciegas» en La Plata, se formó como actor en el teatro, hizo la selección de los actores y ahora es director de una obra. Ese es un proceso que nos enriquece mucho".

La imaginación al poder. Bogarín forma parte del grupo desde 2011 e integra el elenco de "Un viaje a ciegas" junto a Lola Stagnaro (cantante y actriz), Alberto Gatti, Nicolás Romero (actores), Jonathan Jusid (pianista) y Julián Bondone (producción y sonido). El actor, que tiene 29 años y es ciego desde los 14, contó que este tipo de trabajo en la oscuridad, "amplifica" las posibilidades de una obra. "De alguna manera es así porque, en ciertos casos, la escenografía o el vestuario pueden ser limitantes. Hay ciertas cuestiones que determinan cómo son los escenarios y los personajes. Acá, al necesitar la imaginación del espectador, se puede dar que todos se imaginen el personaje de forma completamente distinta. Tu trabajo es crear constantemente en la cabeza del espectador. Lo tomaría no como una limitación, sino como otro espacio escénico con una propuesta diferente porque cada uno se arma el espacio escénico y los personajes con la información que decodifica y lo que va entendiendo con el estímulo que le llega", aseguró.

   Si bien elogió las posibilidades expresivas que facilita la oscuridad, también se rió de la incertidumbre que puede generar. "La oscuridad también tiene eso. Si uno va bien predispuesto, la pasa bien, imagina y demás, pero si vas desganado también invita a que te duermas, ponele...", bromeó Bogarín. "También tiene que ver nuestro trabajo. Siempre digo que no se tiene que caer la pelota, porque si todo empieza a ser una morcilla y un plomo, es un garrón. El trabajo es mantener la atención del público, mantenerlos atentos y despiertos y que no se dispersen. Tenés que estar con un ritmo constante. Suele pasar también que hay gente a la que la oscuridad le parece muy pesada y termina saliendo. Si hay alguien con una claustrofobia muy fuerte quizás no es el mejor espectáculo para que vaya, pero también hay gente que se ha sentido mal, se la aguantó y la pasó bien porque «Un viaje a ciegas» es una comedia. Romper todo el peso de la oscuridad desde el humor es mucho más fácil que si fuese un drama", afirmó.

Multimedia mental. "La sociedad hoy está muy posada en lo visual", dijo Bogarín, y añadió: "Mucha información entra por lo visual y acá la idea es salir de ese esquema, anular por completo lo visual y estimular el resto de los sentidos de manera que uno se vea obligado a armar las imágenes desde otro lado y con su imaginación". Y sobre las contradicciones entre lo visual y la imaginación, afirmó en tono de broma: "Es como leer un libro. Leés un libro y con la información que tenés te imaginás más o menos el personaje. Después hacen la película y por ahí es Tom Hanks... y vos no te lo imaginaste a Tom Hanks".

   En ese sentido, Bondone comparó las posibilidades de la imaginación y de la imágenes. "Para mí la gente está acostumbrada a la espectacularidad desde un lugar multisensorial, pero desde un punto en el que lo multisensorial pasa por lo visual. Vos decís multimedia y eso es una pantalla y el sonido. ¿Qué tipo de multimedia tenés ahí? Solamente la pantalla y que te bombardeen con información visual. Son muy pocos los espectáculos que generan otro tipo de sorpresa. Nosotros, con muy poca tecnología e inversión, generamos mucho más que una megaproducción. ¿Cómo sorprender a un chico que está sobreestimulado, como la generación actual, que nace con la tablet en la mano? No lo puede sorprender nada. Lo sorprende lo sensorial, volver a ser uno, a lo primitivo, que es el relato, y que es lo que nos hace humanos y lo que nos mueve esa fibra cuando venís a ver una obra de Teatro Ciego".

   Bogarín y Bondone coincidieron en quitarle a la palabra ciego su connotación negativa y no reemplazarla por otra expresión políticamente correcta. "Está muy bien dicho ciego. Es mucho mejor que no vidente o esas cuestiones. Es mucho más relajado y fácil decir ciego, por lo menos para el laburo nuestro", señaló Bogarín. "También es como amigarse con esa parte de la oscuridad y de cuestiones que están muy arraigadas en la sociedad de que lo oscuro es malo o de temer. La oscuridad sólo te plantea un ámbito no conocido, y como es algo no conocido, pone al espectador en algún lugar incómodo, pero a la vez también es completamente virgen en el espacio de la imaginación", completó el actor.

   "Hay todo un tema con eso", indicó por su parte Bordone sobre la palabra ciego. "En el caso de los ciegos, es al contrario. La mayoría de las personas que he conocido me corrige y me dice que no se dice no vidente, sino ciego. Ellos exigen cuando uno habla de su discapacidad que digan ciego y eso tiene que ver con decir las cosas como son. De lo contrario sería un poco como negar esa realidad. Si decís no vidente, al sordo entonces le decís no oyente, al mudo no hablante", consideró.

Ideología y corrección. Según Bondone, la ideología y la corrección política pueden en algunos casos condicionar el lenguaje. "También tiene detrás cierta ideología; uno dice las cosas y no las dice porque sí. Hasta cuando se llama a alguien de una determinada forma, atrás de eso también hay construcción ideológica. En el caso del ciego, es una discapacidad, sí. Que eso implique que está incapacitado para realizar determinadas actividades, es otra discusión. Nosotros trabajamos con personas ciegas, que tienen una condición física particular que es que no pueden ver y eso es una realidad. Ahora, el hecho de que no puedan ver ¿las hace menos hábiles para trabajar? En determinadas actividades sí, pero para el teatro no. Nosotros hablamos desde ese lugar. Por eso las correcciones políticas tienen que ver más con la persona que no está acostumbrada a tratar con personas ciegas y que por ahí no sabe cómo manejarse. Entonces el prurito lo tiene más la persona que ve que la persona ciega", concluyó.

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