Escenario
Viernes 03 de Marzo de 2017

El héroe de la batería que llegó a Rosario para ratificar una leyenda

Carl Palmer interpretó lo mejor de ELP en El Círculo, en un homenaje a Keith Emerson y Greg Lake. Y mostró que su talento está intacto

Hay bateros que le dieron un sonido propio al rock. Quizá haya una lista que varíe según el oído o sensibilidad de los amantes de la música, pero hay nombres que son insustituibles: Keith Moon, en The Who; John Bonham, en Led Zeppelin y, claro, Carl Palmer en Emerson Lake & Palmer.

Quizá en este podio se podrían agregar a Neil Peart, de Rush, y, más cerca del pop, a Stewart Copeland, en The Police. Pero ver de cerca al mismísimo Palmer, a metros de distancia en un teatro rosarino, es casi un sueño para quienes crecieron con esta banda sonora en el rígido emocional. Y antenoche, ante un teatro El Círculo que no estaba lleno, una página de la historia del rock sinfónico batió el parche.

En la pantalla gigante, un par de flashbacks televisivos ofrecían en la previa la trascendencia popular de ELP. Primero era una actriz de la serie "Cheers", un clásico de los 80, y después el interminable Homero Simpson. Todos citaban al grupo cuya música comenzaría a sonar minutos después, de la mano del único sobreviviente del trío.

La misma pantalla marcaba el paso inexorable del tiempo: dos fotos con Greg Lake y Keith Emerson, en cuyo homenaje se hizo el show de Carl Palmer's ELP Legacy. La voz de Lake no fue reemplazada en toda la noche y se extrañó, como también la guitarra acústica, aunque la viola eléctrica fue bien interpretada por el joven Paul Bielatowicz. A su lado, Simon Fitzpatrick se ocupó de un bajo de seis cuerdas y un stick, con los que sumó armónicos y melodías, que originalmente hacían los teclados.

Todos los ojos estaban sobre Palmer. ¿Estaría entero?¿Sería capaz de tocar con la misma velocidad y potencia que hace 40 años? El arranque con "Hoedown" lo mostró enfocado pero sin brillo, casi como un batero del montón. Pero cuando calentó motores fue imparable con su batería a doble bombo, con la que tocó más de dos horas en un despliegue intenso de talento y energía.

Cada tema era acompañado por videos y parecía que la música había sido compuesta especialmente para esas imágenes. Cuando sonó "The Barbarian", los gladiadores combatían en el Coliseo romano; en "Jerusalem" el aire de música sacra sobrevoló la escena y en "Carmina Burana" hubo espacio para la ópera y hasta un toque gótico.

Su pasión por King Krimson fue evocado con "Schizoid Man" y el pulso de Musorgski volvió a escena con un fragmento de "Pictures at an Exhibition", para cerrar con "Nutrocker", de la mano de Chaikovski. Lo clásico y el rock, piedra fundamental del rock sinfónico seguía marcando el camino. También hubo tiempo para "Lucky Man"; la demoledora "Fanfarria" y hasta "América", de The Nice, banda que integró Emerson.

"Estoy en buena forma, ¿no?", dijo Palmer, en referencia a su silueta en relación a sus casi 66 años. Pero todos los que fueron a El Círculo ni repararon en si tenía cinco o diez kilos de más, sólo querían ver la actual versión de aquel héroe de los tambores. El disfrute del último solo lo mostró además como un showman galáctico de los parches, capaz de mantener la atención de la sala durante 7 minutos al tocar aros, palillos, platillos, tambores y cencerro, sin perder ritmo ni musicalidad. La ovación cerrada con el teatro de pie disipó cualquier preconcepto mezquino y fue la mejor respuesta a aquella pregunta.

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