Escenario
Miércoles 21 de Junio de 2017

"El escenario es el mayor momento de libertad de mi vida"

El legendario músico brasileño pasó por Buenos Aires para dar dos shows y habló sobre qué lo motiva a seguir tocando a los 70 años.

Convertido en uno de los máximos referentes de la música latinoamericana de las últimas décadas, Egberto Gismonti pasó por Buenos Aires para ofrecer dos conciertos en la Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner: uno interpretando temas propios junto a la Orquesta de Música Argentina Juan de Dios Filiberto, y otro que fue exclusivamente un show solista. En el primero se lució con canciones como "Obertura", "Aguas & Dança", "Lundu", "Dança Dos Escravos", "Bodas De Prata", "Quatro Cantos", "7 Anéis", "Forrobodó", "Música De Sobrevivencia" y "Frevo", mientras que en el segundo salió a tocar sin un programa definido ejecutando guitarra (10 cuerdas de nylon y 12 cuerdas de acero) y piano.

   Dueño de un personalísimo estilo que cobija en sus diversos trazos lo popular, lo académico y la modernidad, el músico brasileño ya lleva 70 álbumes publicados. Uno de ellos, "Dança Das Cabeças", vendió más de un millón de copias, y también editó discos legendarios como "Mágico" (1979), "Circense" (1980) y "Zig Zag" (1995). En charla con Télam, Gismonti habló de sus padres y sus herencias musicales, de la importancia de seguir tocando en vivo y de las diferencias y similitudes de tocar con orquesta o solo.

   —¿Cuán importante es para usted el escenario?

   —El escenario es el mayor momento de libertad de mi vida. Cuando entro a una sala, no importa la cantidad de gente que haya, miro a las personas que están sentadas y pienso que antes de eso estaban en la fila para entrar al teatro y antes en sus casas planeando ir el concierto, y ellos sonríen como diciendo "acá estamos dándote nuestro tiempo de vida". Yo siempre les digo a los músicos: miren al público y consideren que ellos nos están dando su tiempo, por lo tanto no puede ser menor nuestro reconocimiento hacia ellos, tenemos que hacer lo mejor posible por respeto a ese tributo que nos entregan.

   —¿Eso lo motiva a seguir girando y tocando con 70 años?

   —Existe un pensamiento que dice que hay una línea del horizonte, un destino, y que seguir eso nos pone en movimiento. Mi línea del horizonte es la gente que viene a ver un show. Cuando entro en un escenario y recibo una recepción de amabilidad, de benevolencia, me siento deudor con ellos y obligado a dar cosas a cambio. Aunque el dinero me gusta, yo ya no necesito tocar para ganar dinero. Nunca vine a vender discos ni nada, lo que quiero es mantener esta llama de mi vida, encontrar personas que sin una razón excepto el impulso de la propia vida reciban la música que yo hago como algo que necesitan. Yo nunca trabajé para vender discos, ni uno, no hago eso en la vida. Cuando me dijeron de grabar fui grabando, así grabé 70 discos, pero nunca pensé "ahora voy a hacer un disco sobre tal y cual cosa", nunca. Yo tengo la conciencia de que el escenario es el lugar más importante del mundo para mí, es un universo que me fue dado como destino.

   —Siempre remarcó la importancia de la herencia familiar a la hora de hacer música: que su padre lo motivó a tocar el piano y su madre la guitarra. Sin embargo da la impresión de que su guitarra es dionisíaca, volcánica, masculina, mientras que su piano es femenino, maternal, aéreo...

   —Es una observación muy acertada. El piano, a pesar de ser un instrumento con mayores posibilidades rítmicas, que al final es un instrumento de percusión en el que algunos baten las cuerdas desesperadamente, tiene una dinámica capaz de dominar una orquesta sinfónica entera sin amplificación o tocar como una pequeña armónica. El piano tiene dinámicas para eso y solamente las mujeres pueden hacer eso. Hay que tener un vientre que pueda dar a luz para conocer ese espectro inmenso de posibilidades. Si comparamos al hombre con la mujer, el piano es un instrumento que tiene útero como las mujeres, la guitarra no, piensa menos, es un instrumento masculino, está y no está, tiene menos obligaciones. Concuerdo plenamente que el piano es femenino. Yo recuerdo a mi padre, era un árabe que hablaba mal el portugués, confundía los artículos y decía "minha filho va a tocar un instrumento aristocrático" (minha es femenino), por el piano, y mi madre decía "va bene el piano forte ma donde está la serenta, guitarra". Entonces yo estudié guitarra porque mi madre me lo pedía.

   —El manejo de la polirritmia y el aspecto narrativo de sus composiciones son otros de los aspectos que impactan a quienes siguen su música.

   —Cuando estoy tocando de pronto pienso en otra historia, y si la concentración es lo suficientemente buena, logro que haya dos músicas aconteciendo al mismo tiempo, algo que es muy divertido y que da una sensación de fragilidad inmensa, es como si uno estuviera en un precipicio fingiendo que no pasa nada. En cuanto a lo narrativo es un rasgo de mi música. Los títulos de todos los discos que hice en los últimos 40 años están relacionados con historias acontecidas dentro de Brasil. Para mí el relato es fundamental para hacer música.

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