Crítica | Teatro
Lunes 08 de Mayo de 2017

El deseo detrás de los vestidos

"Casa Valentina", que se presentó en el Broadway, ofreció una puesta entretenida y sin bajada de línea, aunque con desparejas actuaciones.

Vestirse de mujer puede ser un juego, un ritual o cierta perversión. "Casa Valentina", que se presentó a sala llena el sábado y domingo en el Broadway, deja abierta esta idea y es quizá lo mejor que tiene la obra dirigida por José María Muscari: exponer los costos y beneficios de una práctica anticonvencional, sin tentarse en la bajada de línea de la libertad sexual a cualquier precio.

La obra plantea un caso tomado de la realidad, que es la problemática de los crossdressers, que son heterosexuales que disfrutan vestirse de mujeres sin necesidad de tener deseos homosexuales.

Pese a algunas fallas de sonido, la puesta pudo exponer diálogos que navegaron entre lo risueño, lo efectista y lo reflexivo. Fabián Vena y Mario Pasik sobresalieron en un elenco con logrados rendimientos de Boy Olmi y Pepe Novoa, más una sorprendente performance de Cristina Alberó, una actuación sin brillo de Muscari y una breve pero precisa participación de Paula Morales.

Párrafo aparte para Diego Ramos y Roly Serrano, ya que ambos pusieron su cuerpo por encima de la actuación. El primero fue el más ovacionado por el público pero se la pasó exhibiendo sus músculos y sus piernas, y el segundo insistió demasiado con los chistes sobre su gordura, algo que debió haber reparado el director.

"Casa Valentina" es una obra que, sin brillar, entretiene e invita a reflexionar sobre el costado femenino que habita en todo mortal masculino. "Quiero ser un tipo normal", dice Valentina (Pasik) en un pasaje de la obra. Y lo bueno es que ese pensamiento, sumado a la pregunta de ¿qué es un tipo normal?, también queda latiendo cuando cae el telón.

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