Escenario
Viernes 07 de Julio de 2017

"El arte es una herramienta poderosa que no tiene colores partidarios"

Tonolec, el dúo que fusiona folclore y música electrónica, actúa hoy en Espacio 75. Su líder, Charo Bogarín, cuenta los secretos de su canto ancestral

Charo Bogarín se deja llevar por su ADN: ser tataranieta de un cacique guaraní e hija de un padre desaparecido en el 76 la llevaron a trasmutar el dolor en arte y eso es lo que logra en cada una de sus presentaciones.

La cantante y el músico Diego Pérez lideran Tonolec, el dúo que viene de realizar seis conciertos en China ante 40 mil personas y que se presenta hoy, a las 21.30, en Espacio 75 (Galpón de la música, Estevez Boero 980). Allí, Tonolec mostrará lo mejor de su repertorio que fusiona los cantos nativos de las etnias qom y mbya guaraní con música electrónica.

El recital, que se enmarca en el Concierto de las Estaciones organizado por el San Cristóbal, es con entrada gratuita y ya agotó todas las localidades.

En sus composiciones, Tonolec se nutre de lo ancestral y lo contemporáneo de manera justa y armoniosa realzando el espíritu de los pueblos originarios y la identidad musical argentina, que los posiciona como referentes del nuevo folclore nacional. Antes del show, Bogarín dialogó con La Capital sobre su repertorio, su experiencia filmando su nueva película en Africa, su futuro disco solista y su experiencia de cantar en China ante 40 mil personas. "Es muy luminoso estar en los lugares donde aún se palpa la ancestralidad".

—¿Cómo va a ser el show en Rosario?

—Vamos a presentar el nuevo álbum "Mitai", que son cantos nativos infantiles en lengua qom y guaraní. Mitai significa niño, se usa en Formosa, Chaco y Corrientes. Pero como va haber gente más grande, también haremos clásicos de nuestro repertorio como "El cosechero", "Indio toba" y chamamés de por medio, y como siempre mostrando la mixtura de la música electrónica con los cantos ancestrales, que es lo que identifica la propuesta de Tonolec. Vamos en una formación de trío con Lucas Helguero en la percusión.

—En sus shows se fusionan los cantos con las imágenes y el vestuario para crear un clima que remite a los ancestros, ¿qué relevancia tiene para la banda lograr esta fusión?

—Desde siempre, la propuesta de Tonolec es teatral. Se sincronizan el sonido, la voz, el vestuario y los climas a través de la luces, para llevarte a recorrer la selva litoraleña y que la gente, al percibir nuestras canciones, se sienta caminando por nuestras tierras norteñas. Todo esto lo genera la magia del sonido.

—Es necesario poder salir por unas horas de la rutina de la oficina y poder trasladarse a las raíces de la tierra...

—Absolutamente. Creo que sucede en todas las artes. Cuando entrás al cine vivís el clima que te propone la película. Cuando la gente ve nuestro show, entra en una interacción de lo ancestral con lo contemporáneo. Es algo difícil de explicar, es mejor percibirlo en el momento. La conexión con las raíces que propone Tonolec es una de las piedras fundamentales. Nuestra propuesta es generar, a través del arte, de la canción, una consciencia histórica de quiénes somos. Yo traigo a través de mi sangre una conexión con mis antepasados guaraníes. Siempre traigo la memoria de mi padre desaparecido y lo convierto de un hecho doloroso a un hecho artístico. Como sociedad, el arte es una herramienta poderosísima porque no tiene colores partidarios, no hay banderas religiosas, políticas, sociales o económicas. Por eso se trata de dejarse atravesar por un conocimiento que todos tenemos en nuestro ADN. Cuando la gente sale de los shows, sale con un aprendizaje, rememorando cosas que ya se olvidaron, como la conexión con la naturaleza que hemos perdido.

—¿Cómo es tu relación con los pueblos originarios hoy?

—Hace algunos años atrás tuve la oportunidad de estar con las comunidades qom y aprender en su suelo. En los últimos meses mi horizante se ha universalizado. Tuve la posibilidad de viajar a Africa y grabar allí una película de Pablo César, "Los dioses de agua", que co protagonizo con Juan Palomino. En Africa tuve la posibilidad de cantar y bailar con tambores africanos, junto a la etnia más antigua, que se llama Chokwe. Es impresionante ver las similitudes que hay entre nuestros pueblos originarios y los de otros continentes, con otro ADN, pero que con lo musical se hace más cercano.

—¿Cómo fue la experiencia de cantar en China?

—Dimos seis conciertos en diez días. En el último recital del nos presentamos ante 40 mil personas. Cuando cantaba una palabra en lengua qom, los chinos, por fonética, repetían lo que yo decía. Por eso, nuestras lenguas originarias le son mucho más cercanas a los orientales que a nosotros mismos. Ahí seguramente está la conexión de cuando la Tierra era una sola masa y las diferentes culturas se fueron de un gen único. El público estuvo abierto y feliz de recibir nuestra propuesta. Es muy luminoso estar en los lugares donde aún se palpa la ancestralidad.

—Además, estás por lanzar tu disco solista, "La Charo", que no tendrá la parte electrónica. ¿Cómo surgió esta inquietud?

—Son canciones que vengo macerando desde hace dos años, el disco ya está grabado y saldrá a la venta el 8 de septiembre. El disco fue concebido en el bosque de Peralta Ramos de Mar del Plata, donde tengo mi hogar con mi pareja, que es mi productor. Es un trabajo paralelo a Tonolec, porque no se acaba. Fue un explorar mío hacia nuestro continente, nuestros ritmos. El disco tendrá doce canciones, ocho de mi autoría y cuatro clásicos latinoamericanos.

performática. En los shows, Bogarín crea un atmósfera ancestral.

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