Escenario
Sábado 24 de Junio de 2017

Degradé: "Los músicos de esta ciudad ahora asumen su rosarinidad"

Los fundadores de la banda, Nahuel Marquet y Emiliano Cattaneo, hablaron de su nuevo disco, "Balneario", que hoy presentan en vivo.

Charlar de música con Nahuel Marquet y Emiliano Cattaneo es un viaje de ida. Los minutos pasan muy rápido, y hay pasión y curiosidad en todo lo que se dice. Las referencias pueden ir de Charly García a Damon Albarn, o de Alucinaria a Cielo Razzo, pero el denominador común es siempre el mismo: muchos discos escuchados, muchos años conviviendo con distintas experiencias y sonidos. Hace más de dos décadas, Marquet (voz, acordeón y guitarra) y Cattaneo (teclados y voz) fundaron Degrade, una de las bandas más representativas de la escena rosarina. Ahora, siguiendo con una discografía muy sólida que comenzó en 1999, Degrade vuelve con "Balneario", su sexto álbum de estudio. El grupo que se completa con Guido Benvenuti y Pablo Giulietti (guitarras), Lisandro Sagué (bajo) y Alvaro Manzanero (batería) regresó con nuevas canciones que, en sus propias palabras, tienen un sonido más pop, con guiños a los años 80, y que remiten a la infancia como inspiración.

"Balneario" fue co-producido junto a Dani Pérez (Sucesores de la Bestia) y ya se puede escuchar en Spotify, Bandcamp y YouTube. El formato físico (500 CDs y 300 vinilos) estará listo en unas semanas y se financió con el método de crowfunding, mediante el cual la gente puede donar determinada cantidad de dinero a cambio de recibir el disco después. Hoy Degradé presentará su nueva criatura con un show, a las 21.30, en el Galpón de la Música (Estévez Boero 980). Antes del recital, Nahuel Marquet y Emiliano Cattaneo hablaron con Escenario sobre las influencias que los marcaron, su amor por los vinilos y la evolución de la escena de rock local, que ellos conocen como pocos.

—¿Cómo nació "Balneario"?

Emiliano Cattaneo: Hace un par de años nos empezamos a juntar a hacer las maquetas. La diferencia es que esta vez teníamos un estudio propio, en mi casa. La carpeta original del disco, que tengo en la compu, es de 2014. Fueron apareciendo las canciones y el sonido se fue construyendo en sí mismo.

Nahuel Marquet: Como todos los discos que hicimos este nació por necesidad, por la necesidad de hacer música con Degradé.

EC: Siempre aparece ese motor, hay como una responsabilidad emotiva en sacar un disco. Lo que más nos sirve es ponernos límites de tiempo, y a partir de ese trabajo con presión siempre sacamos lo mejor.

—¿Qué creen que lo diferencia de los demás discos de la banda?

NM: Un disco es como un recorte de un momento personal de la banda, y eso ya marca una diferencia de por sí, sobre todo en las letras. Desde lo musical creo que es más pop, más rápido.

EC: Sí, tiene otro beat. Ese recorte del que habla Nahuel nos agarra más grandes, con ganas de contar las cosas de un modo más directo. Las canciones de este disco son menos encriptadas, son más simples.

—¿Hay nuevas influencias, algún sonido que haya permeado?

EC: Antes de empezar a grabar "Balneario" yo estaba muy enganchado con el último disco de los Strokes, algo que no tiene mucho que ver con nosotros en sí. Yo le decía a Pablo (Giulietti): "Mirá cómo trabaja (Albert) Hammond con los punteítos de guitarra". Después apareció el disco de Phoenix, que también nos gustó bastante.

NM: Yo creo de detrás del disco se sigue escuchando a nuestros padres: hay algo de García, de La Máquina de Hacer Pájaros. Uno siempre vuelve a la música que escuchó en un principio. También hay algo de Nebbia. Hace un tiempo nos convocaron para hacer un show en homenaje a Nebbia y creo que algo se filtró, sobre todo en los coros.

EC: Es cierto. En el audio se nota. En este disco yo me volqué a órganos más tradicionales, mezclados con sintes de la década del ochenta y órganos como el Vox. Creo que los ochenta sobrevuelan gran parte del disco. Y después hay cosas que están en el aire y que te pegan. A todos nos gustó el disco solista de Damon Albarn, y yo vi el show de Albarn en el Gran Rex y me voló la cabeza.

—¿Por qué el disco se titula "Balneario"? ¿Hay algún concepto detrás del título?

NM: Para mí la palabra "balneario" remite a la infancia. Es una palabra medio ochentosa, de la época en que uno viajaba con sus padres. La infancia, a medida que uno se va alejando de esa etapa, es una fuente de belleza y de inspiración.

EC: La canción "Balneario" plantea el recuerdo y el momento emotivo como un lugar seguro, pero no sintiendo la melancolía como un peso, sino como una herramienta del futuro. El disco en general plantea que todas las cárceles que inventamos son diseños nuestros. A partir de los 40 años la depresión es uno de los fantasmas más grandes que tiene un tipo: el miedo de que no salgan las cosas como uno pensaba o como uno se lo había imaginado. Esa situación de ver a amigos tirados en la cama me dio la sensación de que esa es una zona de confort también, y que inventamos nuestro propio infierno. De esa manera creo que también tenemos la posibilidad de diseñar nuestro propio "balneario", nuestro enero mental, en cualquier momento del día o de la vida. Me parece que todos los temas de este disco hablan de gente que ha recorrido un camino en la vida.

—Para editar el álbum usaron el método de crowfunding. ¿Cómo resultó esa experiencia?

NM: Muy bien, aunque nos propusimos juntar 45 mil pesos. Era un tope alto. Costó, pero llegamos.

EC: Lo que pasa es que hoy, editar 300 vinilos, sale 52 lucas. El crowfunding es una suerte de preventa, la gente aportó plata y en un par de meses tendrá el disco en su casa. Pero al principio no teníamos idea de si íbamos a llegar. Nunca sabemos cuánta gente nos escucha o podría responder, pero por suerte siempre salimos airosos de todo.

—Para algunos el crowfunding es polémico. Sobre todo en esta época, donde muchos discos se editan en formato virtual...

EC: Pero nosotros queríamos editarlo en vinilo. Lo del del CD fue incluso una segunda opción. Nosotros seguimos escuchando en vinilo. Aparte agarramos la última época del vinilo a full. A "Filosofía barata" me lo compré en vinilo. También tengo en vinilo discos de Depeche Mode y de Erasure. Hasta tengo discos de Roxette en vinilo (risas).

—¿Se consideran nostálgicos del formato físico de los discos?

EC: No. Pero lo que genera el vinilo es escuchar un disco como una obra íntegra y concreta.

NM: El vinilo te obliga por lo menos a escuchar un lado entero, porque no lo podés estar picando. Y eso está bueno. "Balneario" se gestó con ese concepto de obra. Y Dani (Pérez) también aportó en ese sentido desde el sonido. El lo veía como un todo.

—¿En cuánto cambió la escena rosarina de rock desde que ustedes empezaron hasta ahora?

NM: Cuando nosotros empezamos había una escena mucho más fragmentada...

EC: Facha, decilo (risas).

NM: Cada uno hacía lo que podía y hacía la suya. Después del 2000, y a través de Cielo Razzo, que siempre fueron muy generosos, se fue aceptando una cuestión más corporativa. Pablo (Pino) siempre lo dice: no es generosidad, lo que pasa es que yo siento que le debo a Coki (Debernardi), a Degradé y a El Coelacanto. Con los años se empezó a naturalizar una cosa más de escena, de cuerpo. Antes era como que todos señalaban lo malo de los demás.

EC: Nosotros arrancamos en el cambio de siglo, cuando vos ibas a un festival y de diez bandas ocho eran de blues. Nosotros éramos vistos como maricones. Eramos sapos de otro pozo.

—¿Y qué empeoró en la escena?

EC: A mí me parece que está buenísimo que ahora sea más fácil acceder a las herramientas de grabación, pero también eso hizo que se saquen discos como chorizos, sin un trabajo profundo detrás. Hay un caos en la cantidad de material.

NM: A mí me molesta que el rock haya perdido su faceta contracultural. Pero esto no pasó por culpa de las bandas, o al menos no de todas. El rock está en las vidrieras de las marcas de ropa. Hay un aggiornamiento, un acartonamiento del rock.

—Hay críticos que sostienen que el rock ya no tiene un espacio central en la cultura de hoy...

NM: Estoy de acuerdo. El rock perdió centralidad en la escena cultural, pero tampoco desapareció. Yo lo veo con algunos alumnos. Yo doy clases de música en un centro de día y hay pibes de todo tipo. Y les preguntás: ¿Ustedes escuchan rock? Y la respuesta es no. Te piden escuchar a un tal (Luis) Fonsi. Yo me pregunto dónde quedó esa cuestión contracultural que tenía el rock, porque eso es muy importante para un pibe. Tal vez el hip hop esté ocupando ese lugar... Otra cosa que hizo mucho daño es pensar que el que toca bien o suena bien es careta. Como si ser vanguardista fuera hacer las cosas mal. Eso es muy viejo, atrasa mil años. Es algo mal entendido por la cultura rock.

EC: Andá a ver si Sonic Youth o My Bloody Valentine tocan mal (risas). Yo creo que ahora hay bandas buenísimas que laburan muy bien. Sig Ragga, por ejemplo, te la vuela en vivo y te la vuela en los discos. Son pretenciosos y se cagan en el hit. Acá están Alucinaria, Ornitorrincos, Maxi Salvatore...

NM: También nos gustan Fede Leites, Lauphan, Juani (Favre), Pol Nada. Una cosa muy buena que pasó en los últimos años es que los músicos de esta ciudad ahora asumen su rosarinidad. En una época yo negaba a Rosario como Pedro a Cristo (risas). No sé por qué. Me decían: "Degradé suena rosarino". ¿Y a qué querés que suene? En Buenos Aires nos señalan como "ah, rosarinos". ¿Y qué? ¿Está mal?

—Es que hay bandas que no quieren saber nada con la Trova...

NM: Lo que pasa con la Trova es que nosotros no podemos negar una influencia que estuvo en el aire, que era el clima de época cuando nosotros éramos chicos.

EC: Para nosotros Fito Páez fue clave. Y Páez es el 50 por ciento de la Trova.

NM: Sí, nosotros somos altos hijos de Fito Páez, ¿por qué negarlo? Ahora hay un pibe de Mendoza, que no recuerdo cómo se llama, que lo ven como la gran revelación. ¡Y lo que hace es igual a Fito! Fito es una gran influencia para todos. Ahora hay toda una generación que tiene una identidad local, como Lauphan mezclando música del Litoral o Fede Leites hablando del río. Así que tomá, porteño (risas).

¿Festejar aniversarios? No, gracias

Más allá de los recitales, Nahuel Marquet remarcó que "la razón de ser de Degradé son los discos". "Para nosotros sacar un disco es un compromiso. Y por eso nos tomanos nuestro tiempo para hacerlos bien. Lo fundamental es que el disco nos represente", afirmó. En ese sentido, Emiliano Cattaneo rescató el valor de la novedad y cuestionó los "shows aniversario": "En 2011 podríamos haber salido a tocar por los 20 años de «Agua», que para nosotros fue un disco súper importante. Y este año se cumplen diez años de «La hora azul», un disco que nos llevó por todo el país. Pero nosotros no podemos estar pensando en hacer un show por el aniversario de un disco. Todo ese autobombo no va. Para mí lo valioso es hacer un disco nuevo. Hay que justificar que vos estás pelado porque hiciste un montón de canciones y pasó el tiempo, y que la música es el motor de tu vida", remató.

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