Escenario
Domingo 23 de Julio de 2017

De cómo, sin querer, Dios crea diablos

"Divinos Siervos", dirigida por Magalí Eguiluz, seguirá su temporada de estreno en agosto.

La apariencia vestida de recuerdos y compañerismo no es necesariamente garantía de armonía. Y mucho menos de cordura. Más todavía cuando, 20 años después, una propuesta de trabajo congrega nuevamente a tres camaradas de una agrupación religiosa de jóvenes. Antes los unía la vocación y ahora la necesidad, aunque eso no sea lo único que ha cambiado. Intentando explorar las secuelas psicológicas de la educación confesional (católica en este caso), y con un texto propio basado en la improvisación y la creación colectiva, la obra "Divinos siervos", con dirección de Magalí Eguiluz, se estrenó el 2 de junio, se puede ver el próximo sábado en el teatro La Morada, y luego volverá al mismo escenario de su debut, el Teatro de la Manzana, para continuar su temporada durante agosto.

En base a la llamada dramaturgia de actor(triz), Anahí González Gras, Fernando Sierra y Martín Iriarte trabajaron junto a la directora, también actriz y formada en las artes del circo, un guión donde la premisa fue considerar a la actuación como generadora de ficción. Colegas en el espacio de entrenamiento de Gustavo Guirado, pensaron en un dispositivo despojado de escenografía, con luces plenas y una fuerte impronta en la interpretación.

El TRÍO. Así, los alguna vez amigos se reúnen convocados por uno de ellos con vistas a emplearlos. Todos pasan del nerviosismo inicial a la rememoración y de allí a la lisa exposición de sus actuales personalidades. Es en ese momento en el que se destaca la labor de González Gras quien consigue transmutar en una mujer con delirios místicos a través de buenos recursos de composición. Acompaña Sierra como un hombre misterioso al borde de la perversión, mientras que Iriarte es quien se empeña aún en moldear un personaje tosco y sin preparación intelectual.

Por otro lado, es interesante observar la manera en la que la obra se apropia del espacio, porque, si bien la acción se desarrolla en un plano (el de la reunión de los amigos sentados a la par) cuando se paran, se trabaja en un plano paralelo, situación que sorprende y ayuda a la comunicación con el público. Esto es debido a la suposición de que la obra se llevará a cabo siempre en espacios reducidos y con la platea casi encima de los intérpretes.

Otra particularidad es el tono utilizado para la alocución que en un principio es bajo y monocorde pero, cuando la trama se complejiza, se eleva a niveles de locura contenida.

De esta manera, "Divinos siervos" pone el dedo en la llaga cuando de educación, religión y sociabilidad se trata. Y lo hace con profundidad y decisión. Como debe ser.

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