Escenario
Domingo 08 de Octubre de 2017

Cuando nuestros viejos estaban recién llegados

Dirigido por Hernán Peña y Cielo Pignatta, el colectivo teatral Bondi montó la suite criolla "Grotesca".

Las primeras décadas del siglo XX le dejaron a Rosario un mote, el crisol de razas, debido a la llegada, permanencia y asentamiento de una oleada de inmigrantes de muchas nacionalidades que llegaba a América con la promesa de dejar atrás la pobreza y luego la guerra. De sus vivencias y recuerdos, de sus alegrías y tristezas, y de su tierra encarnada en una poseía o una canción se nutre "Grotesca", una obra de una docena de actos que apela a la historia de la mayoría de los habitantes de esta ciudad y manipula, con fino tacto, la sensibilidad y la paciencia de los espectadores. La suite criolla encarada por el numeroso colectivo teatral Bondi bajo la dirección de Hernán Peña y Cielo Pignatta hizo su temporada de estreno el mes anterior en el Teatro El Rayo Misterioso y se podrá ver en noviembre, con fechas aún por confirmar, en La Sonrisa de Beckett.

El grupo tiene un año de formación y ya tiene en su haber una recordada versión de "Antígona Vélez", de Lepoldo Marechal, que el año pasado se vio en la misma sala de calle Entre Ríos al 1000 mencionada anteriormente.

Esta vez, la agrupación ahondó en el grotesco criollo, un género artístico nacional propio de las caóticas ciudades en crecimiento de principio del siglo pasado, y en el que se mezclaban casi impúdicamente la comedia y la tragedia siempre impregnadas por un costumbrismo más cercano a los padecimientos de las clases bajas que a las luces de las altas.

De esa indagación es hijo un texto de elaboración de dramaturgia colectiva en el que se mezclan muchos personajes de distintas nacionalidades, y de diferente calaña moral y ética, en el marco de uno de tantos conventillos, de sus habitaciones, de sus patios, pero también de otras casas más pudientes, como sus dueños u ocupantes, o de un prostíbulo, o de una plaza.

Numeroso. La obra pone en escena a 19 actrices, actores y músicos, quienes además conforman una orquesta, que a veces separa y otras acompaña los actos. Se trata de un recurso casi imprescindible a la hora de consolidar el imaginario de la inmigración, donde, claro, domina el triste sonido de algún acordeón que cruzó el Atlántico.

Así Dannae Abdalla, Angie Ambrogi, Karina Ayerza, Claudio Benítez, Gisela Bernardini, Hilda Bryndum, Lucas Cristofaro de Vicentis, Daniel Feliú, Facundo Fernández, Julia Castillo, Verónica Leal, Vicky Olgado, Franco Perozzi, José Pierini, Ebelyn Rita, Nicolás Terzaghi, Mónica Toquero, Marita Vitta y Natalia Zatta construyen 57 personajes que a lo largo de 12 pequeñas historias estructuran un relato fragmentario pero temático, ingenioso aunque a veces repetitivo en su devenir y sobre todo de una melancolía que la música ayuda a solventar.

Riqueza. "Grotesca" no tiene escenografía, o mejor dicho, el febril quehacer artístico que incumbe a intérpretes, vestuaristas, peinadores y maquilladores, siempre escondido al público, se usa aquí de fondo. Es decir, mientras se desarrolla la puesta, los protagonistas se cambian y preparan a la vista de la platea, ofreciendo un costado inusual del teatro que, a su vez, expone la riqueza visual de la obra.

De allí que cobren una medida importancia los pocos objetos utilizados y que aparecen como por arte de magia gracias a un sorpresivo movimiento de la troupe que se repite para enlazar los actos.

Cobra real importancia en la dinámica de la obra la poética heredada de Armando Discépolo, de fácil reconocimiento por parte de la platea, y una de las formas a través de la cual la historia se hace similar a la vida de todos los que participan del ritual teatral.

Y si bien las particularidades son evidentes, podrían ser éstas las historias de millones de migrantes en cualquier época y parte del mundo que con su eterno movimiento van implacablemente señalando las miserias que les toca vivir. Un ciclo inacabable que deja su impronta en "Grotesca" y la hace profunda y extensa, con repeticiones a veces innecesarias, pero de gran sensibilidad creativa y estética.

Además, se tratan con respeto y mordacidad los conflictos sociales e individuales, y los del corazón, en una línea de tiempo siempre latente que ayuda a la comprensión integral de la obra. Así, "Grotesca" se muestra como un canto a aquellos que nos precedieron, con un género propio y apreciables actuaciones, aunque la nostalgia llegue en varias ocasiones a empañar los ojos.

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