Escenario
Miércoles 24 de Mayo de 2017

Confesiones de cuatro grandes de la pantalla a solas con La Capital

Dustin Hoffman, Adam Sandler, Ben Stiller y Emma Thompson dialogaron por el estreno de "The Meyerowitz Stories"

Cannes (Francia). Pocas horas después de la ovación de cuatro minutos con la que la audiencia de Cannes recibió a la nueva película de Noah Baumbach, "The Meyerowitz Stories", La Capital tuvo el privilegio de poder sentarse a hablar con sus protagonistas, monstruos del cine con trayectorias muy distintas pero en donde el éxito ha sido una constante. En el filme que recién podrá verse a finales de este año, Dustin Hoffman encarna a un padre que nunca ha tratado bien a sus hijos, interpretados por Ben Stiller y Adam Sandler, quienes aún así intentan mantener un vínculo que no siempre es fácil, entorpecido muchas veces por la presencia de su esposa alcohólica (Emma Thompson). Los temas del filme ayudaron a que Dustin, Ben, Adam y Emma se relajaran y contarán sus propias historias.

—Adam y Ben, ¿cómo fue volver a trabajar juntos?

Ben Stiller: fabuloso. Nos conocemos con Adam desde hace 30 años. Nos vimos por primera vez en MTV y luego trabajamos juntos 20 años atrás en "Happy Gilmore", pero no nos salió bien. Desde entonces hemos estado hablando de hacer algo juntos. Hubo algunos proyectos pero no llegaron a concretarse y hace unos 3 años nos encontramos por casualidad y volvimos a hablar sobre la posibilidad de colaborar. Además siempre estamos conectados porque nos confunden todo el tiempo. Me hubiese encantado hacer "El aguador"...

Adam Sandler: y a mí "Loco por Mary"... Hace un par de días entré en un restaurante aquí en Cannes cuando ya habían cerrado la cocina y traté de convencerlos de que me sirvan igual. Mientras esperaba, escuché que el mozo le decían en francés al cocinero: "hey, ahí afuera está Ben Stiller...". Por suerte cualquiera de los dos nombres funciona y siempre nos terminan dando la mejor mesa.

—La película habla sobre los padres que no atienden a sus hijos por perseguir sus propios sueños. ¿Cómo ha sido para ustedes?

Emma Thompson: es muy difícil. Hay veces que no queda otro remedio que ser enormemente egoísta. Cuando vas a filmar no podés hacer los dos trabajos al mismo tiempo, ser actriz y ser mamá.

BS: es cierto, es un desafío tener tiempo por igual para tu carrera y para tus hijos. Mi esposa también es actriz, y ella decidió que iba a dedicarse de lleno a ser mamá cuando tuvimos a nuestra primera hija. Yo le estoy muy agradecido por haber asumido ese compromiso, porque por lo menos siempre uno de los dos estaba en casa. A medida que pasan los años te vas dando cuenta que la vida se marcha rápido y los chicos crecen a pasos acelerados. Es duro, porque no puedo estar cerca de la familia todo el tiempo. Finalmente tuve que decidir que quería trabajar menos para poder disponer de más tiempo para compartir con ellos.

Dustin Hoffman: me sorprende que hay muchas cosas de las que no me puedo acordar con respecto a mis hijos y de mi vida en general fuera de los sets. Obviamente tengo muchas fotos de la familia, y las miro, y no me acuerdo cuándo se tomaron o donde estábamos, pero si estoy cambiando canales en la televisión y de pronto me encuentro con una vieja película mía, inmediatamente me acuerdo de qué trata, de quienes trabajaron, y de cómo fue la experiencia. Me encantaría poder acordarme de la vida de la misma forma en la que me acuerdo de los rodajes. Supongo que tiene que ver con una intensidad cuando actúo que no se repite en la vida cotidiana.

—El personaje de Dustin Hoffman en el filme se siente muy frustrado porque nunca alcanzó la celebridad de sus colegas. ¿Valoran que en sus casos, podrían retirarse hoy y nadie los olvidaría?

BS: no, porque yo no pienso en términos de celebridad sino de creatividad. Yo no quiero dejar de hacer esto hasta que no me quede otro remedio que parar. Me sorprende que Dustin, con la carrera que tiene, siga interesado en cuál va a ser su próximo desafío. Por supuesto, todos podríamos parar ahora y no seríamos olvidados, pero no es eso lo que nos interesa, sino el proceso de hacer una película. Yo lo seguiría haciendo aún cuando nadie me hiciera caso.

ET: es bueno cuando uno pierde un poco de su celebridad porque yo creo que termina siendo contraproducente para un actor. Yo comparo la celebridad con llevar atados a tu espalda un enorme manojo de globos, vayas adonde vayas. La gente se te tira encima pidiéndote un globo mientras uno trata de decirles que no los está vendiendo, y que no hay nada que pueda hacer para quitarse esos globos de encima.

DH: la celebridad te transforma, eso no hay dudas. Lo mismo te pasa con el éxito, y yo creo que es un demonio mayor que la celebridad. Salvador Dalí hizo una película con Buñuel, "Un perro andaluz", y el director dijo que el problema con Dalí es que fue exitoso siendo joven, y cuando vio que era lo que le gustaba al público, nunca cambió. No tuvo un segundo acto tan creativo como el primero. Es como cuando uno trabaja en el teatro. En la segunda función tratás de no repetir lo que hiciste en la primera, pero es imposible, y ya no tiene la misma gracia.

ET: la clave es seguir fracasando...

AS: en mi caso, yo me alegro cada vez que aparece una oportunidad como esta. Es un privilegio que me hayan invitado a participar. Quiero seguir haciendo proyectos arriesgados, porque tal como lo ha dicho Ben, esa es la mejor parte de trabajar en el cine: trabajar en algo que te resulta real y en donde estás poniendo lo mejor de vos mismo.

—La película también habla de legados. ¿Qué es lo que les gustaría dejar cuando se marchen?

DH: ¿cuándo nos marchemos de esta habitación? Hablando en serio, espero que crean que no cometí ningún error...

ET: yo creo que lo del legado es un concepto muy masculino. Sólo a los hombres les interesa que los que dirá la sociedad cuando ya no estén aquí. A mí me importa un comino lo que piensen de mi cuando me muera. Los únicos que quiero que me recuerden son mis familiares y mis amigos, y eso no es un legado, es una conexión emocional.

DH: en cambio, a mi sí me interesa. Quiero que pongan mi cara en el billete de 20 dólares...

Gabriel Lerman

Especial / La Capital

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