Escenario
Martes 16 de Mayo de 2017

"Con Manal tenemos que tocar para mucha gente y despedirnos abrazados"

El mítico guitarrista Claudio Gabis habló de la fallida reunión del trío que integraba junto a Javier Martínez y Alejandro Medina. "Quedó una deuda con el público", aseguró

Volver. Claudio Gabis está radicado en España, pero todos los años regresa a la Argentina para girar por el interior y tocar con músicos locales.

Con más de 41 años fuera del país, Claudio Gabis está de regreso. El legendario guitarrista de Manal acaba de empezar una gira por Argentina que incluirá 20 conciertos a lo largo de casi dos meses. El tour lo llevará por la Patagonia, el Litoral, el interior de la provincia de Buenos Aires y el centro del país. Gabis tomó la costumbre de visitar una vez por año la Argentina para realizar una recorrida musical por el territorio nacional, en conciertos en los que comparte escenario con artistas locales. Como principal premisa, el músico se planteó actuar en pueblos en donde no suelen presentarse figuras de renombre, y brindar sólo un show para porteños y habitantes del conurbano en Mr. Jones, el reducto ubicado en Ramos Mejía.

Gabis también había regresado al país para una promocionada reunión de Manal (en el teatro Gran Rex, el 4 de mayo), que finalmente se canceló. "Quedó una deuda que siento que hay que satisfacer. Tenemos que tocar para mucha gente aunque sea una vez y despedirnos abrazados", dijo el guitarrista en charla con Télam, y también explicó por qué su reunión con el baterista Javier Martínez y el bajista Alejandro Medina quedó trunca.

En una extensa entrevista, Gabis se refirió además a su particular gira por el interior y aseguró que el legado de Manal permanece vigente porque "hay una necesidad de recuperar la identidad cultural".

—¿Qué significa para usted esta nueva gira por la Argentina?

—Es un logro. Para mí es épico, porque significa desarrollar una carrera que no pude desarrollar antes. También significa la continuidad de mi carrera en la Argentina. Es la gran oportunidad, debido a mi modalidad de viajar solo, de tocar con músicos locales muy buenos, insospechados. Otra de las cosas que me permite es reaparecer, porque llevo 41 años fuera de la Argentina. Entonces, el poder mantener mi nombre más o menos conocido, hacer estas apariciones, viajar, tocar y ser entrevistado es un triunfo desde la reelaboración de mi figura artística.

—¿Qué se lleva de esos lugares?

—Lo primero que me llevo es un montón de mates y bombillas que me regalan (risas). Me llevo experiencias, un montón de gente nueva que conozco. Musicalmente esto implica un ejercicio de amplitud musical, de preparación para lo impredecible, que te entrena. A veces me llevo conocimiento de cosas que no tenía idea porque tal vez toco con gente que, además de blues, toca bagualas o chacareras. En general, me llevo muy buenas experiencias. Es muy enriquecedor. Yo recomendaría que muchos lo hagan. Que agarren la furgoneta, el teléfono, las redes sociales y lo haga. Yo prevengo que no es divertido, es cansador, pero es gratificante. Estas giras son probablemente lo más interesante a nivel profesional que he hecho en mi vida.

—¿Por qué cree que es algo que no hace nadie?

—Porque hay dificultades como la distancia y los costos, son muchas horas de viajes. Yo fui armando esta red en la cual un porcentaje altísimo de los compromisos surgen de Facebook. Son lugares que no están en ningún circuito especial pero tienen apetencia en que vaya alguien que hace esta música, porque no va nadie. A veces hay que ser paciente y flexible con los músicos y los resultados que se pueden obtener, porque no hay mucho tiempo de preparar nada. En estos casos, he ido construyendo a partir del defecto. Hay cosas que se presentan precarias, llenas de incertidumbre por inexistencia de un contrato, y eso se sustituye con espontaneidad, improvisación, dinámica, mucha paciencia, tolerancia, generosidad y pasión.

—¿Siente que hay continuadores de la obra iniciada hace 50 años por Manal?

—Sí, hay una continuación. Las semillas estéticas, formales y artísticas que plantamos prendieron y enraizaron de una manera que nosotros jamás hubiésemos pensado. Pero a todo eso hay que buscarlo con lupa, porque no necesariamente está reflejado en los medios.

—¿Cree que hubo una reivindicación de esa obra en estos últimos años?

—Sí, es así. Hubo una ruptura en el Proceso que se encargó de desguazar la cultura alternativa. Pasó la guadaña sin discriminación. Luego quedó como que todo lo de aquella época era triste, aburrido, pasamos a ser considerados representantes de una época que terminó muy mal. En los años 90 hubo una recuperación a nivel under y en los últimos años hay una necesidad de recuperar la continuidad cultural. La gente dijo: "Esto está bien, pero este árbol tiene raíces y queremos verlas". Hay una necesidad de recuperar el hilo de la identidad fragmentado desde hace 200 años.

—¿Cómo vivió la reunión de Manal en 2014, en el club Red House de Buenos Aires?

—Fue fantástico, porque Manal había terminado mal y eso nos obligó a volver a estar juntos. Puede no haber buena onda entre nosotros, pero cuando Manal toca la onda es buena y eso nos supera. Fue un milagro gestado por (Jorge) el "Corcho" Rodríguez (el dueño de Red House), que funcionó bien y quedó documentado en CD y DVD. Lo que quedó pendiente es un concierto grande para la gente, que tendría que haber ocurrido ahora.

—¿Qué pasó con esa fallida reunión en el Gran Rex?

—Se fijó la fecha y hubo tratativas normales de la producción con cada uno de los miembros del grupo por separado. Hubo cosas que intenté cambiar porque no me gustaban mucho, y supongo que Alejandro Medina y Javier Martínez habrán estado haciendo lo mismo. Hasta que por razones formales, organizativas, económicas y anímicas, la producción me comunicó que se cancelaba la fecha. No volví a hablar con nadie ni tuve una explicación. Calculo que habrá habido buenas razones, sino no lo hubieran hecho. Ahora, creer que fue por un desencuentro de la productora con algún miembro por dos o tres elementos formales de quinta categoría en el contrato, es como creer que el motivo de la caída de un avión fue porque un pasajero estornudó. Se canceló porque de repente la productora no la vio y decidió que no se justificaban las tratativas que estaba llevando con cada uno de nosotros.

—¿Le quedó un sabor amargo?

—No. Quedó una deuda que siento que hay que satisfacer. Tenemos que tocar para mucha gente aunque sea una vez y despedirnos abrazados. Es dificilísimo, pero creo que se tiene que hacer. El "Corcho" logró el milagro hace tres años pero esta vez no lo logró. Tal vez se hartó de nosotros y no lo puedo criticar por eso. Pero tenemos una deuda con el público difícil de saldar, salvo que aparezca un Cid Campeador moderno.

"Hay una necesidad de recuperar el hilo de la identidad cultural,

fragmentado desde

hace 200 años"

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