Escenario
Sábado 06 de Mayo de 2017

"Casa Valentina" y el coraje de los hombres que se animan a ser mujeres por un rato

Fabián Vena y José María Muscari contaron cómo fue el abordaje de la comedia dramática que se estrena hoy en el Broadway, sobre el impulso masculino de vestir ropa de mujer.

Hay que ser muy hombre para animarse a ser mujer por un rato. Eso es lo que hacen los crossdressers en "Casa Valentina", un refugio para quienes cambian trajes por polleras y pelucas, y también el nombre de una exitosa obra teatral que ahora llega a Rosario. Fabián Vena, Diego Ramos, Boy Olmi, Roly Serrano, Pepe Novoa y José María Muscari, también director de la pieza, interpretan los personajes de esta comedia dramática cuyo elenco se completa con Cristina Alberó y Paula Morales y subirá a escena hoy, a las 21, y mañana, a las 20.30, en el teatro Broadway (San Lorenzo 1223).

Estrenada en el verano del año pasado, y luego de varios premios y de una exitosa temporada en Buenos Aires y en Mar del Plata, las funciones del Broadway son parte de una gira que incluye Uruguay y gran parte del país. Vena y Muscari contaron a Escenario cómo estos personajes tienen el impulso de transformarse sin perder la propia identidad de género y qué desafíos y prejuicios debieron enfrentar al componerlos.

   "El desafío más grande siempre es interpretar personajes que están más alejados de uno", dijo Vena. "En mi caso -continuó- son los que más me atraen. Meterse en un mundo particular, que no se conoce, personajes que permiten trabajar mucho con la imaginación, que son verosímiles o que los ves en situaciones parecidas, pero que te permiten indagar sobre ese mundo e imaginártelo con mucho más brillo de lo que uno cree que tiene. En este caso son personajes muy particulares, porque tampoco son tan conocidos los crossdressers. Había muchas más incógnitas y riesgos que asumir. Más allá de la primera conversación que tuve con José María cuando me habló del espectáculo me pareció muy atractivo. Cuando leí el texto, a medida que iba avanzando me impresionaba más el material, y ví que trataba a los crossdressers con un nivel de conocimiento y respeto conmovedor. Cuando terminé el texto dije que ojalá que lo que plantea este espectáculo es que trascienda la idea de ver a hombres actores vestidos de mujer", afirmó.

   Para Muscari, vestirse de mujer lo enfrentó a un "tabú" personal. "Para mí siempre fue un gran tabú el tema de vestirse de mujer, nunca me divirtió. En mi caso, que soy gay, que soy asumido, nunca me gustó que se asocie mi sexualidad al deseo o la pulsión de vestirse de mujer, por lo cual como actor tenía un montón de prejuicios que por suerte pude desandarlos, primero como director para guiar a este grupo de actores. De hecho mi personaje era de Nicolás Riera, un galán por el que las mujeres mueren. Por eso también fue muy gratificante ese personaje que se llama Miranda, que es la debutante en ese universo. Y creo que ese trabajo que hice desde afuera me ayudó ahora que también subo al escenario, a hacerlo sin prejuicios. Tenía un montón de pruritos, pero la obra, la complejidad emocional y todo el trabajo hecho con mucho respeto y profesionalidad, me ayudó a dejar de lado los prejuicios".

   En ese sentido, aseguró que evitar los estereotipos de la persona afeminada fueron algo central. "De hecho en el espectáculo no hay nada que se parezca a la idea del gay que se traviste para hacer un show en un boliche ni está asociado al travestismo ni al concepto de montarse. Nosotros tuvimos que analizar y escuchar cómo era el universo de los crossdressers, tuvimos que investigar y hacernos muchísimas preguntas. Creo que lo mejor de "Casa Valentina" es que abre interrogantes que no responde y que nos encuentra como espectadores frente a sexualidades muy diferentes".

   En la obra, basada en historias reales, originalmente está ambientada en 1962. El autor, Harvey Fierstein -también responsable del musical "La jaula de las locas" y de la obra "Algo en común"- intentó reflejar con buenas cuotas de humor el universo singular de los crossdressers. donde los límites entre masculino y femenino se hacen difusos.

   Los personajes forman parte de un campo amplio de actividades. En la casa del anfitrión, que adopta el nombre de Valentina, junto a su mujer, interpretada por Cristina Alberó, recibe a un militar, un juez, un profesor de literatura y un bancario, entre otros. Cada uno llega con su historia y sus conflictos a cuesta, entre los cuales su impulso es casi siempre un secreto que a veces se vive con culpa.

   "Me encontré con un mundo fascinante", dijo Vena sobre este texto. "No sabíamos quiénes ni cómo son los crossdressers. Al no estar emparentado a la sexualidad, tampoco los psicólogos y psiquiatras llegaron a un punto muy claro, aunque saben que es mucho más que el fetichismo. No es solo el contacto que tienen con la ropa de mujer. Me parece que pasa más por el deseo de sentirse mujer. En un momento Valentina dice «somos la expresión externa del interior femenino»".

Rol social. Los roles que adjudica la sociedad, son centrales, consideró el actor. "Pasa más por quitarse por un rato la capa del macho alfa y habitar el mundo femenino desde un lugar compensatorio del género. Tengo una terapeuta amiga que dijo que en la medida que los géneros estén tan polarizados poco vamos a acercarnos. Si el hombre supiese más de la mujer y la mujer del hombre estaríamos mucho más cerca. Siempre con la idea clara de que uno lleva los dos rasgos, culturalmente, o por historia uno se permite sacar o no el otro. Ahí me dí cuenta que iba mucho más allá del travestismo o de una expresión artística como hacen los drag queen, y que en este caso tiene que ver con sentirse mujer por rato".

   Para elaborar los personajes, el elenco se reunió con miembros de la agrupación de crossdressers de Argentina reales de la ciudad de Buenos Aires. "Tuvimos la suerte de conectarnos con un grupo de crossdressers y teníamos muchas preguntas, por ejemplo qué pasa con la voz, cómo será su manera de comportarse, cómo serán sus historias. Y de las cuatro o cinco preguntas no tuvimos que hacer ninguna porque vinieron diez montados a mostrarnos cómo son y a contarnos historias que nos permitieron darnos cuenta de las respuestas", contó Vena.    Entre esas características enumero: "No cambian la voz porque no son actores, en todo caso suavizan el tono, ralentan el ritmo. Y la exposición que tienen en cuanto a su vestimenta y maquillaje es asombroso, porque no se cargan demasiado, sino todo lo contrario. A la hora de arreglarse, con simplicidad, generan una femineidad muy reconocible y tan fuerte como la de una mujer, aunque el 80 por ciento su familia no lo sabe, lo que no deja de ser una actividad casi oculta, a pesar de lo cual llevan adelante su deseo". "Eso -agregó Muscari sobre la reunión- nos ayudó mucho a entender ese universo y no juzgarlo o hacerlo desde un lugar exterior o desde el prejuicio o el desconocimiento".

   La obra no se detiene en la anécdota. Al contrario, los dos artistas sostuvieron que uno de los conceptos que intenta desarrollar el texto es la necesidad y la importancia de encontrar un espacio en el que ejercer la libertad, y tener el "coraje" para hacerlo.

   Así lo explicó Vena: "Lo más importante que tiene la obra como reflexión, tiene que ver con el coraje de llevar adelante el deseo más allá de cualquier condicionamiento social, cultural o familiar. A cada uno le pega de distinta manera y la obra está muy bien construida, entrás en el mundo de ellos, comprendés, y después tiene el baldazo de realidad que es el que trae el personaje de Paula Morales al final de la obra. Yo pienso en los espectadores, tanto hombre o mujer, el que quiso jugar al tenis durante 30 años y nunca pudo, la que quiso ir al cine los jueves y nunca pudo. Si esta gente es capaz de llevar adelante su deseo teniendo tanto en contra, por qué nosotros no podemos concretar deseos mucho más realizables. Y cuando la reflexión y la idea profunda te entra a través del humor, entra más profundamente".

   Según el actor, él comprendió la singularidad de los personajes contrastándola con su propia experiencia. "En principio tienen mucho coraje de llevar adelante algo tan extremo, la idea de no sentirse tan polarizado. Por ejemplo, Valentina llega a su casa y dice «quiero cambiarme porque me siento asfixiado con este traje». Hasta a mí me ha pasado. Hago chistes diciendo que soy un simple heterosexual. Dentro de mi vida el año pasado, tantas cosas que uno hace, grabando, trabajando, llevando los chicos al colegio, disfrutando de estar con mi mujer, en un momento, era un viernes y había terminado la jornada dije «qué suerte que voy a hacer un poco de mujer». Y ahí entendí qué les pasa. E incluso nos lo dijeron que tanto tiempo de macho alfa necesitan relajarse un poco. Todas las profesiones de las personas con las que charlamos, son profesiones muy masculinas. Ahí hay algo de necesidad de compensación, y es loable cuando tienen todo en contra".

Ironía. Muscari añadió que, además, la forma en que el autor habla de estos temas. "Para mí el texto tiene una gran inteligencia e ironía, mordacidad y situaciones casi de policial y de alto impacto conceptual para hablar de un tema que es universal y que me parece que nos toca a todos sin importar la edad, se sexualidad o el género, que tiene que ver con la libertad, y con el miedo a atrevernos a aceptar lo diferente cuando no lo entendemos".

   "Creo -continuó- que en general nos cuesta entender al diferente porque todo lo pasamos por el tamiz propio y el autor tiene la gran inteligencia de llevar nueve personajes que son nueve diferentes formas de ver la vida y de pararse frente a lo que significa la libertad y la diferencia. Creo que el espectador se identifica en algunas de esas posibilidades por lo cual si tuviera que decir neurálgicamente de qué habla «Casa Valentina», para mí habla del miedo a asumir los riesgos de la libertad".

   Para el director, que la pieza esté ambientada en la década del 60, funciona como espejo y contraste de los avances que sobre estos temas tuvo la sociedad en las últimas décadas. "Es muy particular que la obra no se sitúa en la actualidad, sino en los 60 cuando la homosexualidad era perseguida por la policía y para la medicina era una enfermedad o un trastorno sicológico, por lo cual era imputada por la ley pero además los homosexuales o el miedo a los homosexuales hacía que se la señalara como una enfermedad. Por lo cual creo que el espectáculo al trasladarlos a unos atrás nos hace ver cómo un montón de cosas han evolucionado y cómo a pesar de esa evolución sigue existiendo tanta injusticia e incomprensión alrededor de la vida de las personas".

   Sin embargo, explicó que la orientación sexual no forma parte del conflicto de los personajes. "Creo que la obra es un éxito porque desde la comedia también toca un montón de valores que como sociedad todo el tiempo nuestro acontecer nos obliga a revisarlo. Además el gran conflicto que tienen los personajes es que no son gays, son heterosexuales, con familia, con mujeres, hijos y nietos que se escapan de sus familias y se recluyen en esta casa que brinda estos servicios los fines de semana porque sus familias no comprenden este costado femenino y la mayoría de la sociedad confunde eso con la homosexualidad. Creo que el espectáculo también habla muchísimo de la discriminación, de la tolerancia al diferente. De hecho, aun ellos desarrollan en algún momento un costado muy homofóbico. Entonces el autor tiene la inteligencia de poner en la boca de hombres vestidos de mujer conceptos de mujer, lo cual es muy shockeante y a la vez entra por el humor. Uno de los mejores textos del espectáculo lo dice Fabián Vena, que dice «Todos ustedes están casados, son heterosexuales, tienen hijos, yo no estoy casado, pero no soy gay, no tengo un pelo de puto, todos mis pelos son de mujer y no de trolo»".

Comentarios