Escenario
Domingo 16 de Abril de 2017

Carlos Casazza, un guitarrista con la fantasía intacta

El músico, referente iimprescindible del jazz rosarino, acaba de editar "El perro buda"

Tocar e improvisar en el universo del jazz con la técnica clásica aplicada a la guitarra española es el dato identitario más fuerte en la profusa obra de Carlos Casazza. Un dato que su flamante CD, "El Perro Buda" (Blue Room), no sólo no desmiente, sino que ratifica con esplendor. Casazza es quizás el músico más prolífico, creativo y singular del panorama jazzístico de Rosario de los últimos veinte años, y en este CD —acompañado por Luciano Ruggieri en batería, Franco Di Renzo en contrabajo, Fede Riva en guitarra eléctrica, Guillermo Copello en violín y Rocío Giménez López en sintetizador— expone una síntesis de aquello que venía explorando, a la vez traza otra rampa de despegue.

"Trato de componer pensando en escenarios que sean aptos para improvisar. Lo cosmopolita sin prejuicios del género me vino primero del rock y luego de ese universo libertario y valiente del jazz", afirma.

   Si se trata de ir por los sueños de uno, Carlos Casazza fue por el suyo allá lejos, en la segunda mitad de los 80, cuando comenzó a saturar su música de nuevos lenguajes y aprendizajes. Podría decirse en ese sentido que su obra desplegada a lo largo del tiempo tiene la huella indeleble de quienes fueron sus grandes maestros, todos ellos guitarristas: el peruano Lucho Gonzáles, Pino Marrone y Ralph Towner, el legendario líder del grupo Oregon (con quien Casazza tomó clases en Portland, Estados Unidos, en 1993). Siempre inquieto, Casazza forjó además una sociedad artística con Ernesto Jodos, cuyos resultados se expandieron en la última década en producciones a dúo y en cuarteto.

   Además de los músicos que lo secundan en El Perro Buda, el guitarrista tiene actualmente, en su andar prolífico, otras compañías: comparte un trío con el bandoneonista Martín Sued y el contrabajista Juan Pablo Navarro, y un cuarteto con el pianista Ernesto Jodos, formaciones con las que se presenta habitualmente en Rosario y Buenos Aires, básicamente.

   En este diálogo con Escenario, el músico se explayó sobre el sentido de "El Perro Buda" en el contexto de su obra, habló del presente del jazz en Rosario y alentó a los jóvenes músicos de esa escena a lanzarse, acaso como él mismo lo hizo hace casi treinta años. "Pienso en tocar con la fantasía inevitable de intentar trazar un escenario distintivo. Con la fantasía de que esto no sucedió antes", señaló.

   — Si tuvieras que hacer unas anotaciones al pie de tu obra, ¿qué dirías de "El Perro Buda"?

—Quise dejar un registro de lo que venía tocando con estos músicos tremendos, puntualmente en los últimos dos años. Quise captar ese momento incluyendo las composiciones que había escrito; en el CD también aparecen un tema de Joni Mitchell y otro de Bill Frisell que arreglé durante la misma época.Uno siempre trabaja con la ilusión de acuñar esa voz propia, tímbrica, armónica o melódica.

   —Hay lenguajes nuevos a los que parece estar abierto este disco. Hace un par de décadas tu búsqueda se orientaba en otra dirección. ¿Qué lenguajes contemporáneos te han afectado sensiblemente?

   —Trato de componer pensando en escenarios que sean aptos para improvisar. Creo que, aún a través del tiempo, mi fuerte no son las marcas estilísticas. No me sale. El año pasado volví a tocar rock, que ha sido mi inicio, con el que me reconcilié muy contento y que reveo con placer. Es decir, lo cosmopolita y lo inclusivo sin prejuicios del género me vino primero del rock y después de ese universo libertario y valiente del jazz. ¿Cómo pienso? Pienso en tocar con la fantasía inevitable de intentar trazar un escenario distintivo. Con la fantasía de que esto no sucedió antes. En realidad, en los últimos tres años, que incluyen la música que está en "El Perro Buda", escribí, por otro lado, el repertorio del cuarteto y el del trío, las dos formaciones con las que estoy tocando. Y mis parámetros son también quiénes son los que tocan, con qué puedo atraer su complicidad; y esos músicos siempre mejoran el papel que les doy.

   —¿Qué importancia le das en tu vida musical al encuentro artístico con Ernesto Jodos?

   —Con Ernesto tocamos desde hace diez años. Los primeros dos fueron en dúo e hicimos "La palabra kilómetros". Después armamos un quinteto con Luciano Ruggieri, Jerónimo Carmona y Ramiro Gallo. Siempre digo que Ernesto es un músico, más allá de su indiscutido talento, de una generosidad muy grande. Es de una honestidad intelectual y artística total. Es un artista, es decir: alguien que está preparado para fracasar y eso marca la diferencia. Ahora, para ser honesto, yo he sido privilegiado con muchos encuentros artísticos. Supongo que mis limitaciones musicales son muchas, pero trato de aprender como una actitud básica.

   —Quedó inscripta en el tiempo, como una marca, tu primer encuentro con Ralph Towner, cuando viajaste a estudiar con él...

   —Towner fue una gran influencia de vocabulario, más que nada por el instrumento que terminé de elegir y por la forma en que terminé de elegir tocar ese instrumento. Pero Lucho Gonzáles y Pino Marrone también fueron grandes maestros para mí, me incentivaron, me empujaron. Para hacer justicia, siempre en mí están los tres, desde sus personalidades distintas. Ernesto (Jodos), por su parte, me ayudó a terminar de definir lo que es el disco, ya grabado.

   —¿Hay una escena nueva del jazz en Rosario?

   —Cambió mucho en los últimos años. Hay decenas de músicos jóvenes, muy buenos, muy inquietos, muy profesionales. Eso no había sucedido nunca antes en Rosario. Ahora creo que es un momento en que esa generación tiene que consolidar sus proyectos interpretativos y compositivos.

   —En tu obra no hay un disco de guitarra sola, ¿te gustaría hacerlo?

   —Disfruto mucho de la música de los otros. Ese es un trabajo que supongo en algún momento haré. También tengo un entrenamiento que está relacionado con la guitarra solista, pero como entrenamiento. La verdad es que desde 2016 disfruto mucho de ver qué pasa con la relación con los otros, con la tímbrica. Me da más energía pensar la música con los otros. Aunque si hago ese disco del cual me preguntás, no sé si haría un disco tocando estrictamente una sola guitarra, quizás haría algo multitímbrico... el último tema de "El Perro Buda" es precisamente eso, un boceto de lo que podría ser esa idea.

La dura tarea de elegir

El primer disco del Trío de Guitarras de Rosario (proyecto que Casazza compartió con Claudio Bolzani y Gustavo Marozzi), publicado en 1996, fue un suceso en la ciudad: las composiciones gustaban a un público más amplio que la tribu del jazz, era de los primeros CD editados por la Editorial Municipal de Rosario, y, además, se vendía y recibía elogios de la crítica de Buenos Aires. "El del Trío de Guitarras fue un proyecto hermoso, que duró diez años", recuerda Casazza.

A la hora de elegir, le cuesta mucho seleccionar algo de su discografía. Habla de "Retrato en blanco y negro" (2004), en dúo con Leonel Lúquez; "Dúos-Tríos" (2005), y "La palabra kilómetros" (2010), con Ernesto Jodos. En su rol de productor hizo "Extraño conocido", de Adrián Abonizio (2006) y "Actividades constructivas" (2014), de Ernesto Jodos.

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