Escenario
Lunes 25 de Septiembre de 2017

Cacho Castaña volvió una noche a Rosario y ratificó su romance con el público

El cantante sorteó sus problemas de salud y ofreció un show con sus clásicos, acompañado por Adriana Varela y el actor Matías Santoiani

Cacho Castaña brilló y emocionó. El cantautor, con el apoyo de Adriana Varela y Matías Santoianni, logró el viernes llenar el City Center con "Tango y Chamuyo" y regaló una noche inolvidable a un público fiel que reconoció su historia.

El recurrente hábito de la impuntualidad hizo que el público que llegó temprano manifestara su impaciencia. La ansiedad de las damas por ver a su ídolo generó un clima tenso que desembocó en un enorme estallido cuando se abrió el telón y el artista apareció en escena. Previamente, Matías Santoianni irrumpió por los pasillos para presentarlo y con su arenga encendió aún más al nutrido auditorio.

Sentado en su banqueta, conmovido ante tremendo recibimiento, dejó su bastón, se apoyó en la mesa y con dificultad se incorporó para saludar agradecido. La necesaria sonda de oxígeno y su precaria salud no opacaron su impecable vestuario, con su tradicional chalina blanca. Las ovaciones recibidas indicaban que había vuelto "el matador", sin dudas.

El octeto musical que lo secundó resultó demasiado numeroso y lo exigió al máximo, pero respirando con esfuerzo, buscando aire, estuvo a la altura de su historia.

"Vamos a creer en los milagros. Esto es un milagro", dijo dialogando con el público y respondiendo halagos femeninos. Desde los comienzos de su carrera en los años 70, Castaña es un clásico cada vez que viene a Rosario. "Soy muy feliz acá, en esta ciudad debuté prácticamente", recordó con nostalgia.

Después de cantar "Cacho de Buenos Aires", el show comenzó a irse de su control. Lidió toda la noche con los piropos y los gritos de las fans que lo desconcentraron, aunque esa actitud del público lo alentó y lo sostuvo hasta el final. Retomó el guión previsto y puso atmósfera tanguera para "Todavía puedo", un canto de fe y esperanza en su propia fortaleza.

"No conozco a nadie que tomando un yogurt haya escrito un tango", bromeó recordando una larga jornada de bebidas varias con Rubén Juárez. Junto a su querido colega compuso "Qué tango hay que cantar", en cuya versión se destacó Federico Biraben, en bandoneón. En el violín estuvo Erica Di Salvo, que tocó con Fito, Charly, Soda y otros grandes.

El productor José Grimolizzi es quien trae a Cacho a Rosario desde los 70 y en un tramo emotivo del show, se dieron un abrazo en el escenario, como un reconocimiento mutuo a esa historia.

Fuera de programa, a pedido, concedió casi a capella un fragmento de "Yo, si vuelvo a nacer", el leiv motiv del teleteatro de los noventa "Es tuya Juan". Le costó recordarla, pero cumplió. Después de homenajearla con "La gata Varela", llegaría un momento que quedará grabado a fuego para los ocasionales espectadores. Adriana Varela fue el plus que multiplicó las sensaciones. "La gata Varela en Rosario, señores!", anunció.

"Tuve la suerte de homenajearlo en vida", dijo refiriéndose a Goyeneche y para el primer dúo con Adriana eligió "Garganta con arena". La invitada contó sus peripecias para llegar desde Buenos Aires y le colaboró con el caos improvisado (o planeado) y dieron comienzo al chamuyo, uno de los elementos convocantes del show.

"Dedicado a las chicas", dijo Varela anunciando su interpretación de "Malena" . "La vamos a cantar suave, no como en Grandes Valores", agregó, marcándole el clima a los músicos. Confesándose "un poco acelerada", le regaló un elogio que lo sorprendió: "Cuando Cacho canta tango, yo siento que canta rock and roll".

Después de bromear con la edad de ambos, Cacho ofreció, con actitud rockera, "Tinta roja". Por momentos, las fanáticas perdían la paciencia ante la verborragia de La Gata y pedían que Cacho cante, pero ella cumplía eficazmente con la misión de predisponer al público.

Con un auditorio ya inmanejable, el diálogo entre Adriana y Cacho fue derivando en situaciones tan risueñas como impensadas. Varela copó la escena y cantó sensualmente "De la canilla", una especie de himno de los solteros mayores. Para "Naranjo en flor", cantada a dúo, pidieron a los músicos que maticen porque "es una canción muy dulce" y, con el mismo clima, Cacho se puso romántico con "Y apareciste tú".

Con el transitorio protagonismo de Adriana Varela y de Matías Santoianni, Cacho logró recuperar algo de aire y siguió sonando correcto. Apelando a la memoria, encaró las últimas: "Ojalá que no puedas", "Para vivir un gran amor" y "Café la humedad".

Cerró con "Setiembre del 88", con la enérgica forma que impone la canción que le dedicó al país que ama y le duele y que en el final lo tentó a un "Viva la Patria!".

El público forzó la apertura del telón una vez más y con los pasillos invadidos de fanáticas que lo querían abrazar como sea, sumó a Varela y a Santoianni para el bis: "La reina de la bailanta", otra infaltable. Con chamuyo y diecisiete canciones, el enorme Cacho Castaña se cargó el alma de afecto y dejó la mejor imagen que puede ofrecer en este momento.

Con sonda. Castaña estuvo de buen humor pese a su precaria salud.

Comentarios