Escenario
Domingo 06 de Agosto de 2017

Abel Pintos: "Me gusta descubrirme y redescubrirme"

El cantante bahiense presenta su disco "11" el jueves, viernes y sábado en metropolitano. La ruta del folclore al pop y su mundo íntimo.

Abel Pintos siempre está en su eje, parece que tiene todo calculado a la hora de hablar, pero cuando se explaya es capaz de contar lo más preciado de su mundo interno.

El ídolo más convocante de la música popular llegó a Rosario para promocionar sus shows del jueves, viernes y sábado en Metropolitano, donde presentará su nuevo material "11". En el marco de un Facebook Live con el diario, mate de por medio y con una guitarra para matizar la charla con alguna canción, se pudo ver un artista auténtico, y con ganas de contar lo que siente, del mismo modo que siente lo que canta.

Explicó la razón simbólica de identificar con un número a su nuevo disco; argumentó por qué no le vendería nunca el alma al diablo; habló de sus rituales cotidianos más íntimos, incluso ir al supermercado, salir a correr y mirar series y reveló por qué el pop le ganó al folclore al momento de expresar lo que él necesitaba en sus canciones. "Me gusta descubrirme y redescubrirme", dijo en diálogo con Escenario.

—¿Al ser alguien que le canta a los sentimientos, por qué elegiste titular a tu disco con un número, que connota con algo frío vinculado a la calidez que puede expresar una palabra?

—Tiene un dato al menos curioso, porque en mi vida el 11 aparece en momentos muy significativos. Yo nací un 11 de mayo; a los 11 años decidí que iba a dedicar mi vida a la música, o en realidad que iba a convertir a la música en mi camino para la vida, lo cual fue una decisión muy significativa para mí, porque no estaba eligiendo un trabajo que iba a ser conveniente o una carrera que el día de mañana me iba a dar un trabajo conveniente. Estaba eligiendo que todo lo que tuviera que experimentar como persona lo haría con la música. 11 discos son los que edité con este último y en el disco número 11 después de 20 años de carrera me plantea un nuevo desafío, lo cual le da otro aire fresco a mi carrera, que es la oportunidad de poder ir a otros países por primera vez, comenzar un camino nuevo, cantar para mucha gente de otros lugares que te conoce sólo por las redes sociales y para otra que no me conoce, como fue en mis comienzos en la Argentina. Eso es el dato curioso, luego durante la grabación del disco, el 11 se presentó también en muchos momentos absurdos.

—¿Por qué absurdos?

—Por ejemplo, te cuento, una parte del disco se grabó en Inglaterra. Entonces llegábamos al hotel en Londres y nos tocaba el piso 11, todas pavadas, cosas absurdas, que en la sumatoria resultaba significativo. Ahí fue cuando dije, bueno, algo tiene que haber en este número. Me puse a escuchar el disco, ya terminado, en el proceso de mezcla, y me di cuenta que yo en el disco estaba dando mi opinión de dónde creo que están las relaciones entre los seres humanos hoy en día y de cuál era la importancia de respetar la individualidad propia y la de los demás. De esta forma tratar de elegir con quién te vas a relacionar por lo que esa persona es y no por los intereses que podés tener creados con esa persona, o no tanto por esos intereses, porque en una relación comercial por ejemplo tenés intereses comerciales, fenómeno. Pero fundamentalmente tratar de respetar la individualidad entonces de tu socio, en este caso, para que la relación navegue en un mar mucho más amable y no de tantas contradicciones. O por lo menos no de tener que estar juzgando y siendo juzgado constantemente. Y para eso el 11 me funcionaba como un símbolo, porque el 11 existe gracias a la convivencia de dos número 1, porque 1 más 1 es 2, pero 1 y 1 es 11.

—En este disco hay un tema llamado "Once mil", que parece una declaración de principios, y criticás a quienes les venden el alma al diablo. ¿Alguna vez te hicieron esa propuesta?

—Yo pienso que todos cada tanto nos encontramos en algún momento en esa situación, sin darnos cuenta, y creo que esto sucede cuando nos viciamos en las relaciones justamente o en la relación con uno mismo. Cuando entramos en esta rueda de costumbres y de quedarnos en una zona de confort, a veces pasamos mucho tiempo sufriendo sin mucho sentido. No es que alguna vez me hayan dicho "vas a tener lo que sea si vendés tu alma", pero a lo que voy con esa frase es eso de tener que hacer algo por automático, porque es lo que hay que hacer. A mí me gusta siempre descubrirme y redescubrirme, en las distintas etapas. Me gusta aprender y cuando estás con las antenas abiertas a aprender y que ese aprendizaje te cambie, te modifique como ser humano y por lo tanto te modifique tus conductas y tus costumbres, vas a estar mucho más lejos de vender tu alma a un precio que no estás de acuerdo.

—Después de "Abel" que fue el disco en el que te pusiste la camiseta del pop, ahora llegó "11", que es el trabajo más pop de tu carrera. ¿Te despediste del todo del folclore?

—No, en absoluto, todo depende de dónde cada uno ponga la lupa. En "Reflejo real" hay una canción que le da título al disco, que es de 2006 y es el segundo como autor y compositor, y es una canción pop también. Este camino no empezó de una forma consciente. Yo empecé a escribir mis canciones y se empezaron a notar influencias de otras músicas que no se dejaban ver cuando versionaba autores tradicionales. Y sí es cierto, y podemos estar de acuerdo, que "Abel" se convierte en un disco significativamente pop y "11" viene a ser, sin dudas, el disco más pop de mi carrera. Pero esto tiene que ver con una mera cuestión estética. Considero que para los mensajes que quería transmitir en este momento, era la estética que me sentaba más cómodo. Pero la música folclórica que hice en un comienzo sigue estando en mis conciertos cuando repaso las primeras épocas, y de hecho hoy en día me encuentro trabajando en un disco de música folclórica. Si será mi próximo disco no lo sé, tal vez me lleve diez años encontrarme con el disco que quiero.

—¿Y cómo imaginás el disco de folclore con el que querrías encontrarte, quizá en diez años?

—Mirá, te digo por qué empecé a pensar en esto: cuando yo era un adolescente un día me planteé que yo estaba cantando música tradicional y no era un tipo con tradiciones. De hecho venía de una familia que no tenía, ni tiene tradiciones. Y hoy, después de mucho tiempo, en mi vida cotidiana yo empecé a crear, muy en lo cotidiano, mis pequeñas costumbres, más que tradiciones.

—¿Por ejemplo cuáles?

—Qué se yo, de repente, a la mañana cuando me despierto tomo mate y escucho folclore. Eso se convirtió en una costumbre, ya hace seis o siete años que lo hago. Y es un momento que no puedo evitar, o leer a un determinado momento del día, o lo que sea. Y empezar a tener mis costumbres probablemente haya reavivado mis ganas de identificarme con lo costumbrista, con lo tradicional. Estoy trabajando de a poquito en eso, en algún momento dará a luz, no sé cuando, pero me quiero remitir en definitiva a que no es que uno se aleja o no de un género: uno navega en las aguas de la música tomando todos los géneros como una herramienta para comentar lo que quiere en ese momento.

—Hay artistas generacionales tuyos, como Soledad y Luciano Pereyra, que comenzaron con el folclore y también fueron mutando hacia otros géneros. ¿Intentaste sumarte a esa tendencia o fue un pulso propio?

—Fue un pulso propio y te voy a poner este ejemplo: si yo hubiese hecho discos de folclore y no vendía ningún disco y a los conciertos llevaba menos gente que una moto, dijo un amigo (risas), y después decía "hagamos un disco pop" y lo hacíamos y los conciertos eran multitudinarios y los discos se vendían de a miles, sería una historia. Pero yo hacía discos de folclore, los discos no se vendían, la gente iba muy poca a los conciertos, luego empecé a hacer música con otros géneros como el pop, y la situación seguía siendo la misma. O sea, el crecimiento iba siendo paulatino por otras cuestiones. Cuando empecé a tener teatros llenos y a vender miles de discos, como por suerte es hoy, ya hacía diez años que venía haciendo la música que venía haciendo. Entonces fue parte de un camino y la construcción de una carrera, nada más.

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