Jueves 23 de octubre de 2014
Martes, 25 de marzo de 2008  10:42 | Escenario

Miguel "Abuelo" Peralta o la vigencia del rock a 20 años de su muerte

Mañana  se cumplirán 20 años de la muerte o mejor dicho de su paso a la  inmortalidad de ese bufón, trovador, juglar, cantautor, músico que  se llamó y se llama: Miguel Abuelo.

Buenos Aires- Mañana  se cumplirán 20 años de la muerte o mejor dicho de su paso a la  inmortalidad de ese bufón, trovador, juglar, cantautor, músico que  se llamó y se llama: Miguel Abuelo.

“Algún día tendré que llamarlo a usted, Padre de los Piojos y  Abuelo de la Nada”, escribió Leopoldo Marechal en su libro “El  banquete de Severo Arcángelo”, sin imaginar que un joven  desgarbado y de rulos, nacido como Miguel Peralta tomaría uno de  esos nombres para darle forma a una de las bandas pioneras del  rock nacional, Los Abuelos de la Nada.

La urna con sus cenizas, después de un tiempo en una tumba en  el cementerio de Morón, descansa hoy en una cueva de la zona  costera de Mar del Plata, por expreso pedido del creador de  innumerable cantidad de éxitos.

Mientras que en una plazoleta cercana a la estación Ministro  Carranza de la línea B de subterráneos (Catedra-Congreso de  Tucumán), lleva su nombre y funciona el Centro Cultural Miguel  Abuelo, donde su hermana Norma Peralta brinda clases de canto y  las actividades son coordinadas por su sobrino Pablo Fogo.

Los Abuelos de la Nada surgieron de una mentira piadosa de  Miguel, quien en compañía del periodista Pipo Lernoud se presentó  al productor artístico Ben Molar en las oficinas de la  discográfica Fermata, a fines de los '60, cuando el rock cantado  en castellano empezaba a ser negocio para algunos empresarios.

“Pibe, ¿vos tenés un grupo?”, preguntó Molar al flaco que  todavía no había cambiado su nombre original por el de Miguel  Abuelo. “Sí, se llama Los Abuelos de la Nada”, contestó el  muchacho. Acto seguido, el productor les comunicó que la banda  -aún no integrada-, tendría “hora de grabación en tres meses”.

“Te das cuenta en la que nos metimos”, le comentó Miguel a  Lernoud. “No te preocupes -afirmó Pipo-, vamos a la Plaza Francia  y encontramos a todos los músicos del grupo”.

De esa forma y en ese clima improvisado, Claudio Gabis, Kubero  Diaz, Pappo, Miguel Cantilo y Jorge Pinchevsky, entre otros,  fueron pasando por la banda durante los primeros tiempos, aunque  las grabaciones registradas en un sello independiente no tuvieron  mayor difusión.

En 1969, Miguel Abuelo editó su primer álbum solista, en el  que incluyó temas como “Mariposas de madera” -primera canción-,  “Oye niño” y “Levemente o triste”. Dos años más tarde viajó a  Europa y el proyecto de armar la banda propia quedó diferido.

Luego de un extenso período en el que transitó por Bélgica,  Inglaterra, España y Holanda, “el Abuelo” conoció a Cachorro  López, un bajista argentino que tocaba en un grupo jamaiquino de  reggae: Jah Warriors. Junto con Cachorro, Miguel reflotó la idea  de reclutar a Los Abuelos de la Nada.

A principios de los '80, el conjunto se completó con el  guitarrista Gustavo Bazterrica (ex La Máquina de Hacer Pájaros),  el baterista Polo Corbella (ex Bubu), el saxofonista Daniel  Melingo y el tecladista Andrés Calamaro (ex Raíces).

Casi de inmediato llegó la etapa más conocida de la  agrupación, con la salida del primer álbum homónimo (1982) y la  difusión radial de temas como “No te enamores nunca de un marinero  bengalí”, “Sin gamulán” o “Tristeza de la ciudad”.

Luego le siguieron: “Vasos y besos” (1983), “Himno de mi  corazón” (1984), “Los Abuelos en el Opera” (1985), “Cosas mías”  (1986), producciones que también marcaron la idílica relación  entre la banda y el público que continuó hasta la última  presentación en vivo en septiembre de 1987 en el teatro Opera.

Pese al éxito, la imagen de Miguel Abuelo siguió transitando  por los mismos carriles de la locura, bohemia y talento que lo  distinguieron cuando todavía era Peralta y deambulaba con su  guitarra acústica por las calles, plazas y locales como la  recordada y legendaria Cueva de Pueyrredón, en procura de ganar  unos pesos como para sobrevivir.

Cada noche de cada día terminaba en rueda de amigos donde se  juntaban alrededor del “Abuelo”, Litto Nebbia, Moris, Javier  Martínez, Tanguito, Pinchevsky y otros en La Perla del Once, de  Jujuy y Rivadavia.

“Yo soy el rock”, señaló Miguel en una oportunidad, y la frase  lejos de ser pretenciosa, se convirtió en un símbolo que determinó  la vida de un hombre que terminó de alimentar su leyenda, en la  tarde del sábado 26 de marzo de 1988, cuando el Síndorme de Inmuno  Deficiencia Adquirida (Sida) lo debilitó tras una operación de  vesícula.

Miguel Peralta fue empleado metalúrgico, carpintero,  verdulero y botellero. El “Abuelo” fue cantante, compositor, mimo  y poeta de la vida, provisto de la Universidad de la calle, del  asfalto.

En ambos casos, legitimó su forma de trascendencia recorriendo  un camino que se sustentó en la confusión, el placer y la magia. Y  ahora es leyenda.

Con el paso de los años y a pesar de no estar presente  físicamente, la música de Miguel Abuelo sigue vigente, quizás no  difundida por las grandes radios (salvo alguna excepción), pero  sus versos del estilo de “Ando sólo persiguiendo a mi camino, yo  sigo desafiando el porvenir...”, siguen vivos.

En una de sus últimas canciones reflejó claramente el espíritu  de su vida :“Fuí a las puertas del edén y encontré todo muy bien,  fuí a la casa del prelado, lo sentí muy preocupado. Llegué a la  casa de un artista lo noté corto de vista, pasé por lo del doctor,  nunca ví tanto dolor. Te quiero así, me gustas mía, yo no pedí  nacer así son 'Cosas mías'...”. (Télam)

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