Miércoles 23 de julio de 2014

La muestra Conecta va por un cine federal

La tercera edición de Conecta, Muestra de Cine Interdisciplinaria, comienza con la exhibición de largometrajes, cortos y documentales, en una programación que se extenderá hasta el domingo, con funciones en el cine El Cairo y Plataforma Lavardén.

Sábado, 08 de diciembre de 2012  01:00 | Escenario

Mex Urtizberea aseguró que no tiene "nada que ver con Tuca"

"El tipo que tiene 40 años y se sigue viendo con sus compañeros del secundario, está mal", dice Mex Urtizberea, mientras con una mano, cocina unos ravioles de calabaza con salsa de crema...

El actor será el conductor de la Fiesta de Graduados de esta noche en Casilda.

Por Luciana Boglioli / La Capital

"El tipo que tiene 40 años y se sigue viendo con sus compañeros del secundario, está mal", dice Mex Urtizberea, mientras con una mano, cocina unos ravioles de calabaza con salsa de crema y ciboulette y con la otra, atiende a Escenario. Ante el cumplido: "Sos completo", él afirma: "Soy ideal". Excéntrico y jovial, emana buena vibra por donde se lo mire. Mex triunfó con su personaje de "Tuca" en la ficción más exitosa del año que el 17 de diciembre llega a su fin, "Graduados", donde encarna a un multimillonario inmaduro y amante de la marihuana que nos deleitó con sus insólitos paseos en su barco, el "Tucanic". Y aunque asegura que le gusta "vivir bien", no se identifica en absoluto con el personaje que interpreta en la ficción.

Urtizberea llega hoy a partir de las 22 a Nox (Ruta 33 Km 750 entre Casilda y Pujato) donde conducirá la Fiesta de Graduados, donde estarán todos los personajes de la tira: Isabel Macedo, Nancy Dupláa, Daniel Hendler, Luciano Cáceres, Mirta Busneli, Roberto Carnaghi, Juan Leyrado y Julieta Ortega. "Vamos a revivir las ochentosas fiestas de graduación con todo el elenco y coreografías incluidas, están todos invitados", adelantó Mex.

Pero antes del gran evento, que ya tuvo su primera edición en Costa Salguero, el actor del año revela cómo comenzó en "Pura Química" donde deslumbra a sus invitados con "la pregunta ética" hasta su deseo por encarnar un personaje dramático.

—Tuca es un delirante, un millonario excéntrico que se tira al piso para pedir una chocolatada. ¿Cómo te sentiste al componer el personaje?

—Sebastián Ortega me dio total libertad para hacerlo. Los datos eran: un tipo millonario que le gusta la joda, marihuanero, inmaduro, uno de esos tipos que tienen toda la vida tres años y viven el presente continuamente y no tienen ni pasado ni futuro. Ese es Tuca. El look me lo plantearon con barba. Me costó mucho decidirme pero tuve que bancarme todo el año con esa barba. Desde el 9 de enero hasta ahora todos los días me la pongo...

—Imagino que no es la misma barba que la de enero...

— Esta debe ser la sexta o séptima barba. También hay cosas del look que se me fueron ocurriendo a mí, como la forma de hablar. Me inspiré en un poeta que se llama Eduardo Mireo que habla "con la voz todo cortado" (habla en modo Tuca). Y siempre me llamó la atención. Me imaginé que Tuca estaba siempre puesto, hay muchos marihuaneros que hablan así, medio limados...

—¿Cuánto de Mex hay en Tuca?

—Nada. Me gusta vivir bien, tener una linda casa. Disfruto de tirarme en el agua, poder irme de vacaciones, pero nada que ver con Tuca, él es un tipo que tiene tres años de cabeza. Me divierte mucho jugar a que soy un niño. Dice cualquier cosa sin filtros y tiene total ingenuidad. No tengo nada que ver con Tuca, aunque reconozco que soy bastante pendejo porque tengo un espíritu muy jovial y hasta me olvido que tengo 52 años y estoy bailando como si tuviera 15. Pero eso no significa inmadurez sino seguir un camino artístico que yo sigo donde lo vital está siempre presente.

—Aunque tenés 52 y no pertenecés a la generación de los ochenta. ¿Hay hombres de tu generación (eternos inmaduros que viven en un submundo de fantasía) a los cuales sentís representar con Tuca?

—Totalmente. Hay mucha gente así, que vive de recuerdos y repite las mismas conductas que los hace revivir lo que hacía en la juventud. Perder la adolescencia es un drama por eso tanta gente la estira. El tipo que tiene 40 años y se sigue viendo con sus compañeros del secundario, está mal. Es como que temen dejar pasar ese momento dorado que fue la adolescencia.

—¿Hay una tendencia a la nostalgia, a pensar que todo tiempo pasado siempre fue mejor, no sólo en las generaciones de cuarenta y pico, sino en la sociedad argentina en general?

—Uno siempre quiere volver a vivir los momentos en que la pasó bien, volver al "pueblo ese" o volver a ver la novela "Rolando Rivas, taxista", donde ella (Soledad Silveyra) se enamoró mal. Hay gente que la vuelve a ver y se lleva una decepción, pero hay otra que se pone feliz por el recuerdo. El pasado, lo que uno vivió, es lo seguro, el futuro, lo desconocido, es aterrador.

—¿Te pusiste a pensar por qué "Graduados" pegó tanto en la gente y se convirtieron en el éxito del año?

—No hay fórmula del éxito. Todos los que se dedican a lo artístico desean que cada vez lo vean y lo escuchen más. Siempre pensando en hacer lo que uno hace y sin prostituirse en lo que uno piensa artísticamente. Después, que resulte un éxito es una consecuencia de algo desconocido. Uno puede analizarlo por lo nostálgico, por los ochenta, por personajes de esa época. Es una comedia muy coral, donde protagoniza un pasea perros, que no es un personaje que uno destaque, es algo raro. Yo ahora me pongo a observar la vida de los pasea perros y me parece que está buenísima, es algo que existe. No sé el porqué. El libro es genial, la idea de Sebastián (Ortega) está muy buena y los guionistas son excelentes. Pasa de todo. Tanto los personajes como los directores son talentosos.

—Tu hija Violeta, es genial.

—Es extraordinaria. El papel que hace de esa chica tonta ambiciosa es maravilloso. Toda la familia Goddzer es genial, Mirta Busnelli es impecable. Son todos buenos y es un plus que además haya mucho respeto y cariño de verdad entre todos. Nos juntamos para mejorar escenas, ver qué se le ocurre a uno y a otro y hablar con los directores. Te juro, de verdad, que no hubo ninguna situación de divismo o algo tonto que pueda pasar en la televisión. Es un placer realmente. Más allá del éxito, sé que cuando hay química y todos están tocando la misma cuerda las cosas salen bien.

—Hablando de química, crearon una dupla explosiva junto a Germán Paoloski en la conducción de "Pura Química".

—Desde ya, es una inconciencia ponerle ese nombre a un programa porque te obliga a que haya buena onda. Y nunca sabés qué onda puede haber. Mirá, a mí me llamaron una semana antes de que empiece el programa, un amigo que trabaja ahí en ESPN me dijo: "Che, te están buscando para estar en ESPN". "¿Qué tengo que ver yo con el deporte?", le pregunté. Y me dijo: "Yo les dije lo mismo, pero me insisten que quieren que estés en un progama nuevo que va a conducir Paoloski". "No lo conozco. Lo veía en el noticiero haciendo chistes malos. Lo quiero conocer y si funciona, arrancamos, sino, no", le dije. Entonces nos reunimos en un bar con Paoloski y el productor y les propuse: "Vos me tenés que seguir y tenemos que hacer todos los días una ficción". Y al tipo le voló la cabeza y le encantó. Les dije que probemos un mes y si no funcionaba yo me iba felizmente. Y ya pasaron tres años y es buenísimo.

—Incursionaste en la música, en la actuación, en la conducción. ¿Cómo te definirías?

—No tengo un rubro determinado. Es difícil hablar de qué es uno y más cuando todo es tan complejo. Todo esto te lo estoy diciendo mientras estoy colando los ravioles de calabaza con una salsa de crema con esa cebolla larga...¿cómo se llama?

—¿Ciboulette?

—Esa. Y cortada de mi propio jardín.

—Se viene el final de "Graduados" y no debe ser fácil despegarte del personaje...y del Tucanic.

—Para mí el personaje murió. Ahora hago las fiestas y ya está. Me habían ofrecido seguir con el personaje pero no. Atropellame con una pick-up de frente antes de terminar siendo "Paolo el rockero". No, no, no, no, no, no. Me daría una gran depresión.

—¿Te gustaría incursionar en un papel dramático?

—Me encantaría, nunca lo hice hasta ahora. La próxima le voy a decir a Sebastián (Ortega), que es el hombre que se encaprichó conmigo, de hacer un papel dramático.

—¿Fue un año consagratorio?

—Fue un año de reconocimientos. Me gratifica que me feliciten por la calle. Porque yo no soy actor ni estudié. Soy totalmente autodidacta. De repente me resulta raro haber escrito columnas en el diario La Nación ("El lector político"). El otro día salió una diciendo que la había escrito para el 8N, titulada "Digan cómo", y la pasaron por todos lados, pero la escribí en 2007. Es lindo para el ego.

—Claro, pero más allá de ser un alimento para el ego, uno necesita sentir que lo que hace tiene sentido y te hace feliz. Y en ese aspecto ¿siempre elegiste trabajos que te gusten?

—Si algo no me gusta no lo hago. Yo estudié piano con el padre de Lito Vitale que murió hace tres semanas y me dio un gran dolor. Él fue el que me enseñó todo sobre el mundo artístico. Y no estudié nada más, soy bachiller. Aprendí viviendo y siendo bastante atrevido. Me da un placer inmenso pensar en algo y que se haga realidad.

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