Martes 21 de mayo de 2013

Ultimo adiós al tecladista de The Doors

El tecladista de la mítica banda de rock The Doors, Ray Manzareck, falleció ayer a los 74 años en Alemania, tras haber padecido cáncer hepático. La noticia la dio a conocer el grupo a través de su página oficial de Facebook.

Martes, 26 de junio de 201201:00 | Escenario

"Hombre mirando al sudeste" o los locos siempre dicen la verdad

El mensaje más claro y contundente de "Hombre mirando al sudeste" es la crítica a la falta de sensibilidad. Desde allí se para Eliseo Subiela, que llevó esta historia al cine en 1986 y ahora la vuelve a abordar desde la dirección teatral.

Por Pedro Squillaci / La Capital

El mensaje más claro y contundente de "Hombre mirando al sudeste" es la crítica a la falta de sensibilidad. Desde allí se para Eliseo Subiela, que llevó esta historia al cine en 1986 y ahora la vuelve a abordar desde la dirección teatral. Sin ser una obra deslumbrante, la puesta que se estrenó el viernes en el Astengo sin teatro lleno, dejó abierta una reflexión sobre la condición humana.

Lito Cruz, como el doctor Julio Denis, y Alejo Ortiz, como Rantés, pusieron en escena la impronta de los personajes que en su momento fueron conocidos por Lorenzo Quinteros y Hugo Soto, respectivamente.

Ambos actores estuvieron a la altura de las circunstancias, y aunque Lito Cruz repite guiños de personajes televisivos, supo darle credibilidad a este psiquiatra descontento con su profesión. Ortiz se lució aún más, a partir de una construcción corporal tensa y de una gestualidad ambigua, que daba perfectamente el perfil del psicótico.

La historia se dispara a partir de la llegada de Rantés a un neuropsiquiátrico, que apriori se presenta como un depósito de enfermos, como tantos. Este joven asegura venir de otro planeta, y que trae una misión.

La obra no tuvo mucho vuelo en la puesta, más allá de un comienzo atrapante con Rantés mirando al sudeste bajo un halo de luz y una música ambiental acorde. Pero fue interesante el aporte de El Loco (Pablo Drigo), que comenzó a participar mezclado entre el público antes del comienzo de la obra, y de Marina Glezer (La Santa), como la enigmática compañera de Rantés.

La cuarta pared se rompió, y ese fue un acierto de la dirección. Es que el doctor Denis buscó complicidad permanente con el público, que hasta le sugirió el nombre de una novela, "La invención de Morel", de Adolfo Bioy Casares, en medio de una reflexión acerca de los límites entre fantasía y realidad.

"Hombre mirando al sudeste" es un replanteo a las grietas de la condición humana. Y por allí cabe rescatar esta obra. Ese fue el detonante para los aplausos de los espectadores en el final, muchos de los cuales se fueron pensando que, como reza el dicho popular, los locos siempre dicen la verdad.

certifica.com