Escenario
Domingo 06 de Noviembre de 2016

Es mejor con esta voz quebrada

Abel PIntos ya no es lo que era, y lo bien que hace. El pibe que asomó en Cosquín como uno de las voces más promisorias del folclore tenía apenas 13 años cuando lanzó su primer disco, "Para cantar he nacido" (1997).

Abel PIntos ya no es lo que era, y lo bien que hace. El pibe que asomó en Cosquín como uno de las voces más promisorias del folclore tenía apenas 13 años cuando lanzó su primer disco, "Para cantar he nacido" (1997). Pero tuvieron que pasar diez años para que su quiebre interno impactara en el afuera. Y fue con "La llave" (2007) cuando le empezó a tomar el gustito a la veta melódica, esa que quizá haya molestado a los que le hubiese encantado que siga cantando "Fuego en Anymaná". Pero más allá de que cante aquel clásico de César Isella en algún que otro show, lo importante es que Pintos encontró su propia veta interpretativa. Y "11" lo muestra en plenitud por ese camino, más cercano a las baladas melódicas y a los arreglos cuidados, gracias también a que comenzó a codearse con productores como el españolísimo Leiva (ex Pereza). La voz más imperfecta de esta etapa es saludable, cada vez se luce más esa garganta algo quebrada, que rompe con tanta prolijidad aburrida de los primeros años. Quizá debería coquetear menos con las canciones de amor y buscar otro vuelo poético, y también sería ideal que no se tentase tanto a clavar esos agudos tan altos. Creo que lo que sigue de Abel Pintos debe estar enfocado a la idea de que menos es más. Los formatos más intimistas ponen a pleno la desnudez de su voz y eso va en beneficio de sus canciones. El presente de este Pintos supera por mucho al del pasado, pero quizá la buena noticia es que todo indica que el mejor Abel está por venir.

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