Ovación
Miércoles 06 de Julio de 2016

Es la superliga, señores

Bienvenida superliga. Llegó para quedarse y ya se llevó puesto al entrenador de la selección argentina.

Bienvenida superliga. Llegó para quedarse y ya se llevó puesto al entrenador de la selección argentina. Sin margen de acción y prácticamente sin jugadores para armar el combinado olímpico, Gerardo Martino dio el portazo que quizás haya llegado con un par de días de retraso. La superliga es, por definición, la idea de 2 o 3 dirigentes poderosos que alguna vez fueron a lloriquear a la AFA para pedir favores y ahora, o desde que murió Julio Grondona (que varias veces los salvó del escarnio), abren sus fauces hambrientas queriendo devorarse todo lo que les pase por alrededor siempre y cuando les convenga y sin dejar de mirarse el ombligo. En los planes de los mentores de un fútbol, según ellos, superprofesionalizado y camino a las sociedades anónimas, no está la selección. Para que su proyecto prospere y germine fuerte no debe quedar nada en pie. No les interesa hasta dónde deban llegar para lograrlo. Ayer, la víctima fue Martino, a quien vaciaron de futbolistas para que se vaya. Pero no les importaba tanto el Tata como el impacto que genera que la selección quede acéfala a menos de un mes de los Juegos Olímpicos. No obstante el encuadre, la contextualización es imprescindible para comprender.

Como primera medida tiene que quedar claramente expuesto que hasta que la superliga no sea oficial, estos dirigentes, todos, desde el presidente del último campeón Lanús hasta el del ascendido Talleres de Córdoba, son la AFA. Por supuesto, es necesario entregarles la primera plana a los más operativos, o los más poderosos, o los más ... (colocar en la línea de puntos el adjetivo que se crea conveniente): Daniel Angelici, Rodolfo D'Onofrio, Víctor Blanco y Matías Lammens.

A ninguno de ellos les interesa la selección. En lo más mínimo. Tener en cuenta que quienes copian sus conductas son como mínimo cómplices. Ejemplo: toda institución que decidió imitar a Boca, River o Independiente y anunció que no prestará sus jugadores porque los otros no lo hacen, también es merecedora del mismo rótulo: la selección les importa un comino.

Tan poco les importa como al Colorado Carlos Mac Allister, secretario de Deporte de la Nación, que de parecer que había perdido el habla en los últimos días pasó a estar en los medios más que el inefable Ricardo Caruso Lombardi. Cualquier parecido con una orden para actuar no es coincidencia, es una orden.

Tan poco les importa como al presidente del Comité Olímpico Argentino (COA), Gerardo Werthein, que se pasó despotricando entre el lunes y ayer como si la AFA tuviera una deuda con él o en algún momento hubiera fracasado algún proyecto que los asociaba. Porque no es un hombre de demasiada exposición pública, es bueno presentarlo en sociedad. Werthein gestiona el Grupo Werthein, un holding de compañías que hizo sus primeros palotes en la agroganadería y después se extendió hacia otros rubros, como por ejemplo el de las telecomunicaciones. Werthein, además de presidente del COA, es miembro del Comité Olímpico Internacional (COI) y vicepresidente de Telecom Argentina. Telecom fue la empresa que más invirtió en el proyecto AFA Plus, alrededor de 35 millones de dólares. Supuestamente iba a tener el usufructo del 20 por ciento del valor de las entradas de los partidos cuando se implementara el nuevo sistema que intentaría desterrar la violencia en las canchas de fútbol. Como nunca se implementó, Telecom todavía no cobró un peso.

Ojalá que los próximos aportes de Werthein al deporte argentino sean tan innovadores y beneficiosos como aquel que promovió y logró que fuera ley a fines de 2009. Desde entonces, el 1 por ciento del consumo de cada una de las líneas de celulares con abono libre o mixto es destinado a la financiación de los atletas. Se estima que esa recaudación es cercana a los 50 millones de dólares. Es lo mejor que se hizo por el deporte argentino en años.

Para que ideas como aquella de Werthein aparezcan es imprescindible no estar vinculado a ningún interés particular.

Los dirigentes del fútbol argentino vaciaron la AFA con la anuencia de sectores sin cuya colaboración hubiera sido imposible tal desintegración. La esquilmaron hasta que la dejaron sin entrenador. Muchos de los personajes que hablan de un fútbol mejor se están retorciendo de risa: ni al técnico dejaron en pie.

Esos dirigentes hoy son la AFA, o lo que queda de ella. Un grupo de esos directivos son la superliga en su máxima expresión. Y el resto, por ahora son los aplaudidores. Vayan tomando nota los clubes del segundo pelotón: hay gente que está dispuesta a todo.

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