Cambiemos
Domingo 09 de Octubre de 2016

Entre un paro y brotes verdes

La CGT deberá definir en las próximas horas si convoca a la primera huelga contra el gobierno de Macri. En el gobierno nacional dicen que lo peor ya pasó. Los dilemas inmediatos de Lifschitz.

Hay aroma a paro general, pero con los nuevos triunviros de la CGT nunca se sabe. El gobierno tiene necesidad de evitar la primera huelga, pero confronta con dos realidades diferentes a la hora de condicionar a la central sindical.

Mauricio Macri es conocedor del mundillo de los caciques sindicales. Lidió y acordó con ellos durante su paso gerencial por las empresas de su padre. En base a esos antecedentes, la CGT fue de las primeras en beneficiarse con la llegada al poder de Cambiemos.

El presidente designó a un profesional vinculado a las obras sociales como superintendente de Servicios de Salud y acordó la devolución de 30.000 millones de pesos que habían sido retenidos en el segundo mandato de Cristina Kirchner. Lindas musiquitas para los oídos gremiales.

Esas muestras de buena voluntad del gobierno, el derrotero del reacomodamiento en la CGT y la buena imagen del presidente en los sondeos, pese a que el 60 por ciento considera que la situación de la economía es mala o muy mala, fueron corriendo el arco del paro general. Pero, como el mito del eterno retorno, la posibilidad ahora luce cercana.

Nuevo tiempo. El gobierno necesita tiempo para alejar los malos índices económicos de la gestión que, ahora, parecen estar en tránsito hacia otra realidad. Ese es el discurso de las autoridades a la hora de rechazar la posibilidad de una medida de fuerza. "Lo peor ya pasó", dice Macri en la intimidad, exponiendo que sería un contrasentido convocar a una huelga cuando "la inflación está en descenso franco".

Más que a la aparición de "brotes verdes" el gobierno se aferra hoy a la mejora de algunos indicadores que fueron una pesadilla para los bolsillos. Ese imaginario que brotó al inicio de la gestión de Cambiemos en el poder tuvo un nuevo límite esta semana con la decisión de dar marcha atrás en la baja de retenciones a la soja.

Tal vez ahora en la Casa Rosada admitan que el orden de prelación de urgencias no estuvo bien direccionado. A la par del descenso de retenciones a la soja y la eliminación de ese tributo a las mineras debió haberse modificado el impuesto a las Ganancias, que hoy se sufre más en los bolsillos de los asalariados que en el gobierno anterior.

La decisión de empezar a discutir alguna mejora para 2017 es casi absurda por lo tardía, máxime cuando el Ejecutivo reconoce la gravedad de la cuestión al intentar eximir al medio aguinaldo del gravamen. La dinámica actual de Ganancias repercute directamente en los ánimos —ni hablar de los sueldos— de las bases cegetistas. Habrá que esperar un par de días para saber qué respuesta les dará el gobierno a los reclamos.

El gobierno sabe que un paro general a esta altura de la gestión podría resultar una compuerta entreabierta por donde podrían filtrarse eternas demandas. Y la instalación de una situación de debilidad que, en gobiernos anteriores, terminó de la peor manera.

Lo recuerda un informe del Centro de Estudios para la Nueva Mayoría, que dirige Rosendo Fraga: "Fernando de la Rúa, en alianza con una coalición de centroizquierda que es el Frepaso, tuvo 8 paros generales. Raúl Alfonsín había tenido uno cada 5 meses y De la Rúa uno cada 3 meses. También en este caso, la debilidad frente a los sindicatos fue relevante en la construcción de la imagen de debilidad del presidente".

El gobierno de Macri sufrió ya varias medidas de fuerza de parte de la CTA y, en ese sentido, uno de los que más vocea la necesidad del paro es Hugo Yasky, a quien durante los 12 años de gobiernos kirchneristas ni siquiera se le conoció la voz a la hora de reclamar. Cambiamos, podría decir Yasky.

Lo cierto es que la CGT no la tiene fácil a la hora de decidir el curso de las acciones, en un contexto de reclamos sectoriales que creció en los últimos días.

Ese frente de tormenta es el que más le preocupa a Balcarce 50, atento a que el horizonte político del peronismo está cargado de divisiones y no parece poder unificarse en el tiempo inmediato. "Un paro sólo sería funcional a Cristina, quien dice públicamente que «cuanto peor, mejor». Además, la mayoría de la sociedad no quiere saber nada", dijo a LaCapital una fuente del gobierno.

Respecto del tema Ganancias, el macrismo empieza a esbozar con mayor énfasis una teoría que apunta a la responsabilidad de los gobernadores a la hora de no modificar la situación. Las provincias reciben casi el 60 por ciento del monto que se recauda por el impuesto a la Ganancias y, una modificación de las escalas o la eliminación lisa y llana, implicarían un descenso en sus ingresos.

Entre las necesidades urgentes del bolsillo y los objetivos oficiales de ganar tiempo apostando a 2017 como la tierra prometida en la que no se convirtió el segundo semestre de 2016 aparecerá más temprano que tarde una cita módica: "Hay que pasar la primavera y el verano".

Para ganar las elecciones de medio mandato la Casa Rosada necesitará que los "brotes verdes" de la economía estén a la orden del día. Nadie gana elecciones apostando a la disciplina fiscal y aumentando impuestos.

En el escenario del día a día apareció, además, una preocupación totalizadora: la inseguridad. Ese flagelo que, mediáticamente, sólo parecía estar anclado en la provincia de Santa Fe, y particularmente en Rosario. La ciudad siempre parece adelantar los tiempos de todo lo que se instalará a nivel nacional.

"Ya le dije a Patricia (Bullrich) que cuando baje la inflación ella va a quedar en el centro de la escena", le comentó Macri a Miguel Lifschitz, en un momento de la reunión a solas en la Casa Rosada. En los próximos días, el gobernador santafesino volverá a encontrarse cara a cara con la ministra de Seguridad. Sería bueno que el gobernador le traslade el reclamo por la ausencia de gendarmes en Rosario, pese a que desde la Casa Rosada en algún momento se habló del desembarco de 3.000 efectivos en la provincia.

Sin gendarmes. El encuentro del gobernador con el presidente en la quinta de Olivos resultó toda una novedad en el marco de una relación que nació muy mal entre ambos. La Nación le debe plata a la provincia tras el fallo de la Corte Suprema por la coparticipación y Santa Fe necesita un apoyo tácito del gobierno para el endeudamiento. Pero, además de eso, la ausencia de efectivos federales comienza a ser leída como una promesa incumplida del gobierno nacional en el territorio santafesino.

El inédito escenario político de Santa Fe en relación con el resto de las provincias, sumado a que es uno de los pocos gobiernos opositores que no abona al peronismo, tiene cada vez más interés para el presidente de la Nación. En ese estado de las cosas, Lifschitz deberá sacar fortaleza de la debilidad.

El tiempo por venir también dirá cómo se columpiará la necesidad institucional de Lifschitz de acordar con Macri, cuando el Partido Socialista profundizará las críticas desde una vereda ideológica totalmente contrapuesta a la de Cambiemos.

La Argentina política es hoy un modelo para armar.

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