Ovación
Domingo 14 de Agosto de 2016

Entre lo que es y debería ser

Los referentes del deporte argentino padecen las contradicciones y los juicios implacables de un sector de la sociedad que exige sin capacidad de autocrítica.

Los comportamientos masivos que se producen por hechos deportivos reflejan parte de la fisonomía de una sociedad. Sus cualidades y defectos quedan expuestas con las acciones y reacciones del público. Y cuando los errores perduran en el tiempo se convierte en una patología social. Y sin autocrítica no hay cambio cultural posible. Más cuando la justificación encuentra en la simplificación de "somos así" la fuga para no rever. Y desde allí se mueve el fiel de la balanza del bien y del mal donde son sopesados los referentes del deporte. Lugar en el que el elogio y la crítica alternan con más pasión que razón. Con más desatino que cordura.

   Diego Maradona, Lionel Messi, Emanuel Ginóbili, Juan Martín del Potro, Carlos Reutemann, Los Pumas, Las Leonas, entre tantos otros, son claros ejemplos del comportamiento contradictorio, cruel y hasta vergonzante de una masa crítica que no tiene a la reflexión ni a la mesura como aliadas.

   Y para cotejar alcanza con simples crónicas para recordar.

   El Mundial de México 86 estaba en pleno desarrollo cuando la sociedad argentina en su mayoría comenzaba a transformar al futbolista Diego Armando Maradona en una deidad. Como para que no queden dudas de la aseveración, con la conquista de la Copa del Mundo en el estadio Azteca el futbolista cambió de nombre: de ahí en más fue D10s.

   Otro Mundial, esta vez el de Estados Unidos en 1994, el mismo Maradona es llevado de la mano por una enfermera tras la victoria albiceleste ante Nigeria al control antidóping. El resultado positivo de los análisis deja a Diego afuera de la competencia y muchos de aquellos que lo habían endiosado se convirtieron en agnósticos inquisidores. Y así, D10s pasó del cielo al infierno entre los fieles del fútbol, y mucho más entre los infieles.

   En la Copa del Mundo 2006 Lionel Messi asoma desde el banco con 18 años como la figura desequilibrante en cada ingreso. Argentina llega a cuartos de final y enfrenta a Alemania. Pero José Pekerman decide no incluirlo durante el trámite y por diferentes instancias del juego la selección queda eliminada. Desde allí y por su irrupción en Barcelona el rosarino comenzó a ser elevado hacia niveles de veneración. Hasta ser considerado como el mejor jugador del mundo por la brillantez exhibida en España. Fue el "Messías" y se graduó como ídolo argentino cuando el seleccionado olímpico conducido por el Checho Batista logró la medalla de oro en Beijing.

   Otros mundiales comenzaron a esmerilar la percepción de los fanáticos sobre Leo. La eliminación argentina en el Mundial 2010 en cuartos, bajo la dirección de Maradona, más las derrota en la final de Brasil 2014, ambas también ante Alemania, generaron una inconcebible corriente de opinión que ponía en el ojo de la tormenta a Messi, a quien se le cuestionaba que no cantara el himno y hasta se lo acusaba de no sentir la camiseta nacional por no jugar como lo hacía en Barcelona. Como si el fútbol fuese una cuestión individual y no colectiva. Esa tendencia extraña y las otras dos finales perdidas por el seleccionado en copas América ante Chile (por penales), terminaron de frustrar al otro futbolista argentino más importante de la historia. Juzgado y condenado ayer por muchos. Los mismos que hoy intentan indultarlo tras su anuncio de que vuelve al equipo nacional, del cual nunca se fue.

   Emanuel Ginóbili también fue llevado al podio del orgullo nacional inquebrantable por la sociedad. Sus consecuentes éxitos en la NBA más la inolvidable obtención de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 ante Italia (más haber eliminado a Estados Unidos en semifinales) situaron a Manu como el máximo referente histórico del básquebol argentino. Y a la vez el ícono de la consagrada Generación Dorada. Su presencia en la competencia estadounidense popularizó aún más a este deporte en el país.

   Cuando el bahiense optó por no integrar el seleccionado argentino en el Mundial 2010 en Turquía por cuestiones físicas y por el deseo de ser padre, también comienza a padecer el objeción de cierta masa crítica, no tanto de la gente vinculada al básquetbol como así de aquellos consuetudinarios detractores de ocasión. Y algo muy similar ocurrió en 2014, cuando por negativa de San Antonio Spurs tampoco jugó el Mundial de España, hecho que también despertó la ira de los habituales fundamentalistas.

   El último capítulo de estos contrasentidos que genera el deporte argentino lo tiene como protagonista a Juan Martín del Potro, quien fue casi condenado al exilio por la sociedad de los implacables permanentes por no querer integrar el equipo de Copa Davis en los últimos años debido a sus diferencias con las autoridades, y las lesiones recurrentes. Fue descalificado y considerado como traidor a la patria por aquellos sicarios de la opinión.

   Los Juegos Olímpicos de Río ubicaron a Delpo representando al tenis argentino en un debut más que exigente. Su contendiente era el casi imbatible serbio Nole Djokovic. Sin embargo la victoria fue albiceleste, sí, del mismo Del Potro al que tiempo atrás habían condenado al ostracismo. Y la explosión patriótica generó la amnesia de aquellos mismos justicieros oulet. Por lo que la figura de la Torre de Tandil volvió a ser dimensionada como lo que es. Y allí en Río se convirtió en héroe otra vez. Y argentino de nuevo.

   Es muy complicado comprender estos vaivenes criollos en la valoración a deportistas que son admirados en el mundo pero jaqueados en su propio suelo. Es difícil de explicar. Pero sin dudas que no se explica desde el reduccionismo de "somos así". Sí se podría resolver con la búsqueda de lo que "deberíamos ser". Y en ese camino de mucho trabajo aprender que el equilibrio, la sensatez, la planificación, la organización y el sentido común son determinantes para llegar a ser. No los mejores. Pero sí más ecuánimes que ahora. Y quizás con ese ejercicio, más allá de los referentes del deporte, se encontrarían soluciones a otros tantos problemas compartidos.

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