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Domingo 05 de Abril de 2015

Entre las piedras en un Vía Crucis y la esperanza

El pasado Viernes Santo, en barrio Industrial, el Vía Crucis de la parroquia Santo Domingo Savio (Don Bosco 50) fue interrumpido a los piedrazos. 

El pasado Viernes Santo, en barrio Industrial, el Vía Crucis de la parroquia Santo Domingo Savio (Don Bosco 50) fue interrumpido a los piedrazos. Los vecinos del lugar donde en julio de 2011 asesinaron a Leandro Zini, un joven de 21 años que recibió una puñalada cuando despedía a su novia e intentó evitar que le robaran, se dispersaron rápidamente. Así, a pesar de que la celebración contaba con apoyo policial, las piedras llegaron igual hasta los fieles.

El hecho sucedió minutos después de las 17, y si bien los cascotes golpearon a algunos vecinos, luego la celebración pudo continuar.

La agresión puso otra vez en el centro de la escena a este barrio de la zona norte donde los vecinos claman por mayor presencia policial y aseguran que las calles están difíciles. Su reclamo no es nuevo, lo vienen haciendo desde el crimen de Leandro. Pero la realidad sigue siendo la misma.

A varias cuadras de ese barrio, un viejo sacerdote admitió que "la pibada está difícil". "Tengo miedo, porque muchas veces me desconocen los pibitos que yo vi nacer y son capaces de hacer cualquier cosa", le aseguró a este cronista y remarcó que su parroquia es robada casi a diario.

Los robos y arrebatos también se repiten en los centros de salud, aunque cuando se dan a conocer, muchos funcionarios se enfadan. Mañana, trabajadores de los dispensarios irán a la comisión de Seguridad del Concejo a narrar lo que viven cotidianamente.

Las quejas ya provocaron el enojo de las autoridades, que cargaron contra los representantes del sindicato que representa a los médicos (Amra) y remarcaron que detrás de los planteos de los profesionales "hay motivaciones políticas".

En rigor, el nivel de agresión hacia los profesionales es tal que hasta obligó a rediseñar, por ejemplo, la guardia y los ingresos del Hospital Roque Sáenz Peña, en la zona sur de la ciudad.

Sandra Maiorana, la secretaria gremial de Amra, fue una de las voces más críticas en estos últimos días.

"Los hospitales de puertas abiertas son para Suiza, no para Rosario", había dicho la sindicalista hace unas semanas, cuando exigió detectores de metales y cámaras en los centros de salud.

El secretario de Salud Pública, Leonardo Caruana, cuestionó su "posicionamiento político e ideológico", dijo que es "contrapuesto con la salud pública" y la vinculó con el Frente Renovador.

Más allá de los cortocircuitos entre ambos, subyace un problema claro y palpable. No son pocos los dispensarios que se vieron forzados a cerrar por la inseguridad y en las guardias agreden a los profesionales.

Tal vez si en lugar de la discusión en tiempos electorales las partes se escucharan, podría arribarse a alguna solución. El problema que más aqueja a los rosarinos está más allá de las chicanas políticas.

Que un Vía Crucis tenga que hacerse con custodia policial en el mismo barrio donde desde hace cuatro años los vecinos vienen clamando por mayor seguridad, indica que algo no se está diseñando como corresponde.

Pero la esperanza está intacta. Más de 200 mil personas se congregaron en barrio Rucci el viernes pasado como muestra de fe y hermandad. Ese sólo hecho demuestra que no son pocos los que quieren vivir en paz.

La convocatoria del padre Ignacio es sin dudas la gran envidia de los candidatos políticos. El sacerdote reunió a una multitud para pedir que se revalorice a la familia y se disfrute de la vida, algo que siempre invita a ver el futuro con buenos ojos.

"¡Cómo nos cuesta vivir hoy! Siempre lo hacemos apurados. ¿Por qué no disfrutamos en lugar de pelear y discutir?", se preguntó el carismático cura. Cuánta razón en tan simples palabras.

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