Edición Impresa
Sábado 26 de Octubre de 2013

Entre la participación y la convivencia

Los une el reclamo por el boleto gratuito. Piden que no se los subestime por ser adolescentes o jóvenes. ¿Cómo viven la democracia?

Se conocieron en los recitales, pero se unieron en las marchas por el boleto gratuito para todos los secundarios. Integran los centros de estudiantes. Sostienen que les gustaría que no se los subestime por su condición de adolescentes y que se les ofrezcan otras alternativas de participación, algo más que "juntar chapitas". Ven en la democracia una buena oportunidad para expresarse, construir y convivir, pero también para desenmascarar dobles discursos. ¿Qué piensan de la democracia? ¿Cómo la viven los adolescentes y jóvenes?

Desde hace unas semanas marchan cada tanto por las calles de Rosario reclamando por el boleto gratuito para garantizar el secundario obligatorio. "Debiera ser bastante simple entender que el boleto gratuito es para todos los estudiantes, pero hay que hacer un montón de movilizaciones para que nos atiendan. La democracia como tal no es una realidad, se construye entre los que queremos hacerla verdad", dice Luciana Osuna, de 17 años, estudiante del Politécnico.

Antes, otros chicos —también reunidos por La Capital — arrancaron la charla analizando directamente cómo viven la participación en estas movidas, expresiones propias de la vida democrática y que los tienen como protagonistas. "Para nosotras es todo nuevo, nos parece admirable, y rescatamos cómo se pone en juego la tolerancia. Es el compromiso, no hay que aflojar. Por ahí nos parece lejano, pero no lo es", expresa muy entusiasmada Agustina Paz Peixoto, de 17 años. Es alumna del Colegio Integral de Fisherton. "Yo vivo a 5 cuadras de la escuela, no me afectaría lo del boleto, pero pienso que hay que salir de ahí", continúa en una actitud solidaria.

Rocío Putero (17 años) es compañera de Agustina, cuenta que el colegio es abierto y tienen un cuerpo de delegados. "Pero es como que Fisherton está en una burbuja, como que no hay necesidades de sumarse a estas luchas. Y nos toca a todos, porque beneficia a la mayoría", analiza.

También está en los inicios de formación el centro de estudiantes del San José, colegio al que va José Ferrari, de 18 años. Aunque todavía sea nuevo —dice— muestra buenas perspectivas de inclusión. Eso sí, recuerda que hay estatutos que no les permiten hacer algunas acciones internas, como sentadas, pero sí sumarse a movilizaciones, "como pasó con la de la Noche de los Lápices o la del boleto". Igual, para José es importante "la apertura social que tienen, propia de la doctrina salesiana de la escuela".

A diferencia de las experiencias anteriores, Ignacio Grione, de 17, asegura que el centro de su escuela, el Normal Nº 1, es fuerte. "Por suerte, desde el año pasado tenemos una rectora que nos apoya, antes chocábamos. Podemos salir del colegio, hacer sentadas, aunque digan que no; tenemos un acuerdo por el que no nos pueden pasar faltas ni firmas ni amonestaciones. Nuestro centro es fuerte, las medidas las tomamos con los compañeros. Eso sí, nos gustaría más participación en las marchas", demanda.

Para Magdalena Cottet, de 17 años, tener un centro en su escuela, la Nº 338 Constancio C. Vigil, es su meta de trabajo. "Antes había, luego hubo conflictos y se disolvió. Ahora empecé con un proyecto en una materia para formar un centro de estudiantes. El problema es que falta compromiso. Tenemos un cuerpo de delegados, pero no funciona como desearía", confiesa, y se aferra a la ilusión de ofrecer otros horizontes.

Si bien la conversación con el grupo comienza por lo próximo, a ninguno se le escapa integrarla a una visión más amplia. Hablan entonces, entre otras cosas, sobre qué piensan de la política.

Iván Dlugovitzy es contundente con su opinión. No duda una coma al expresar: "Hay que tratar de romper con esa idea de creer que la política es algo malo. La política es una forma de cambiar las cosas que están mal y de participar entre todos. La política es absolutamente parte de la democracia".

Vivir la democracia. Rocío se suma a la definición de Iván: "El problema es con qué se relaciona la palabra política. Por ejemplo, estr acá representando nuestros intereses es una forma de hacer política. No es sólo ser parte de un partido y votar". Considera que "hay un montón de oportunidades para vivir la democracia plenamente, sobre todo si comparamos con 30 años atrás". Y dice que el voto a los 16 es una "conquista enorme"; sin embargo, piensa que "de alguna manera no se aprovecha". "Mi duda —advierte— es si los estudiantes no la aprovechan o hay personas que no quieren que los estudiantes lo aprovechen".

Magdalena retoma la opinión y señala que la dictadura dejó también sus marcas, que "fue una mutilación del pensamiento" y que ve en muchos adultos "conformismo". "Muchos te felicitan cuando participás, pero también están los que te ningunean o te tiran abajo".

Una mirada optimista es la de Agustina: "Somos una de las generaciones más jóvenes que resurgió después de la dictadura. Hay ganas, pero también por ahí hay mucha bajada de línea por falta de confianza o por subestimarnos por ser adolescentes".

Algo parecido le pasa a Ignacio, al que cada tanto le subrayan "Tenés 17 años", como si esa condición lo dejara afuera de la posibilidad de opinar o decidir. Manifiesta que cada tanto le dicen que preferirían que estudie más a que vaya a las marchas. "Pero a mí a la vez me gusta interiorizarme en el tema; no me gusta estar callado como estuvieron callados muchos durante 30 años y hoy salen hablando y criticando a los jóvenes", defiende.

José acuerda con la defensa del voto a los 16, con la salvedad de hacer notar que sería importante que en las escuelas se ofrezca más educación sobre el tema. Todos ahí hacen su aporte y piden materias como Ciencia Política, Historia, Geografía, ausentes en los planes.

Es un buen intercambio de opiniones el que generan. Dicen que, en general, tienen buena comunicación con sus padres y las miradas se dividen entre los que rescatan a los profesores que les permiten el debate en clase siempre y los que amenazan con no aprobarlos si asisten a una marcha.

Se quejan de que les digan que "hay libertad de elegir qué estudiar", pero luego las terminalidades del secundario ofrecidas "tengan cupo". Y en algunos casos confiesan que un poco los toca que algunos compañeros y amigos los interpelen así: "Y porque vas a una marcha pensás que los van a escuchar; ¿por qué te gusta la política?". A lo que responden: "No se trata de lo que mí me gusta, sino la forma de usar la política, de tomarla como una herramienta de cambio". En eso están estos chicos, apropiándose de la vida democrática.

Comentarios