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Domingo 24 de Mayo de 2015

Entre la libertad y el triunfo: la restauración

Un equipo de especialistas está poniendo en valor el conjunto escultórico que se encuentra al ingreso del Club Tiro Suizo, en la zona sur de la ciudad. La estatua está datada en 1895 y es probablemente la más antigua de Rosario.

Las fotos, aquellas de papel, que han logrado permanecer en el tiempo siempre esconden secretos, sorprenden. En la fotografía de referencia se ve un arco y una escultura que son un emblema del Club Tiro Suizo y del barrio que lleva el nombre de la institución. En la parte superior, a la derecha de la estatua que representa a la Libertad, se ve a un hombre. “Debe ser quien descubrió la imagen que previamente estaba tapada con una tela, el día de la inauguración”, acota alguien que observa la imagen. Ese hombre, según dice la crónica de La Capital, era el por el entonces presidente de la comisión directiva del club, Pedro Chiesa, y “desde los altos del arco de triunfo pronunció un entusiasta y patriótico discurso” el día de la inauguración del stand de tiro. Así lo relataba el cronista que asistió al acto el 18 de agosto de 1895. A casi 120 años de ese momento, un grupo de restauradores pone en valor ese conjunto escultórico, emblema de la entidad y del tradicional barrio ubicado en la zona sur de la ciudad. La estatua que integra el conjunto es, probablemente, la más antigua de la ciudad.
  “Fueron invitados las autoridades civiles y militares y numeroso público que, a las 11.30 de esa mañana bañada por un sol espléndido, se había congregado en la plazoleta que existía frente a la portada del nuevo polígono de tiro”, describe la crónica del Decano de la Prensa Argentina.
  La foto muestra la soledad del entorno, la ciudad estaba en otra parte. Los relatos de época marcan que el sector era zona de quintas, cercano al camino que llevaba a Buenos Aires y al que se accedía en carruajes, carros y tranvías que ese día la Empresa Arijón puso a disposición para que el público asistiera al acto de inauguración del flamante ingreso a la sociedad helvética y a su polígono.
  La historia de lo que luego sería un club comenzó “a mediados de septiembre del año 1889, cuando un grupo de integrantes de la colectividad helvética del cantón de Tisino decidió formar una institución suiza de tiro, a la que denominarían Tiro Suizo Unión Liberal Tisinense de Rosario. Emilio Cánova, Alejandro Máspoli y Carlos Barrioni fueron tres de sus fundadores”, cuenta el propio club en su página web (www.tirosuizorosario.com). Esas primeras instalaciones estaban ubicadas en las afueras de la ciudad, sobre las barrancas del Paraná, “en las inmediaciones del entonces denominado Puerto del Saladillo, y sobre terrenos donados por el Sr. Manuel Arijón en abril de 1890”.

   En 1894 se le dio su actual nombre: Sociedad Tiro Suizo Rosario. Por entonces, también se adquirió el terreno de cuatro hectáreas en la prolongación de la calle San Martín camino al Saladillo. “El nuevo stand se construyó en la intersección de la calle Lamadrid y la cortada Raffo, y se inauguró en agosto de 1895. Según la crónica periodística, la ocasión dio paso al VII Gran Tiro Federal Suizo del Río de la Plata, certamen del que participaron 365 deportistas, “que duró varios días” y en los que se utilizaron “9.396 cartuchos (7.496 de fusil y 2.200 de revólver)”.

El presente. Hoy la actividad de tiro continúa como disciplina en el club, junto a otras 16 que se brindan a los casi 4.500 socios activos que tiene la entidad.
  Los trámites para lograr que se declare patrimonio de la ciudad al conjunto escultórico que marca el ingreso al club, sobre la cortada Raffo al 5100, comenzaron en el año 2000, detalla a Más, el presidente de la entidad, Claudio Polo. Lograrlo sería el primer paso para luego poder acceder a la restauración de la que se considera la estatua más antigua de la ciudad. “Rotta, Di Gravesano - Ticino fatto 1895”, dice una inscripción que puede leerse en la escultura, que llegó al país desde Suiza.
  “El arco de triunfo, ubicado sobre la cortada Raffo, fue posiblemente obra de Antonio Máspoli”, señala Mariel Santos, coordinadora de Rehabilitación del Programa del Preservación y Rehabilitación del Patrimonio de la Municipalidad de Rosario. “En la estatua de la Libertad, de tres metros de altura, figura la inscripción Rotta, Di Gravesano - Ticino Fatto 1895, siendo una de las estatuas mas antiguas de la ciudad de Rosario”, agrega Santos, quien trabaja junto al arquitecto Gustavo Fernetti.
  “Pasaron unos cuantos años pero finalmente se logró”, dice Polo sobre los trabajos que por estos días lleva adelante la restauradora María Eugenia Prece junto a la Brigada de Rescate Simbólico, tareas a las que accedió luego de una licitación que se enmarcó dentro del programa Esfuerzos Compartidos, promovido por el área de Patrimonio del municipio.
  El programa da la posibilidad a propietarios privados e instituciones de encarar la restauración integral de inmuebles que tengan valor patrimonial. La cuestión hace a la puesta en valor pero también es una manera de brindar seguridad ante el deterioro de fachadas, por ejemplo. Y se llama de esfuerzo compartido porque el municipio subsidia en un 50 por ciento los trabajos, además de brindar el asesoramiento técnico sobre las tareas y materiales.
  En este caso en particular, al tratarse de una institución que es clave en la zona en cuanto a las actividades que brinda, el municipio aportó el 70 por ciento, más precisamente 138 mil pesos.
  “Nosotros no solamente le damos el dinero sino que también brindamos soporte técnico, a través de los arquitectos que trabajamos en el programa, definiendo en cada caso cuál es el alcance de la restauración, teniendo en cuenta que nuestro objetivo siempre es tratar de devolverle al edificio, en este caso una escultura, el aspecto original”, precisa Santos.

La restauración. El trabajo de restauración es, sin dudas, una tarea artesanal, pero no sólo en el procedimiento sino también en el proceso que busca lograr los materiales que se necesitan para llegar a ese aspecto original.
  “En la mayoría de los casos estamos hablando de recuperar los revoques originales, el material de frente; todo lo que está pintado lo despintamos, para descubrir el material original y replicarlo a través de sistemas constructivos que tienen que ver con las mismas técnicas que se aplicaban”, detalla Santos. Es decir que el equipo de restauración no sólo realiza la tarea sino que debe llegar a elaborar los materiales necesarios para devolverle a la pieza su aspecto inicial. “Si se observa la escultura se ven distintos tonos porque fue lo que se encontró en los distintos cateos. Los materiales no son los que se encuentran en el mercado —aclara Santos— sino que se formulan de la misma manera como  hace 100 años. Se logran mezclando cemento, cales, arenas finas, que son para restauración, con ferrites naturales para ir dando los tonos”.
  María Eugenia Prece, la restauradora, explica que la estructura no tenía fallas graves, aunque Santos resaltó que debieron realizarse también tareas para que no se repitan filtraciones y humedades.
  Prece llama la atención sobre una característica particular, curiosa de la obra. El arco está en escorzo, es decir que juega con la perspectiva y genera un efecto visual. También todas las ornamentaciones que lo acompañan.
  “Yo creo que se construyó así como un desafío arquitectónico, porque en las fotos antiguas todo el entorno era campo, no es que estaba pretendiendo señalar algo en particular. En mi opinión, eran juegos de la arquitectura del momento, porque en realidad es un poco complejo construirlo así”, se asombra.
  El conjunto conforma hoy una imagen extraña “porque está sobre una cortada, es como que la ciudad fue invadiendo el espacio y no tiene perspectiva. Casi nadie lo conoce, está totalmente escondida, y sin embargo forma una línea interesante porque más atrás, unos cien metros, está la fachada del salón principal que se corresponde. Hay como una rima arquitectónica entre las edificaciones. Debe haber sido algo elegante y majestuoso para la época”, dice la restauradora.
  La Brigada de Rescate Simbólisurgió luego de que Prece dictara   cursos de capacitación para formar a trabajadores de la construcción en las técnicas de restauración, que implican diversos oficios que “están en extinción”. Incluso, junto al Colegio de Arquitectos, la restauradora participa de un proyecto para lograr que los propietarios, constructores o incluso demoledores permitan tomar moldes sobre ornamentaciones que ya es muy difícil encontrar en la ciudad. El proyecto contempla a largo plazo hasta montar un museo al respecto.
  En el Club Tiro Suizo, Prece trabaja con tres personas más. Las tareas consisten fundamentalmente en consolidar todos los revoques y las cornisas que tenían inestabilidad y recuperar la imagen de la escultura que había sido intervenida. “Le faltaban los dedos de una mano, y apenas empezamos a limpiar una mano se cayó completamente, con lo cual eso era un riesgo muy grande para cualquiera que pasara por ahí. Se rompió en muchos pedazos y la volvimos a armar”, detalla.
  “Yo siempre digo que en Rosario debe haber ángeles que sostienen las cornisas. Es un poco el objetivo de la brigada, que se tome conciencia sobre esta situación y ver de qué manera se hace posible la recuperación. Hay que tener en cuenta que en la mayoría de los casos se trata de propiedades privadas y no es tan sencillo el tema, por eso debe estar el Estado interviniendo”, señala.
Desde el programa de Rehabilitación y Preservación, Santos coincide con que la situación es crítica y a la vez compleja. La responsabilidad sobre el estado de las propiedades es de los particulares pero el Estado brinda la posibilidad de una intervención conjunta tanto por la seguridad pública como por la importancia de la puesta en valor, aunque las tareas deben ser integrales, no sólo sobre los puntos críticos.
  Este requisito hace que los presupuestos no siempre puedan ser solventados por los particulares, ni siquiera contando con el subsidio del 50 por ciento que aporta el municipio.
  A eso se suma que en los casos de propiedades muy deterioradas el valor del suelo que impone el mercado inmobiliario tienta a los dueños a buscar otra opción: la venta.
  Por eso también gran parte de los inmuebles que han participado del programa de Esfuerzos Compartidos son de instituciones. En total, durante los diez años que existencia del proyecto , el municipio y particulares intervinieron en sesenta inmuebles.
  Entre ellos se destacan el Club Español, los colegios Dante Alighieri y La Salle, la sede del Sindicato del Seguro ubicada en calle Mitre al 800, el Hospital Español, la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y el hotel Majestic, entre otros. Ahora llegó el turno del Club Tiro Suizo, que en tres semanas volverá a exhibir con orgullo su arco de triunfo como hace casi 120 años.

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