La ciudad
Martes 11 de Octubre de 2016

Entre la intolerancia y la anomia

Cuando la intolerancia de un sector se encuentra con la anomia sucede lo que pasó durante la noche del domingo.

Cuando la intolerancia de un sector se encuentra con la anomia sucede lo que pasó durante la noche del domingo. Un grupo avanzó por más de 30 cuadras dejando a su paso un reguero de pintadas y destrozos. Una muestra más de que en esta sociedad pensar distinto es sinónimo de violencia. El otro no interesa. Para completar el cuadro, hubo un Estado que jamás estuvo a la altura de las circunstancias y que no pudo velar por la integridad de los edificios públicos, esos que el vecino mantiene con sus impuestos. Es más, ni siquiera intentó protegerlos, ya que no se vio a nadie evitando las pintadas en las paredes del Museo Castagnino, la Gobernación, la Municipalidad, tribunales y media docena de escuelas.

La anomia fue tal que hasta las propias organizadoras de la marcha se encargaron de dirigir el tránsito. Hubo gente que estuvo más de una hora detenido arriba de un colectivo porque nadie previó desvíos de recorridos para evitar las largas columnas de gente. Una masiva movilización a la que el Estado le dio el visto bueno para que pasara por delante de instituciones religiosas (con las que tiene un encono manifiesto) y dejara su impronta en grafitis «muy pedagógicos» en los frentes de las escuelas.

La avenida Pellegrini fue la postal que resumió la intolerancia y la agresión de un sector (no todas) de mujeres que se reunió en Rosario a repudiar la violencia machista. Y lo hizo con más violencia.

Mientras tanto, en la catedral un grupo esperó la marcha rezando casi a los gritos. Una provocación innecesaria que exaltó aún más los ánimos. Hoy serán los comerciantes los que tendrán que afrontar los gastos de limpiar los frentes. Como la señora que desde hace años mantiene un pequeño comercio en Presidente Roca y Pellegrini, gracias al cual pudo educar a sus hijos. Una mujer que podría ser sinónimo de lucha y perseverancia y que ayer recibió la furia de quienes protestan contra la violencia. Paradojas del feminismo actual.

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