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Martes 11 de Diciembre de 2012

Entre el discurso y la realidad

Es siempre un buen ejercicio contrastar la opinión que la gente expresa a través de los medios con los discursos que ofrece la mayoría de los políticos. Simple y directo, el ciudadano suele reemplazar las frases adornadas de lugares comunes por definiciones contundentes.

Es siempre un buen ejercicio contrastar la opinión que la gente expresa a través de los medios con los discursos que ofrece la mayoría de los políticos. Simple y directo, el ciudadano suele reemplazar las frases adornadas de lugares comunes por definiciones contundentes. Así, el último domingo, este diario procuró exponer a través de sendos reportajes al gobernador y a la intendenta una primera valoración del año de gestión.

Las respuestas fueron medidas e intentaron en los dos casos salvar algún inconveniente y dar detalladas explicaciones sobre lo realizado y lo pendiente. Fue un intento de poner blanco sobre negro las realizaciones y los proyectos encarados, así como la sana autocrítica sobre aquello que merece alguna corrección. Pero como nadie se inmola en su propio discurso, fue la calle la que trajo las conclusiones
más definitivas. Y entonces abundaron los comentarios para cada uno de los mandatarios con un promedio de aplazos o apenas un aprobado. “Están bastante paraditos” fue la frase simple y concluyente con la que se reemplazaron varias páginas de entrevistas.

Del mismo modo, el intento de robo del domingo a la noche en Córdoba al 4900 que se refleja en esta edición dio lugar a un elocuente testimonio de su víctima con una frase de cierre más que impactante: “Me salvé de milagro”. Es difícil que ese relato pueda ser opacado por las explicaciones teóricas de algún funcionario. Por eso el referente de seguridad que ayer puso su voz en los medios recibió otra respuesta demoledora: “Está sanateando”.

Es difícil armarse de expresiones que no suenen vacías ni vagas frente al irreprochable sentido común con el que la gente evalúa a los gobiernos, pero se daría un buen paso si quienes fueron elegidos para gestionar tuvieran en cuenta que a la hora de las respuestas es mejor un discurso sincero y concreto, antes que un largo sermón para sortear el problema. Incluso cotiza mejor una oportuna autocrítica que un intento de justificación. Es la distancia que media entre los discursos y la realidad.

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