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Domingo 05 de Julio de 2015

Entre casualidades y amoríos: Mordillo

En el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa se exponen trabajos del destacado dibujante e ilustrador. La muestra permite realizar un recorrido por su vasta obra. Humor gráfico del mejor.

La muestra de Guillermo Mordillo (o Mordillo a secas como se lo conoce en el mundo entero), que se expone en el Centro Cultural Fontanarrosa en colaboración con el Museo del Humor, permite recorrer gran parte de la obra de quien es reconocido como uno de los humoristas gráficos más personales. Sus dibujos coloridos y mudos apelan a lo universal. Una “casualidad”, como le gusta llamarla, lo llevó a dibujar sin palabras y eso posibilitó que su humor trascienda fronteras, más allá de sus continuos viajes que lo llevaron a instalarse en Perú, Estados Unidos, España y Francia. “Creo que hasta los esquimales podrían entender lo que hago”, dijo alguna vez durante una entrevista.
  Guillermo Mordillo Menéndez nació en Villa Pueyrredón, Buenos Aires, en 1932. Un dato se destaca en su biografía: fue el dibujante de humor más publicado del mundo en los años 1970. Sus libros han sido editados en países como Italia, Portugal, España, Alemania, Francia, Bélgica, China y EEUU. En los años más recientes de su carrera se ha dedicado casi exclusivamente al humor gráfico y a las ilustraciones infantiles.
  Hijo de padres españoles, su infancia transcurrió en Villa Pueyrredón. En 1948 obtuvo el certificado de ilustrador en la Escuela de Periodismo. Dos años después formó parte del equipo de animación del estudio Burone Bruché. Por entonces realizó también  ilustraciones para historias infantiles (Cuentos de Perrault, Cuentos de Schmid, Los músicos de Bremen y Los tres cerditos) editadas por Codex. Para 1952 cofunda Estudios Galas, dedicado a la producción de animaciones. Mientras, continuó con su carrera como ilustrador y publicó algunas tiras en revistas locales.
  La biografía formal dice que el 7 de noviembre de 1955 Mordillo partió hacia Lima, Perú, donde se desempeñó como diseñador free lance para la compañía de publicidad Mc Cann Erikson. En 1958 ilustró fábulas de Esopo y de Samaniego para la Editorial Iberia de Lima. Y luego de haber realizado ilustraciones para tarjetas de felicitación para Hallmark Cards con sede en Kansas City, partió hacia los Estados Unidos en 1960.
  Pero en sus palabras, durante una entrevista realizada por Andrés Valenzuela, para Página/12, Mordillo contó que su historia es una suma de casualidades que se jugaron entre amores, desamores y proyectos varios. “Conociéndome, el primero que me aconsejó fue Tulio Lovato, en la redacción de Patoruzú. Me dijo: «Pibe, si tenés la oportunidad, andate»”. Y así fue que decidió su partida hacia Lima, también para huir de una historia de amor desventurada. Él soñaba con hacer animación, allí no lo logró pero además otra historia de amor no correspondida lo llevó a armar las valijas rumbo a Estados Unidos.
  En el país del norte sí consiguió trabajo en animación en los estudios de Paramount Pictures. Participó en la producción de una película de Popeye y en una de la Pequeña Lulú. Pero el contacto directo con el oficio que soñaba lo decepcionó: “Me desilusionó la forma en que estaban haciendo animación. Me parecía muy limitada, si el personaje hablaba se movía la boca y el resto del cuerpo quedaba duro”.
  Abandonó Estados Unidos y partió hacia Europa “a lo que viniera”. Llegó a España pero estaba Franco, por lo cual siguió viaje hacia París. Con muy pocos recursos, se instaló en una buhardilla, retomó su oficio de dibujante de tarjetas humorísticas y fue a buscar trabajo. Otra casualidad hizo que consiguiera un puesto al reemplazar a un dibujante que se había ido de viaje. Pero no manejaba el francés, escribía en inglés y lo traducían.
  Luego llegó la posibilidad de ilustrar para la prensa. Dibujos suyos aparecieron en Paris Match, y como no se tenía confianza con el idioma, los chistes eran mudos. En 1968 la revista alemana Stern también publicó sus trabajos. Y se abrió una puerta al mundo.
  La casualidad lo hizo viajar, según él mismo cuenta, esa cuestión lo llevó a hacer humor gráfico mudo y esa condición le otorgó cierto tinte universal. “Me salió bien”, admitió entre sonrisas. Las mismas que suelen dibujarse en el rostro de quienes pueden apreciar sus trabajos.
  La muestra permanecerá en exposición en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa (San Martín 1081) hasta el 29 de este mes. De lunes a viernes, de 9 a 21, y los fines de semana, de 10 a 20. Entrada libre y gratuita.

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