Edición Impresa
Sábado 16 de Agosto de 2014

Entidades del agro cierran filas con un programa para el 2015

(Por Sandra Cicaré / La Capital). _ Los referentes de las asociaciones técnicas, gremiales y por cultivo se mostraron juntas y con un discurso común durante el evento que se realizó en Rosario.

Una nueva institucionalidad parece amanecer con fuerza en el universo del sector agropecuario. Las organizaciones que nuclean a las cadenas de cultivos —soja, maíz, girasol y trigo— decidieron pasar del estricto debate técnico y de mercado, que en un momento unificó a los distintos eslabones empresarios de la actividad, a una estrategia de posicionamiento más claro en el plano de la política sectorial con la intención de mostrar una agenda unificada para el próximo gobierno. La movida no excluye a los tradicionales espacios de debate que ocuparon hasta ahora entidades especializadas o estrictamente gremiales, sino que en forma transversal los atraviesa y los incluye con la intención de generar nuevos consensos.

Abroquelados. El XXII Congreso de Aapresid ofició como una suerte de plataforma de lanzamiento en la cual los titulares de las asociaciones que nuclean a la cadena de la soja (Acsoja), del girasol (Asagir), del trigo (Argentrigo) y del maíz (Maizar) se presentaron en bloque a defender el papel del sector agropecuario en la estructura económica y, salvando las diferencias, unificaron un conjunto de demandas hacia el gobierno con un claro espíritu de cuerpo. "Tenemos que dar una señal de unidad hacia las autoridades y mostrar que todo el sector tiene una política común, también de cara a los que vengan en 2015", sintetizó Luis Arias, presidente de Asagir, quien junto a sus pares Rodolfo Rossi (Acsoja), Gastón Fernández Palma (Maizar) y Martín Ferreccio (Argentrigo), coincidieron en la necesidad de consolidar un frente común que, a priori, cuestiona la política de retenciones a las exportaciones, insiste en la necesidad de generar acciones para incentivar el agregado de valor en las cadenas y fundamentalmente en erradicar frente a la sociedad lo que consideran una imagen distorsionada sobre la actividad agropecuaria en materia de sustentabilidad.

"Llegó el momento de salir de una actitud pasiva, cobarde y pasar a una actitud proactiva de la comunidad agroalimentaria. El caso del maíz, en particular, tiene mucho para mostrale a la sociedad de lo bien que le hace tanto ambientalmente como social y económicamente", enfatizó Fernández Palma, quien fue presidente de Aapresid y hoy preside Maizar. En ese punto destacó el aporte de este cultivo y del sorgo a la fertilidad de los suelos, pero además en su contribución a la generación de proteínas de origen animal y a la producción de biocombustibles. "El siglo pasado era el del petróleo, éste es el del maíz", arengó.

Por cadena. Los titulares de las cadenas hicieron un repaso de la última década en materia productiva cultivo por cultivo, lo que les permitió a algunos de ellos utilizar esa información técnica como herramienta de cuestionamiento hacia las medidas oficiales para el sector agropecuario. Ese fue el caso del trigo, "cuya superficie sembrada en los últimos dos años fue la más baja de los últimos cien años", indicó Ferreccio y señaló que esto fue la consecuencia directa de "un mercado intervenido y de la implementación de los registros de operaciones de exportación (ROE), que provocaron un funcionamiento poco transparente del mercado".

"Las diferencias económicas por esta situación representan unos 40 dólares por hectárea, que es lo que debería haber cobrado el productor, esto redunda inevitablemente en una reducción de la siembra", dijo el empresario.

Pero además, el repaso de lo que transcurre al interior de las cadenas productivas, sirvió para mostrar el peso de la actividad en la macroeconomía. "El aporte de la cadena de la soja es fundamental por su contribución a los ingresos fiscales, a la disponibilidad financiera de municipios y comunas y a la generación de empleo", resumió Rossi, de Acsoja, quien además se mostró partidario de presentar los consensos de las cadenas por encima de las diferencias sectoriales.

Por otra parte, el dirigente explicó que en la sociedad —especialmente entre muchas entidades ambientalistas— persiste la imagen del sector que se tenía en los años 60, 70 u 80, cuando lo concreto es que a partir de la década del 90 con la aparición de Aapresid tenemos la siembra directa, las buenas prácticas agrícolas y se llevan adelante una serie de acciones para conservar el recurso suelo y aumentar los factores de productividad, es decir, para producir más con menos uso de la tierra".

Difusión. Aunque no fue el eje del análisis, buena parte del debate que reunió a los directivos de las cadenas en un panel central durante la segunda jornada del congreso de Aaapresid, hizo foco en este punto, especialmente en las estrategias de comunicación del sector para con la sociedad. Algunos dirigentes cuestionaron el tratamiento mediático que tiene la cadena agroalimentaria y "la demonización" a la que suele ser sometida, según indicaron. "Hay un principio precautorio, donde el miedo manda, sobre la comunidad agroalimentaria pero nadie habla de otros sectores como el petroquímico con el que están hechos muchos elementos que utilizamos habitualmente, que está poblada de azufre, hidrocarburos, todos probadamente cancerígenos", se quejó Fernández Palma.

Consumo. En ese aspecto, Rossi demostró que la presencia de derivados de la soja en la vida cotidiana de los consumidores es mucho más activa de lo que se percibe habitualmente. Dijo que según un relevamiento realizado por Acsoja en los supermercados de Rosario actualizado hace un mes, se detectó que en las góndolas "había 1.080 productos que contenían soja, desde lecitina hasta proteínas y aceites vegetales y grano". Además, explicó que sobre una encuesta puntual en una boca de expendio de primera línea de la ciudad, "el 80 por ciento de los productos envasados contenía algo de soja, y en el marbete sólo el 6 por ciento lo mencionaba, algo que no ocurre en otros países porque es obligatorio detallar que contiene cada producto".

Impuestos. Pese a que los referentes de las cadenas productivas hicieron énfasis en el aporte económico y social de la actividad agrícola en la economía argentina, cuestionaron el real impacto que los derechos de exportación tienen sobre los ingresos fiscales, puntualmente en el caso del trigo y el girasol. "Hicimos un pedido al Ministerio de Agricultura para que se rebaje un 50 por ciento el arancel actual de exportación porque en la campaña pasada con 1,3 millones de toneladas producidas y una exportación aproximada de 300 mil toneladas, la recaudación por retenciones fue de 91 millones de pesos, mucho menos del 1 por ciento de lo que se recauda por este concepto en todo el complejo", dijo Arias. Y recordó que esto impacta directamente en el mercado interno, que consume en un 70 por ciento aceite de girasol. Frente a esta desventaja competitiva, el productor sigue retrayendo el área".

Algo similar planteó Ferreccio, de Argentrigo, quien señaló que el aporte del cereal por ese concepto es mínimo y llamó a tomar medidas para "avanzar en la superficie cultivable porque es un cultivo indiscutible en el planteo agronómico y sostenible en materia económica, social y ambiental", dijo.

Para los dirigentes, el nuevo escenario económico de la Argentina, donde el productor por una cuestión de rentabilidad prioriza el ingreso a la sustentabilidad agronómica, amerita una revisión de las políticas fiscales y consideran que el aporte del sector se debe enfocar en el peso que tienen las cadenas de valor en el entramado económico de las distintas localidades. "En los países donde la cadena de valor es la base del desarrollo, se pudieron superar las antinomias campo versus industria y productores versus consumidores", dijo Fernández Palma.

"Queremos un mercado transparente, sin cuotificación o cierre de exportación, eliminar las retenciones a las exportaciones para todos los productos de la cadena, la promoción de los cultivos a través de leyes que permitan una desgravación de insumos claves como son los fertilizantes, y la promoción de la biotecnología", arengó el dirigente de Maizar.

Para eso, "es importante la participación y dar una señal interna y externa de que queremos consensos y tenemos un compromiso entre los distintos eslabones de la cadena", agregó Arias. "La idea es no dejarle al próximo gobierno tierra arrasada, sino consensos", concluyó Rossi.

Mocoso. A pesar de ese llamado, Fernández Palma pegó con saña y al límite de lo institucional: "Cuando hay intervención en los mercados y está condicionada por ideologías o fenómenos de tipo dogmático, siempre surgen privilegiados y perjudicados. Hay que ver quién decide y quién tiene el poder de fijar las reglas, como en el caso del cierre de las exportaciones que en el país son arbitrarias y no las puede manejar un mocoso impertinente al que no le gusta usar corbata", dijo.

Comentarios