Escenario
Viernes 10 de Junio de 2016

Enrique Pinti no se calla y en "Salsa criolla" critica a macristas y kirchneristas

El actor presenta "Salsa criolla", por primera vez en rosario, Hoy y mañana en City Center.

Se cuelga el delantal, prende el fuego, coloca la cacerola con agua hasta que hierva y, antes de poner los fideos, Pinti prepara su salsa. Enrique Pinti presenta hoy, a 30 años de su estreno y por primera vez en Rosario "Salsa criolla", una obra que estuvo diez años en cartel en el teatro Liceo de Buenos Aires, con casi 2.957 funciones y casi 2.000.000 de espectadores. Extrovertido, hilarante, crítico y puteador como siempre, el actor habló con Escenario de teatro, de política, del afecto de la gente querida y de la grieta política, y afirmó que en toda su carrera pudo decir lo que quiso aunque "cuando hablás mal de un gobierno, siempre estás exponiéndote a pagar algún peaje". Hoy, a las 21, y mañana, en dos funciones, a las 20 y 22.30, en el Centro de Convenciones de City Center (bulevar Oroño y avenida Circunvalación) vuelve "Salsa criolla". "Pasan los años, pasan los gobiernos, los radicales y los peronistas, pasan veranos, pasan inviernos, quedan los artistas" como Pinti.

   —¿Cuáles son los ingredientes que tiene esta "Salsa criolla 2016", es más ácida, más picante, más sabrosa o más indigesta?

   —Es la misma salsa de siempre y siempre fue indigesta, siempre fue picante y siempre trató de ser graciosa, dentro de lo que se podía narrar. Yo hice "Salsa criolla" desde 1985 a 1994, pero del 94 a 2003 hice "El infierno de Pinti"; "Pinti canta las cuarenta"; "Pericon.com.ar"; "Candombe nacional", o sea, de alguna manera, seguí haciendo la misma tónica de espectáculo hasta 2005.

   —¿Qué pasó ese año?

   —Bueno, ese año tuve la suerte de estrenar "Los productores", que fue un exitazo junto con (Guillermo) Francella y que además significó un alivio también de sacarme la mochila después de estar contando siempre lo mismo. Ahí empezó una etapa alternativa, porque hice "Los productores" hasta 2006, en el 2007 volví a mi género con "Pingo argentino"; en 2008 y 2009 vino "Hairspray"; en 2010 hice "Antes de que me olvide", otra vez en mi género y después "El burgués gentilhombre", de Moliere, en el San Martín y "Lo que vio el mayordomo", de Joe Orton. Después volví otra vez a mi género con "Pinti recargado" y ahora regreso con "Salsa criolla", por lo tanto, digamos que segué haciendo más o menos lo mismo, pero salvo esas interrupciones, nada menos que con figuras de la talla de Mel Brooks, Moliere y Joe Orton, que no estuvo mal.

   —¿La gente te tiene como el portavoz de cierta forma de enfocar la realidad argentina?

   —Sí, sí, yo lo tengo muy claro, pero, yo sé que no soy sólo eso, porque básicamente soy un actor, o un hombre de teatro o una persona del espectáculo. Hay un éxito, que no es sólo taquillero, sino el éxito personal de lo que significó meterme en los temas de la historia y de la realidad argentina. Es algo que me dio sentido a la carrera, pero yo siempre tengo el actor ahí adelante y no quiero que se me oxide. Haber podido hacer estos autores que te mencioné como alternativa me da la sensación de que no soy solamente un portavoz. Porque a veces cuando te sentís sólo un portavoz uno se desnaturaliza, uno tiene que acordarse qué es lo que uno quería cuando era chico, y eso es fundamental.

   —¿Cuales fueron esos sueños?

   —Ah, mirá, yo tuve tan clara mi vocación. Desde los 6 ó 7 años yo decía «quiero ser actor, quiero hacer drama, comedia, comedia musical». Quería hacer ficción permanentemente y eso fue el origen de todo. Entonces, de vez en cuando, volver al origen y no desnaturalizarse tanto para convertirse simplemente, bah, te aclaro que no es simple ni fácil, pero convertirse en un portavoz es complicado, porque desnaturaliza la cosa que uno tiene ahí adentro de su alma. Por eso yo trato de contemporizar y alternar.

   —Es imposible no remitir a la Argentina de los 80 en este espectáculo, ¿pero qué se mantiene y qué cambio?

   —En general, el gran paso adelante que dio la Argentina, al menos de lo que yo viví, fue la continuidad democrática. Desde el 83 hasta este año tenemos continuidad democrática, a los tropezones, a los tumbos, con corrupciones, con ladrones, con hijos de puta, con problemas, con quilombos, con inseguridad, con narcotráfico, con lo que quieras, pero tenemos una continuidad democrática. Esto cambió básicamente y para bien en la República Argentina, y no es lo mismo la visión que yo tenía allá por el 83 y 84 cuando preparaba la primera versión de "Salsa criolla", cuando yo decía "mientras no tengamos continuidad democrática no vamos a poder ser un país en serio".

   —¿Y ahora cómo lo ves el país?

   —Ahora tenemos la continuidad democrática y seguimos sin ser un país en serio, pero no que la democracia no es necesaria ni es primordial, pero la democracia, aparte de estar instalada y tener elecciones, tenemos que pulirla, tenemos que saber qué votamos, para qué votamos y los políticos tienen que sabernos explicar qué mierda quieren, y eso no lo consiguen. Creo que nosotros tenemos un gran delirio de magnificar lo de afuera y de clavarnos los puñales por lo de adentro. Ojo, nos tenemos que seguir clavando puñales, porque acá hay cosas que no se pueden entender, pero en otros países, como España, por ejemplo, pasan cosas, pero la inflación no la tienen, no la tuvieron nunca, y nosotros, mejor o peor, con peronistas, con radicales, con liberales o neoliberales, con dictadores, lo que sea, siempre tenemos el problema de la inflación. ¿Cómo es posible? Esto es lo que a mí me asombra y al mismo tiempo me harta.

   —¿La grieta política y social es una nueva figura en la "Salsa criolla" de 2016?

   —La grieta existió en todos los países del mundo y sigue existiendo. En Estados Unidos, por ejemplo, siguen teniendo racismo, y esa es una grieta que se basa en el color de la piel, ya no en la ideología. Entonces creo que la grieta no es argentina, ni es exclusiva, ni se debe al kirchnerismo, la grieta nace como posibilidad nefasta del ser humano. Y los gobernantes, todos, desde las señora Cristina al señor Macri, pasando por el rey de España, saben que tienen que dividir para reinar, porque lo dijo Maquiavelo. Y ese libro lo han leído, a lo mejor otros no, pero ese sí lo han leído y lo saben hacer: dividir para reinar.

   —¿Esta obra es más cómoda para hacer en el macrismo que en el kirchnerismo, o no es tan así?

   —No, para nada, les importa un carajo lo que uno diga, a los kirchneristas y a los macristas, a cualquiera, esto es una cosa que implantó Menem, a Menem le importó un coño que hablaras mal o bien de él, lo que le importaba era hacer la suya, él era menemista, ni peronista ni nada, el decía «hablan mal, que me hablen mal y ya está, me chupa un huevo». Y eso hizo que yo diga todo lo que se me dio la gana en contra del kirchnerismo sin ningún temor, porque a partir de lo que dije de Menem no me pasó absolutamente nada. Lo que me puede haber pasado, no sé si son paranoias o qué, pero me tiraron la Afip o la DGI. Eso pasa siempre, cuando hablás mal de un gobierno, ellos tienen sus armas, que es ver si tenés un problema legal o un problema sexual, para ensuciarte. El político es así, porque ya lo dijeron en el siglo 19 «quien se mete en la política tira sus honras a los perros», entonces tiran siempre un perro que te pueda morder, esto lo hacen todos. Cuando hablás mal de un gobierno siempre estás exponiéndote a pagar algún peaje. Yo, de verdad, por todas las cosas que dije no pague casi ninguno, salvo alguna investigación de la DGI, que no encontraron absolutamente nada, pero que jode .

   —En tu caso no estás identificado ni con el kirchnerismo ni con el macrismo.

   —No, claro, es una desgracia, yo me siento identificado con medidas individuales. En el kirchnerismo me sentí identificado con las intenciones de Néstor al principio de liquidar la deuda, de salir del fondo monetario y con una serie de reformas sociales, como la creación de cooperativas, de cosas importantes en la cultura, y sobre todo, también, del matrimonio igualitario y la asignación universal por hijo, ahí estuve absolutamente de acuerdo. Después aparece la instrumentación de todo eso y empiezan las desprolijidades, los quilombos, los Lázaro Báez y los amiguetes del poder. Le pasó a todos los gobiernos, hasta a De la Rúa, que era un tipo bastante impecable, pero tuvo lo de Pontacuarto, las coimas en el Congreso, la Banelco, todos tuvieron su metida de pata, entonces no podemos decir éste robó menos que el otro. Al lado de esto, Menem es un nene de teta, acá no hay nenes de teta, las personas que roban el erario público, o que no lo cuidan y miran para otro lado, sean del partido que sean, tengan la edad que tengan, sean provincianos o porteños, líderes o lo que cornos sean, tengan carisma o no, canten y bailen o no sirvan para un carajo, bueno, todos esos no tienen perdón de Dios.

   —De tus palabras se desprende que Macri también tiene lo suyo.

   —¿Qué te parece? En primer lugar, no es sólo Macri sino su gabinete. En general los gobernantes se alejan siempre del pueblo, fijate que ahora con la salida de las tarifas dicen que podés apelar. Pero si sos un jubilado o estabas en el cupo social y podés no pagarla, tenés que pedir una cautelar y buscar un abogado. De lo contrario, te dicen que vayas a internet y marques wwpuntoconchapuntoojete y averigüe si usted tiene un gestor o un abogado, cuando hay un treinta por ciento de la población que no tiene Internet todavía, porque parten de la base de que la bicicleta, como se usa en Holanda, se puede hacer acá, desde ese esnobismo ridículo típico de Macri y de la gente del Pro, que creen que la vida es el country, y si no tenés la típica pelotudez peronista, kirchnerista y populista de cuarta, ni hablar de las izquierdas y derechas extremas, que esos viven en el siglo pasado, y no te estoy hablando del siglo XX sino del siglo XIX. Hay una desidia alarmante de la clase política, en Argentina derivada de esto, pero también se ve en el mundo, a todos les importa un carajo la gente.

   —La metáfora del final de la obra "pasan los años, pasan los gobiernos, quedan los artistas" ¿tiene que ver con que el arte puede salvar el mundo?

   —No, es fundamentalmente el afecto, hay algo que tienen los artistas, malo, bueno o regular, y es que todo lo que hacen, lo hacen desde el afecto, desde las ganas de que te guste a las ganas de clarificar tu mente, de hacerte reír, mostrarte unas buenas tetas o un buen culo para que te calientes, son todas cosas que el artista, el creador o el entretenedor hacen para que la gente los recuerde bien. Y me parece que el sentido que tiene hoy en día esa canción es eso: el afecto es lo que nos puede salvar. No nos tenemos que dejar caer en ningún tipo de grieta, la grieta la arman los gobiernos para dividir para reinar. Nosotros, los amigos de la infancia, los amigos del potrero, las amigas del liceo, tu padre, tu madre, los que te dieron un buen consejo, los que te consolaron cuando perdiste un ser querido y estaban al lado tuyo, que piensen lo que quieran, que sean peronistas, radicales, macristas, que defiendan lo privado o lo estatal, importa un carajo. No pierdas nunca el afecto de esa gente, porque esa gente te dio el afecto antes de que vos tuvieras la más mínima noción de lo que era la política. La política tiene que servir para arreglarnos todos y no para separarnos, y eso es ser artista, crear afecto para que se acuerden de vos y para que te recuerden por algo positivo.

La obra clásica suma monólogos de actualidad

"La obra está tal cual como hace 30 años, solamente cambia el monólogo de entrada y el del final, que se modifican en cada función. Eso es actualidad pura. Pero desde Isabel, la Católica, hasta la bicicleta, esa es la historia que cuenta, pero con interpolaciones vinculadas a la realidad", dijo Enrique PInti sobre el espectáculo en el que el comediante es la figura excluyente, pero no está nada solo. El gran elenco que lo acompaña lo integran los actores Martín Salazar y Martín Sipicki y los bailarines Micaela Barber Clas, Julia Montillengo, Mara Moyano, Silvina Tordente, Ariel Juin, Pablo Juin, Ignacio Pérez Cortés y Esteban Segovia. La música original es de Gregorio Vatenberg, con coreografía de Elizabeth de Chapeaurouge, dirección coral de Ana Carfi, diseños de escenografía de Oria Pupo, vestuario de Renata Schusseheim, sonido de Gastón Brisky e iluminación de Sandro Pujía. El autor, intérprete y director es Pinti, mientras que la producción ejecutiva corrió por cuenta de Cipe Fridman. "A los políticos les digo que vayan a lo de Tinelli así se distraen y dejan de hacer cagadas, pero lo digo en joda, para que la gente afloje", dijo Pinti.

Comentarios