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Domingo 02 de Junio de 2013

En Santa Fe, vamos por todo

En la política en general y en el kirchnerismo en particular no funcionan los pergaminos de lealtad para ganar lugares.

El "cristinismo" ha decidido jugar su carta preferida: redoblar la apuesta y hacer mucho más "cristinismo". Al que creyese que la inflación controlada con papel, lápiz y ciudadanos fanatizados por el espíritu de inspectoría, las denuncias de corrupción cada vez más potentes en la Justicia o los primeros signos de abandono de los otrora leales iba a amedrentarlo, se equivocaron. Y mucho. La presidente ha dado inicio a la campaña electoral tomando la iniciativa, otra vez, a través de discursos de atril virulentos en los que convocó a no ser considerada idiota y señalando con el dedo a los que bautizó traidores o tibios. Le guste a quien le guste, ese tono crispado de un primer mandatario con todo el poder genera aprehensión, preocupación y, a veces, miedo.

Junto con ello, comenzó a armar las listas para diputados y senadores que renuevan sus bancas en las elecciones de octubre y dio el primer puntapié en Santa Fe. Sergio Berni, el multifacético y omnipresente viceministro de seguridad, fue gráfico cuando le dijo a este cronista que "la presidente no propone: ordena". Cristina ordenó terminar con la disputa para saber si Rossi y Obeid encabezaban la lista y lo resolvió apelando a un recurso extraordinario como la coyuntura de cambios de gabinete. La verticalidad "al palo", que le dicen.

Así hay que entenderlo. La llegada del santafesino al Ministerio de Defensa es más propia del presidente del Partido Justicialista de la provincia (de paso, tan inexistente a la hora de las decisiones como el propio sitio web del PJ que casi con metáfora dice "en construcción") que de una primera mandataria con diversos frentes abiertos en su gestión. Cristina necesitaba oxigenar las expectativas de votos en uno de los 5 distritos más importantes del país y no podía ni quería herir a un leal y eficiente jefe de la bancada de diputados nacionales que no despegaba en los sondeos. La salida de Agustín Rossi es abrir varias puertas que no conducen sin margen de error al éxito pero, al menos, escapan del castigo seguro.

La primera puerta liberada es la del flamante ministro. "Es un premio, no te equivoques", explica en reserva un ahora compañero del hombre nacido en Vera. "Son contados con los dedos de la mano los que reciben un premio por parte de la jefa aún cuando hayan sido eficientes", concluye. En estos términos del kirchnerismo, en donde las salidas son el pase al bando enemigo como Alberto Fernández, Julio Cobos o tantos otros o el ostracismo de fin de carrera como el otorgado a la nada eficiente ex ministra Nilda Garré, enviada al Washington de la OEA desconsiderada, ser designado en el elenco de ministros parece un reconocimiento. Sin embargo, a la luz de los reales deseos del diputado saliente no hay más modo que verlo como un desplante crudo. En la política en general y en el kirchnerismo en particular, no funcionan los pergaminos de lealtad absoluta para ganar lugares deseados. Cuentan los votos. Y a Rossi no le alcanzó con ser el padre de todas y cada una de las victorias legislativas en las batallas dadas a matar o morir por el Ejecutivo para colgar su diploma de reelección de diputado.

Cristina miró las encuestas y no las lealtades en un marco muy incierto, sino adverso, para las votaciones de los principales distritos. Mendoza con un Julio Cobos fortalecido, Córdoba dividido en las preferencias entre José De la Sota y Luis Juez, Capital Federal hostil por antonomasia a los K y, la madre de todos los sufragios, provincia de Buenos Aires, en donde parece que se apuesta otra vez a Alicia Kirchner para enfrentar a Francisco de Narváez, a la "vedette" con indecisión exasperante Sergio Massa y al ya casi afuera del FPV Daniel Scioli. Pregunta colateral: ¿Cuántos zarandeos púbicos más puede tolerar el gobernador de Buenos Aires acusado sin ambages y en su cara de tibio, desleal y poco afecto a la palabra defensora? Nadie lo sabe. Allí hay otro hombre que no mira pensamientos profundos de base ni apela a su sangre herida para responder. Apenas consulta con las encuestas. Mal no le ha ido.

Santa Fe: El quinto distrito complicado es el de nuestra provincia. Por eso, se abre la puerta de Rossi como ministro. Las especulaciones son varias y, hasta ahora sólo eso, apenas versiones. Corre el rumor de una lista de diputados encabezada por dos mujeres que, de concretarse, tendría la doble firma de la presidente Cristina. La marca del género y la recuperación de María Eugenia Bielsa. De ella se trata el nombre, obvio, que circula para el puesto número uno. La otra, una ex diputada provincial oriunda de la ciudad de Santa Fe. No será fácil para la apenas renunciada legisladora provincial acometer esta tarea. ¿Está dispuesta Bielsa a responder en campaña cómo defenderá la gestión de Cristina y su gabinete integrado también por Agustín Rossi si hace pocos meses se fue de su cargo acusando a este hombre de sectario, ubicándolo en sus antípodas? ¿Se puede hacer una abstracción semejante y decir que se comparte el proyecto de la presidente pero no el de modo de hacer política de uno de sus secretarios de Estado? La mano de Bielsa, ¿se hubiese levantado para apoyar el blanqueo de capitales o la democratización populista del Consejo de la magistratura? Porque eso deberá hacer si acepta encabezar la lista y si llega a ser diputada. Defender a ultranza "los trapos K" como bien definió la nueva jefa de bloque Juliana Di Tullio. ¿María Eugenia responderá a la pregunta de aspirar a ser una sostenedora de eso? Allí sólo cabe un sí o un no ya que su prodigiosa capacidad de razonar situaciones intermedias o recurrir a convicciones personales innegociables, hoy, no tienen lugar. El rossismo local está desencantado. Esperaba ver a su jefe otra vez en la pelea electoral y en la Cámara de diputados. Tanto que algunos dicen en privado que hubieran estado dispuestos a soportar el trago amargo de poner una boleta con el nombre del oscilante Jorge Obeid bajo el logo del Frente para la Victoria que elegir el momento de difícil digestión de una papeleta con el apellido de esta arquitecta rosarina. El salvoconducto del electorado independiente que podría apoyar a Bielsa luce lejano. El que no es kirchnerista no lo es ni frente a un nombre que le pudo haber resultado cercano en una elección provincial. La polarización dogmática e intolerante potenciada al infinito por estos días también es obra de esta década.

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