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Domingo 29 de Septiembre de 2013

En estas canciones está la vida

"¿Escuchaste el último de Calamaro?". La pregunta sonó en la Redacción y se escuchó en la mesa de algún bar o en la entrada de una disquería.

"¿Escuchaste el último de Calamaro?". La pregunta sonó en la Redacción y se escuchó en la mesa de algún bar o en la entrada de una disquería. Cada vez que el niño Andrés saca un nuevo disco hay una lógica curiosidad, al menos entre quienes amamos esto que se suele identificar como rock argentino. Después de “La lengua popular”, de 2007, este es su mejor trabajo. Lo logró con pocas pinceladas de su impronta. El rojo sangre que tiñe el arte de tapa de “Bohemio” no es casual. Las llagas del amor atraviesan sus canciones, y lo bien que le hicieron. “Vayamos pintados con sangre de los dos”, canta en “Rehenes”. “Dicen que primero hay que saber sufrir, para después amar, para después partir” esboza en otro flash trágico. “El tiempo viene envuelto en plástico fino” se anima a cantarle a otro amor tormentoso, sus adicciones. El cable a tierra de Calamaro llega cuando confiesa: “Sólo sé que voy a vivir dentro de una canción” y que “dentro de la propia sombra de una canción está la vida”. Por eso, en rigor, no vale responder qué tal está el último de Calamaro. Simplemente hay que escucharlo, es la mejor manera de conocerlo y de conocernos. En las canciones está la vida.

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